sábado 23/10/21

Para no morir de tristeza en este invierno

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josé enrique martínez

El canto del hielo, de Asunción Escribano, es título alusivo a la misión del poeta: «Cantar bajo el hielo para que la injusticia y la tristeza no puedan con todo, haciendo, así, de la poesía, el rostro más esperanzado de la resistencia». Uno de los poemas explica en nota al pie que el precioso y mínimo herrerillo común exhibe sus notas vocales en gélidas temperaturas; la poeta lo asume como referencia al canto entre las contrariedades peores «para no morir de tristeza en este invierno». Se insinúa así una poética que matizan las citas que presiden el poemario, que aluden a la atención a «las cosas más pequeñas de la tierra» como asilo del corazón herido, a la alegría como actitud vital, a la luz que disipa las nieblas que nos acosan y a los «gestos desatendidos» que, alejados del fragor publicitario, salvan el mundo. El programa se completa con El poema: frente al afán erudito, centrado en los engranajes del poema, la poeta prefiere llamarle «criatura, / que comprende vida y aliento» o «fulgor de la ebriedad», trazando una línea de poetas afines que solo se sugieren, pero que el lector asiduo podrá desvelar; así, bajo el verso «las espinas que no son tan pequeñas» se transparenta la voz de Raquel Lanseros; la de García Montero en «el taxi y el amor conjuntamente», la de Cernuda en «la libertad de estar presa en tu nombre», la de Juarroz en «el fruto que es resumen ya del árbol»...; son poetas que nos ganan no por el artilugio, sino por el calor humano bajo el que «resguardo yo mi vida / del tiempo, del mundo y su tristeza». En sentido semejante podemos leer El poeta, el cual, como el fotógrafo neoyorkino que retrataba artísticamente las palomas de su ciudad, el poeta extrae «de lo acostumbrado la maravilla».

Peculiaridad del poemario es el diálogo con prosas periodísticas; la nota al pie esclarece la noticia o información de la que brota el poema, transmutando en arte atemporal lo ocasional y perecedero. Así, Pantala flavescens es la libélula que, pese a su levedad, realiza vuelos transoceánicos y, como referente del yo de la poeta, «sostiene en su fragilidad / su fortaleza». Más cabría decir de un poemario en el que reaparece la palabra delicada y transparente de Escribano, su sensibilidad ante la sencilla belleza de las cosas, por leves que sean. La parte final del poemario se vuelca, sin embargo, sobre los seres acorralados por un destino adverso y con los que la poeta se conduele en «versos heridos».

Para no morir de tristeza en este invierno
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