jueves 26/5/22
                      rubén cacho
rubén cacho

cristina fanjul

Una bibliotecaria que recupere la vida de la pintora del Renacimiento Sofonisba Anguissola, la italiana que conoció a Miguel Ángel y formó parte de la corte de Felipe II es el hilo conductor de la nueva novela de José María Merino. El escritor leonés se enamoró de la figura de la artista renacentista después de visitar en el Museo del Prado la exposición Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, poco antes del comienzo del confinamiento del Covid. Durante su encierro comenzó a escribir La novela posible, en la que da voz a una de las grandes olvidadas del Siglo de Oro, autora del retrato de Felipe II que siempre se había adjudicado a Pantoja de la Cruz. La obra, un prodigio literario en el que se cruzan tres historias cuyo denominador común es precisamente la pintora italiana, completa la trilogía sobre la mujer que el escritor comenzó con Musa décima y muestra una vez más la maestría que ha convertido a Merino en un clásico de la narrativa en español.

—¿Cómo se pone en marcha ‘La novela posible’? ¿Cuál es el desencadenante de la historia?

—Tenía el propósito de escribir algo. Sofonisba era un personaje que me fascinaba y, escribiendo sobre ella completaba la triada sobre las mujeres en el Siglo de Oro. Hubo, además, una exposición en el Museo del Prado sobre su obra que visité poco antes del comienzo de la pandemia del Covid. Pensé que un personaje tan apetecible tendría numerosos pretendientes y deseché la idea de escribir sobre ella, pero luego llegó el confinamiento y comencé a tomar notas en el encierro. Apuntaba cada día cuántos fallecidos había cada día, el número de enfermos, etc y pensé que la novela podría conformarse de una manera original, contar lo que me pasaba y, al tiempo, meterme en la vida de Sofonisba.

—Era una apuesta muy complicada.

—Sí, fue un reto. Quería una novela en dos tiempos: uno en el siglo XVI y otro, en el presente, muy cercano, donde se mezclaran la primera, la segunda y la tercera persona. Los tres elementos, cada uno en siete capítulos, alternándose.

—La segunda persona en novela es complicada de ejecutar...

—A mí me gusta mucho porque tiene la gracia de que es una primera persona que parece una tercera y te permite una distancia que da la segunda. Me gustaba además porque encajaba muy bien con porque como eran tres, y era una triada.

—¿Quién es Sofonisba Anguisola?

—Es una delicia de personaje. Fue la primera mujer pintora de éxito del Renacimiento.​ Cultivó el retrato y el autorretrato, estableciendo nuevas reglas en el ámbito del retrato femenino.​ A los 27 años se estableció en España, en la corte del rey Felipe II. Se le adjudica un importante papel como eslabón entre el retrato italiano y el español en el siglo XVI. Llega a España para ayudar en materia pictórica a Isabel de Valois.

—A Sofonisba se la borró de la historia, un proceso que aún existe hoy en día...

— En la época de Sofonisba, las mujeres no podían ser pintoras ni vender los cuadros. Su padre los usaba para relacionarse con la Corte y ganar dinero como La buena noticia es que las mujeres han asumido ya su relación de igualdad con los hombres. La sociedad, creo, es consciente de que somos lo mismo, que eso que llamamos mujer sirve para materializar la reproducción y lo que consideramos hombre, la posibilidad de hacerlo, pero en lo demás somos lo mismo. Hay literatura buena y literatura mala, no literatura femenina y masculina.

—Y, sin embargo, parece que el mundo da pasos hacia atrás...

—Sí. Estamos en un momento en el que podemos evolucionar poco. ¿De qué globalización hablamos? Para empezar, creo que todos deberíamos hacernos un test de ADN para descubrir de dónde venimos. Las actitudes reaccionarias solo sirven para causar desastres y problemas. Ya sabemos dónde nos condujo en el siglo XX. Lo que ocurre es que la humanidad tiene un concepto de sí misma demasiado petulante. Primero por la metafísica, eso de que fuimos creados a imagen y semejante de Dios. Pero ¿qué me está contando? El hombre tiene un 90% del ADN igual al de los chimpancés. Nos separa muy poco, con lo cual...

—El nuevo siglo parece repetir esquemas del anterior.

—Es la avaricia. ¿Cómo es posible que permanezca en pleno siglo XXI? Cuando era joven fui comunista y con el tiempo pasé a la socialdemocracia. Cada vez tengo más claro que debemos ir a un sistema en el que los ricos sean menos ricos y los pobres, menos pobres. Pero la avaricia es un problema del homo sapiens. Somos un primate más listo que el resto y manejamos el pensamiento simbólico, eso es todo. Esta gata que tengo sobre mis piernas tienen una estructura semejante a la nuestra, no lo olvidemos.

—¿La globalización ha sido una estafa?

