miércoles. 30.11.2022
                      fernando otero
fernando otero

ana gaitero

LEÓN

n La médica de familia María Ángeles Pérez García fue galardonada con la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Valderrey y el consultorio de Castrillo de las Piedras lleva su nombre. El municipio agradeció con estos gestos la labor de «nuestra doctora» tanto «profesional como personal durante la pandemia y el periodo que ejerció su profesión en este municipio». Fueron 11 años en los que esta doctora vocacional, de amplia formación y cercanía con los pacientes ha dejado una huella tan honda que el consultorio donde se celebró el acto el pasado 12 de octubre quedó pequeño para dar cabida a los numerosos vecinos, pacientes y familiares que quisieron compartir el acto. Prueba del valor que la población rural otorga a la atención médica, más cuando es de calidad, es que acudieron al homenaje desde todos los pueblos del municipio: Barrientos de la Vega, Carral de la Vega, Castrillo de las Piedras, Valderrey, Cuevas Matanza, Bustos, Tejados y Curillas. El alcalde de Valderrey, Gaspar Miguel Cuervo, promovió el homenaje tras recoger las numerosas muestras de agradecimiento y ante la imposibilidad de hacer una despedida cuando la médica se trasladó a otro destino en septiembre de 2020. La farmacéutica Amor María López González acreditó los méritos de la homenajeada con una semblanza con su trayectoria desde que, en 1987, aquella joven que llegó de Valencia de Don Juan a la vetusta Oviedo, obtuvo su licenciatura en Medicina.

—¿Cómo fueron estos once años en Valderrey?

—Recuerdo que cuando llegué el consultorio era muy pequeño. A los pocos meses abrieron el consultorio municipal de Valderrey en Castrillo de las Piedras. El día de la inauguración fue una fiesta. Fue el señor cura, hizo la bendición y las señoras del coro de la iglesia de Castrillo de las Piedras cantaron y hubo pastas y vino blanco espumoso para todos. Estuvo el alcalde y un diputado provincial que era de San Justo. Vi mucha implicación y me dije: este ayuntamiento promete. Cuando me he ido estaban las obras de los otros consultorios. Todos nuevos y con un equipamiento de primera. He estado encantada estos once años. Me han demostrado desde el primer día hasta el último, cariño y confianza. A mí me parece que una relación profesional se tiene que basar en la confianza y más en un médico y un paciente.

—¿Cómo ha notado esa confianza de los pacientes?

—Siempre se han fiado de todo lo que les he dicho, han confiado y han puesto su salud y su vida en mis manos. Y además han sido buenísimos. He tenido un ayuntamiento colaborador, unos compañeros estupendos, igual que la farmacéutica, mi enfermera Beni y con la que me llevó genial y lo mismo con los compañeros de Astorga. Las guardias están centralizadas en están centralizadas en el punto de atención continuada y la relación con con los dos equipos ha sido buenísima. Fue una sorpresa ver que se acercó al acto hasta uno de los que lleva la ambulancia. Muy emocionante que se me acercara un paciente que tuvo una complicación muy importante y le tuve que mandar hasta cuatro veces al hospital. Ahora tiene 74 años y me dijo: «Yo también di testimonio para el homenaje porque estoy aquí gracias a usted».

—Y usted, ¿qué les ha dado para que estén tan agradecidos?

—Yo, con mis pacientes, no comparto sólo horas de jornada laboral. Yo creo que un médico de cabecera de toda la vida tiene que compartir más. Yo siempre les digo que comparto con ellos momentos y sentimientos. o comparto con ellos mucho más. Y es verdad que mis pacientes pasan a ser parte de mi vida. Además, tengo muy buena memoria y me acuerdo incluso de pacientes de cuando era sustituta. Cuando me marché, como no me podía despedir escibí una carta y la puse en Facebook y me contestó mucha gente. Fue muy bonito. Algunos a través de sus hijos o nietos, porque ellos no saben y la mayoría de los pacientes son mayores. Es una población muy envejecida.

