Diario de León

Las diosas tienen finales amargos

Cristina Morató relata la vida de las divas del Hollywood dorado

DF5P7F2-13-34-42-8.jpg

DF5P7F2-13-34-42-8.jpg

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

efe

Todas ellas eran mujeres con glamur que hacían soñar al mundo, mujeres de carne y hueso en busca del amor y con una dura vida personal muy alejada de su imagen de ensueño. «Las cuatro fueron las estrellas más admiradas, seductoras y taquilleras de su época. Contaban con una legión de admiradores y protagonizaron sonados romances con hombres atractivos y poderosos», explica Morató, una gran aficionada al cine clásico de la época dorada de Hollywood, quien descubrió en ellas a mujeres «con una vida mucho más intensa y dramática que la de sus personajes».

Parecían tenerlo todo, pero más allá de ese mundo de lujo y esplendor que las rodeaba, la autora reconoce haber descubierto «a unas diosas con pies de barro», con una vida marcada por la soledad, por su infancia, sus familias, los divorcios, los malos tratos y las adicciones. Morató las describe como tímidas, vulnerables y muy inseguras que solo «deseaban ser amadas» y que además compartieron rodajes y también amantes.

Ava Gardner y Grace Kelly se conocieron en el rodaje de Mogambo, meses llenos de avatares que las convirtieron en grandes amigas. Ava Gardner estaba aún casada con Frank Sinatra cuando Elizabeth Taylor vivió una aventura con el cantante, del que era admiradora desde su infancia. Sin embargo, ambas también acabaron siendo muy buenas amigas. Precisamente, sus primeros años y adolescencia estuvieron marcados por padres y madres controladores que las explotaban como artistas en su beneficio. Especialmente, sangrante fue el caso de Rita Hayworth, hija del bailarín español Eduardo Cansino, quien abusaba de ella y la obligó a abandonar el colegio para formar pareja artística con él en «sórdidos locales de Tijuana».

Mujeres que anhelaban el amor, pero que, como decía Ava Gardner, «siempre nos enamoramos de los hombres equivocados». «El problema era que, en muchos casos, sus parejas se enamoraban de la ‘sex symbol’ de la gran pantalla, cautivados por la belleza y sensualidad que desprendían, pero en la vida real no eran esas «diosas del amor», apunta Cristina Morató. El príncipe Alí Kahn se enamoró de Rita Hayworth cuando la vio actuar en «Sangre y arena», donde daba vida a una mujer hermosa y apasionada llamada doña Sol. Se casaron en una fastuosa boda, «el problema fue que en la vida real Rita era una mujer sencilla, tímida y hogareña cuyo único sueño era formar una familia». «Los hombres se acuestan con Gilda y se levantan conmigo”, dijo en una ocasión la actriz. Siempre odió el personaje de Gilda que «marcaría para siempre su destino y su relación con los hombres».

Los grandes productores de le época actuaban como despotas insensibles que «abusaban y explotaban» a jóvenes actrices hasta el punto de decidir sobre sus vidas, «sus matrimonios, divorcios y abortos». «Harry Cohn se comportaba como el Harvey Weinstein de hoy. Se obsesionó de manera enfermiza con Rita hasta tal punto que puso micrófonos en su camerino. Todas pagaron un precio elevado por llegar a lo más alto», dice la periodista, quien desvela que la vida de Elizabeth Taylor «es quizá la que más me ha sorprendido». «Además de una magnífica actriz, fue una superviviente con un historial médico difícil de igualar y la única que al final supo coger las riendas de su vida». Antes de cumplir los cuarenta años ya la habían operado veintisiete veces y había estado a punto de morir en cuatro ocasiones.

Una actriz que se despidió del cine pero amasó mayor fortuna como empresaria de éxito. «A diferencia de otras estrellas caídas en desgracia o arruinadas, ella pudo disfrutar de una vejez confortable y bien atendida. Vivió desde niña en el gran escenario del mundo sin ocultar sus pasiones y flaquezas;por eso el público nunca la abandonó», sentencia Morató. Rivales en la pantalla, ninguna parecía sentir celos de las otras «o al menos no lo confesaron nunca», en cuanto pudieron abandonaron Los Ángeles «y ninguna se arrepintió».

tracking