martes 26/10/21

Laberinto de sonidos interiores

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alfonso garcía

Sin la música la vida sería un error, recuerda Avelino Fierro en el texto de contra, recordando, a su vez, a Nietzche. Y, sin duda, uno cree también que es así. La música inmersa en la vida, de uno u otro modo, como una manifestación de la creación en alto grado. A veces los músicos, no como propuesta técnica, nos ofrecen la creación de atmósferas llegadas desde la música como un laberinto de sonidos interiores. El arte relacionado con los sentidos a través de la palabra. Del relato, en concreto, como es el caso ahora de la pianista Belén Ordóñez.

De forma versátil, aunque unitemático, como puede deducirse, la música-escritora propone al lector el acceso a la creación resuelto con frecuencia mediante un lenguaje metafórico o situaciones simbólicas, al menos en apariencia, a través de sensaciones, momentos y experiencias que llegan desde la «maraña de emociones en que estoy inmersa».

Detrás de cada texto hay una profunda sensibilidad de la autora, con una serie de relatos independientes que, sin embargo, conforman una pieza única, como una sinfonía llena de matices, de movimientos y contrastes. Lo apreciará con nitidez el lector, transportado a vibraciones diversas según estados de ánimo: es distinta la música, distinto el relato. Es el rechazo de descubrimiento de nuevas miradas, la alegría «por solucionar los problemas del alma», que no otra cosa es en esta ocasión la búsqueda de lo imprescindible, de lo esencial, en la que el lector tiene la posibilidad de participar por sus cierres abiertos, por sorprendentes, que propone Belén.

La escritura es el arte de la palabra, aunque no solo. Cuando, además, está sometida y modulada por la melodía como fondo —Para músicos y otras especies subtitula el libro—, se convierte en un acontecimiento gozoso para quien ejerce como lector.

Laberinto de sonidos interiores
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