—¿Cómo vivieron la llegada de la pandemia?

—Al principio empezamos a ver casos leves, que no sabíamos. Luego ya vino el cierre y cuando había tanta escasez de mascarillas y material de protección el alcalde nos pregunta qué necesitáis. Sabíamos poco, pero yo le dije: Mira, yo me imagino un mandilón de carnicero hasta los pies y si tiene mangas, mejor. Y cogió y nos trajo un traje como los de inseminar vacas y una especie de fumigador para desinfectar.

—Han sido años duros para la sanidad rural. ¿Le ha desanimado?

—No, yo me he trasladado porque surgió la oportunidad y hay que tomar decisiones. Tengo a mi familia en León y mis padres son mayores. Primero fui a Armunia y ahora estoy en José Aguado, que es como volver a casa porque fue donde empecé. En estos años hemos ido viendo el declive de la sanidad rural en Valderrey hemos vivido como en un oasis relativo. Pero ya ha habido dos intentos de reestructuración de la sanidad rural. Hemos tenido manifiestaciones.

—¿A qué se refiere con el oasis de Valderrey?

—Valderrey es un ayuntamiento con nueve pueblos y con una población de unos 400 habitantes. Lógicamente, no se puede pasar todos los días en todos los pueblos, pero el municipio ha puesto un transporte sanitario de forma que los nueve pueblos pasan consulta en los tres consultorios. Parece que ha dado un poco con la clave. Podría ser un modelo así, que es un poco lo que planteó José Pedro Fernández. Además los consultorios están muy bien dotados, con electrocardiógrafo, desfibrilador externo automático, oxígeno, maletines de emergencias de vía aérea y vía venosa, medicación de urgencias. Además el Ayuntamiento tiene un servicio de podología y fisioterapia una vez a la semana. Los pacientes pagan la mitad.

—¿La pandemia interrumpió otras mejoras?

—Antes de la pandemia, ya estábamos gestionando las interconsultas con atención especializada. Había hablado ya como con un con unos del servicio de cardiología, urología y otros servicios. La idea es tener un profesional de referencia para un contacto directo para poder enviarle de forma telemática mis consultas o incluso con apoyo de foto. La idea era acercar el hospital a esos consultorios rurales a través del médico de cabecera. Pero se quedó en la nada porque. porque apareció la pandemia. A ver lo que pasa ahora. Yo creo que sí, que hay que reestructurar, porque eso es que es médico. —¿Es necesaria una reestructuración?

—Yo creo que sí, que la sanidad rural y la atención primaria necesita una reestructuración porque somos muy pocos, cada vez menos médicos. Pero creo que el médico tiene que estar ahí. No sé de qué forma. Tenemos una media de edad muy alta, de unos 56 años, con lo cual en 10 años habrá muchas jubilaciones. Ahora soy tutora de residentes —por Astorga solo pasan para hacer rotaciones— porque en José aguado, hay docencia y en ese equipo solamente hay dos residentes. No hay relevo. No es un problema de la Gerencia, es que no hay médicos y los que acaban se marcha por las condiciones de trabajo y el salario. Después de seis años de carrera la única forma de fidelizarlos es ofrecer buenos contratos —no de dos o seis meses como ahora—. Darles estabilidad y pagarles. Si no, seguirán marchando a Inglaterra, Francia, Irlanda, Alemania...

—¿Tendría que valorarse más la labor de la Atención Primaria?

—Desde mi punto de vista hay que hacer un fortalecimiento de la Atención Primaria. Somos el pilar sobre el que se sustenta todo el sistema sanitario, como se rompa este pilar, caemos. Y no lo digo yo lo dicen en las cifras: resolvemos el 80% de todas las consultas que se dan en el sistema. Porque la gente a lo mejor no se da cuenta, pero es que los médicos de familia estamos en los centros de salud urbanos, en los rurales, en los puntos de atención continuada. Estamos en el hospital... Quien atiende en primera línea en las urgencias son médicos de familia. Estamos en emergencias del 112, en las UVI móviles, en os helicópteros, en los equipos de soporte de paliativos. Como esta especialidad no se potencie, también estamos acabados. Los especialistas hospitalarios deberían hacer una rotación por la Atención Primaria.