—Por ahora, sí porque no globaliza lo necesario, que es la alimentación, la educación y el derecho a la sanidad. Solo se piensa en las nuevas tecnologías. Pero globalizar debería ser hacer un mundo más humano y la pandemia ha demostrado que lo que ha hecho la globalización es radicalizar diferencias.

—Hay también una especie de globalización cultural que, en realidad, acaba con la cultura.

—Se están cargando el libro. Es el instrumento más interesante que ha creado la humanidad. No necesita enchufe ni cambia de aplicación. Es, simplemente, perfecto. Creo que estamos volviendo a una especie de neofeudalismo. Habrá grandes señores en sus palacios sobre la basura espacial y una sociedad de consumo y sumida en la pobreza y la ignorancia. Leer es fundamental. Piense que con 26 letras hemos creado un mundo cultural impresionante y, sin embargo, la gente cada vez se expresa peor. Los tuits destruyen la riqueza comunicativa. ¡Estamos locos! La riqueza intelectual se puede perder. Somos un producto evolutivo y podemos involucionar si vamos perdiendo riqueza cultural, arquetipos y simbología.

—Es más fácil ver una serie de Netflix que leer poesía.

—Si, pero la televisión también se ha vulgarizado. Antes, ponían teatro, cine, recuperan clásicos. Eso se perdió. Perder el libro es una salvajada. Hace dos años di una charla en una biblioteca de Granada y la bibliotecaria me dijo que estaban midiendo estanterías para sustituir los libros por artefactos digitales. Es una calamidad.

—Las personas son cada vez menos capaces de crear pensamientos complejos.

—Desde luego. Mi mujer ha notado que los alumnos son menos perspicaces. Se pierde inteligencia natural. Yo también lo noto en los institutos. Ha bajado el nivel de los alumnos. Su capacidad no tiene nada que ver con la que existía en los 80 y 90. Eso se frustró. Y encima, eliminan las humanidades del currículo. ¿Pero qué estamos haciendo? Lo único cierto es que están fomentando un neofeudalismo peligroso. Habrá un gran mundo al servicio de las nuevas tecnologías y una pequeña elite que vivirá por encima de ellas.

—¿Cómo vivió Sofonisba en la corte de Felipe II?

—El rey Felipe II cae muy gordo, pero yo le tengo un gran afecto. Hay que entender que por entonces la política estaba unida a la religión y, aparte de que él fuera un meapilas, fue un tipo muy interesante. Los españoles no somos capaces de comprender la importancia que tuvimos en las conquistas. Conquistábamos, nos casábamos y dejábamos descendencia. Los españoles nos hemos mezclado, al revés que los anglosajones. España es el imperio que más se pareció al Romano. Íbamos para quedarnos. Por eso dejamos universidades, catedrales, escuelas y conventos. Isabel la católica permite el primer matrimonio mestizo. Yo me enteré de la pintura de castas porque fui al museo de América. Nunca me lo habían contado. ¿Usted sabe que gobernando Cortés tuvo un hijo con la Malinche, Martín, que fue caballero de Santiago?. Es sorprendente que no se enseñen las castas y nuestra comunicación racial con otros pueblos. Los que ayudan a Cortés son los culturas precolombinas que les ayudaron contra los aztecas. El indio Gerónimo estaba educado en español. Era propiedad de los indios.

—¿Cuál es la perspectiva de León en la actual tesitura?

—Castilla absorbió a León de manera salvaje. La autonomía ha consistido en destruir a León y hay una responsabilidad leonesa en ello. Y hay mucho pesebrismo. Yo no lo entiendo porque no soy anticastellano. León es la madre y el padre de lo que fue España. El independentismo vasco viene de los fueros leoneses. Lo que vamos a celebrar el día 30, la lectura de los Decreta, es el primer documento democrático que hay en el mundo.

—Y, pese a todo ello, las cosas no cambian.

—León posiblemente no salga del coma. La toma de conciencia debe estar en la ciudadanía y en la educación, que está también controlada. No se trata de ser anticastellano, pero yo lo que quiero es que León tenga la posibilidad de su toma de decisiones. Hay que preguntarse la razón por la cual el Viejo Reino es una especie de finca de Valladolid, que, por otro lado, ha demostrado una avaricia terrible.

—¿Publicará de forma breve un nuevo libro?

—He escrito otro que está dedicado a mi nieta. Es una novela corta sobre el Ratón Pérez que publica Siruela y que narra un mundo paralelo que hay en cada casa en la que vive el personaje.

—Los cuentos son tan importantes...

—Por supuesto. La novela que a mí me metió en la literatura fue Heidy, que es la historia del paraíso perdido. Aún lo conservo en mi casa, con las ilustraciones originales en las que después se basaron los japoneses para hacer la serie de dibujos animados conocida por todos.

«Estamos volviendo a una especie de neofeudalismo»
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