sábado 21/5/22

Literatura honesta e «incómoda»

La escritora checa Zuzana Kultánová es consciente de que su libro «Augustin Zimmermann» es «incómodo» porque relata una historia real sobre la maldad a la que se ve abocado un hombre cuando las promesas de una nueva vida mejor en plena Revolución Industrial no se cumplen
                      petre hornik
petre hornik

Parte de la crítica checa ya ha calificado de «repugnante» a Augustin Zimmermann, el protagonista que da nombre a esta obra que Kultánová ha escrito con total «honestidad», según ha contado a Efe durante una entrevista en Madrid, donde la editorial La Navaja Suiza acaba de publicar la obra. Lo ha hecho así porque cuando aborda «experiencias desagradables» su objetivo no es «huir», sino abordarlas con la mayor sinceridad. Y así es como ha llevado a cabo esta trama que se desarrolla en el barrio praguense de Josefov, el escenario de esta terrible historia de mediados del siglo XIX en la que la autora describe sin infantilismos las vicisitudes de Zimmermman y su familia, un ejemplo de esas personas que se marcharon de los pueblos a las ciudades con idea de mejorar su vida.

«Parece un mundo antiguo, pero sucedió apenas hace dos generaciones. Mis abuelos vivieron la Revolución Industrial», ha afirmado esta profesora de secundaria en un instituto de Praga (República Checa). Unos años duros ya de por sí, a los que Kultánová suma una violencia poliédrica llevada al extremo, porque en Zimmermman hay una suerte de Joker del siglo XIX, un ser egoísta y alcohólico que somete a su mujer y a sus hijos a situaciones ante las que el lector se retorcerá. Un monstruo llevado al «extremo» también por las circunstancias, ante lo que la autora ha reconocido que se trata de una «metáfora». «La figura de Augustín está inspirada parcialmente en mi padre y sabía de lo que estaba hablando, pero también es un tema social que me ha acompañado en mi infancia porque yo no procedo de una familia media intelectual, sino de una familia desfavorecida», ha contado. Por eso la novela es realista hasta la extenuación porque la autora sabe de lo que habla, porque conoce la violencia y conoce a sus víctimas, como es Frantiska, la esposa de Augustin, y sus hijos. «Yo no quería convertir a Frantiska en un personaje plano, no quería que fuera víctima, es cómo la encarnación de la pasividad, alguien que no se esfuerza por salir de esa situación, y por eso tiene esos rasgos de dependencia. Es un personaje complicado, pragmático, porque solo piensa en sobrevivir», ha descrito. Amante de autores como Silvya Plath, Alice Monroe, Astrid Lindgren, Thomas Bernhard y Dostoievski, Kultánová ha lamentado que la maldad que dibuja en esta novela no es muy diferente a la que se vive en la actualidad.

«Ahora soy profesora y muchos de mis chicos están abocados a estos destinos. La semana pasada una de mis alumnos me contó que había sido agredida sexualmente, pero no le ha pasado nada al agresor. La violencia sigue siendo un tema actual», ha criticado esta joven (1986). En la actualidad se encuentra inmersa en su segunda novela, una obra en la que asegura que «hay felicidad», aunque ha asegurado que no perderá su estilo, unas letras crudas, realistas y necesarias.

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