—¿La especialización ha relegado al profesional de atención primaria, a pesar de todo el trabajo que realiza en la sanidad?

—Es que el médico de familia también hace una especialidad. Lo que pasa es que no se valora. La superespecialización perder un poco el sentido de la atención integral no que proporciona el médico de familia. Estamos en todos esos sitios que te dije, pero es que hacemos prevención, hacemos promoción; hacemos tratamiento, rehabilitación y paliativos. Es decir, empezamos desde el principio aunque no haya enfermedad, para evitarla, y terminamos en la cabecera de la cama del paciente cuando ya no hay esperanza ninguna para que al menos muera dignamente. Después de una intervención cardíaca un cirujano cardiaco puede decir que ha salvado una vida, pero yo siempre digo que si controlamos a los crónicos, diabéticos e hipertensos, hacemos que su calidad de vida sea mejor y que su esperanza de vida se alargue bastante.

—¿En el medio urbano cambia mucho la posibilidad de dar un trato tan personalizado?

—Tratas de darlo, pero el contacto no es tan estrecho. Tenemos muchos pacientes y la mayoría son agudos y más jóvenes. A veces les ves una vez y luego pasa mucho tiempo hasta que vuelven. Y el tipo de patologías es diferente. En José Aguado estoy desde marzo y te puedo decir que llego diagnosticados del orden de cinco cánceres en gente joven. Porque se aplican los programas de prevención. Y eso lo hacemos también en Primaria. Lo vital es que no se te escape absolutamente nada gordo de verdad. Somos la puerta de entrada al sistema sanitario. Yo creo que estamos haciendo una tarea importantísima que yo no sé si la población la ve, estos míos la vieron y eso es lo que me agrada.

—¿Qué características específicas tiene la atención primaria en el medio rural y urbano?

—En el medio rural son menos pacientes y mayores. Hay mucho domicilio porque tenemos a muchos pacientes inmovilizados o con unas grandes dificultades para moverse. Haces mucho de geriatría, ajustes de tratamientos. Cuando empieza un deterioro cognitivo, pues lo mandas al neurólogo para ver si lo podemos parar. El trato es muy cercano, yo tenía muchos pacientes que los hijos a lo mejor vivían en Madrid. A veces también te toca comunicarle a que alguien con 40 años un diagnostico de cáncer de mama. En una emergencia por la noche, en la carretera, te encuentras con un accidente y una persona que ves que se muere y tienes que sacarla de ahí, como sea y estabilizarla. Allí me podía permitir citar a pacientes que no podían acudir a la consulta en un día de guardia. No me importan los horarios y hago lo que puedo, salvo si me piden cosas imposibles, pero nunca nadie me pidió cosas imposibles.

—¿Qué ha significado para usted que le den el mayor reconocimiento que puede dar un municipio?

—Estoy muy contenta y agradecida. Sobre todo por volver a tener contacto con ellos.En el acto también pedí permiso al alcalde y a la Corporación municipal, porque quise compartir esta Medalla de Oro con mis compañeros médicos, de Atención Primaria y en especial los de medio rural, porque me parece que es un trabajo poco valorado y la verdad es que es muy gratificante. Y como dije al alcalde antes de marchar estoy para todo lo que necesiten de mí. No quiero perder el contacto con el ayuntamiento ni con los temas sanitarios en el ayuntamiento. —Vamos, que no quiere que su nombre en el consultorio quede de adorno.

—No, no va a quedar allí de adorno. Yo quiero participar, ya se lo dije. No quiero estar allí sin más. Son pueblos muy participativos y el ayuntamiento también lo propicia, como prueba la labor que han hecho las mujeres de recogida de la memoria y tradiciones de los pueblos que integran el municipio.

«Con mis pacientes comparto más que horas de jornada laboral»
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