miércoles 22.01.2020

Lugar en el que no entra el odio

Lugar en el que no entra el odio

josé enrique martínez


El jardín es un espacio acotado, un recinto en el que se hermanan el paseo, la meditación, cierto recogimiento, la complacencia, el gusto por lo racional y por el arte, el gozo de la belleza natural organizada... Desde la antigüedad, el hombre delimitó espacios en los que dejar transcurrir las horas con tanta calma como si el tiempo no existiera, lugares en los que pensar con sosiego y en los que sentirse protegidos frente a las insidias mundanas de fuera del recinto. Pero, además, el jardín suele cobrar en poesía diferentes significados simbólicos, como entre nosotros han revelado poéticamente Antonio Colinas y José Luis Puerto.


El jardín es, en todo caso, un espacio benéfico y protector: «Como lugar en el que no entra el odio / se proyectó el jardín», como apunta Juan Antonio González Iglesias en su excelente poemario titulado Jardín Gulbenkian, inspirado en el de Lisboa, según aclara el poeta en un prólogo en el que indica que, a partir de dicho jardín, básicamente, recorre algunas líneas clásicas: «La cultura que ennoblece la naturaleza, el arte como regalo del espíritu, la amistad y la apología de lo sencillo». Y añade el poeta: «Protegido por estas formas del amor, el jardín se presenta como símbolo que promueve con su sola existencia la esperanza en un mundo mejor». No se le escapa al poeta el paralelismo entre el jardín y la poesía, por cuanto ambos recortan un fragmento de «mundo bien hecho» equivalente al mundo todo. El poema lo hace a través del lenguaje.


En la poesía de González Iglesias se respira un clasicismo moderno en el que prima el gozo de vivir, el cultivo de la tradición clásica, el ritmo sereno y acompasado con el decir, la admiración por lo bello de las cosas, de los cuerpos y de los objetos artísticos, el placer de lo sencillo («También en lo sublime / está lo más sencillo de la vida»), las referencias afectivas, sean amistosas o provengan del ámbito del arte y la poesía (Horacio, Virgilio...).


En fin, proporción, racionalidad, serenidad de ánimo, además de un sentido moral que expresan versos como estos: «Evitemos / todo lo pernicioso. Conozcamos. / Haya luz en los cuerpos, fuego, alguien / que tenga en cuenta nuestros corazones». Con otra cita al respecto termino esta reseña: «El poeta comparte con la vida / la lentitud y la tenacidad / puesta en aquello que otros desestiman, / el desentendimiento, la esperanza / en el grano perdido tierra adentro».

Lugar en el que no entra el odio
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