lunes 11.11.2019

La réplica de la tensión comercial

La réplica de la tensión comercial

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La guerra comercial entre China y Estados Unidos podría quedar atrás después de que el Gobierno chino haya asegurado que ha llegado a un acuerdo con su rival para retirar por fases los aranceles impuestos en los últimos meses, periodo en el que la agricultura se ha convertido en moneda de cambio en intermitentes negociaciones.


Cuando en mayo pasado Estados Unidos elevó los impuestos a la importación de miles de productos chinos y Pekín tomó represalias contra productos estadounidenses, incluidos el trigo, el maíz y la soja, los precios futuros de esta última materia prima cayeron a su nivel más bajo en once años.


Todo porque China es el mayor importador mundial y EEUU, un importante productor que tuvo que salir en ayuda de sus agricultores con un paquete de 16.000 millones de dólares (unos 14.400 millones de euros).


La cotización de la soja subió tras la reanudación de las compras chinas en octubre y el anuncio de un posible acuerdo, según la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que advirtió hoy en un informe que las tensiones entre países añaden incertidumbre y seguirán afectando los mercados de cultivos oleaginosos.


«Un ejemplo de cómo funcionan esos factores en la inestabilidad de los precios» se ha visto con la soja, «un producto muy versátil que se utiliza para la producción de piensos para animales y aceites», apunta a Efe el economista de esa agencia Pedro Arias.Entretanto, China se ha lanzado a importar más de otros países como Argentina, Brasil, Rusia y Tailandia.



El tablero de la OMC


Las presiones comerciales y las perspectivas de ralentización económica también están haciendo mella en el comercio de pescado, cuyo valor podría disminuir este año un 1,4 % anual, según la FAO.


Sin entrar en detalle por sectores, la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha reducido al 1,2 % el crecimiento previsto de los intercambios comerciales globales en 2019 ante la tensión entre China y EEUU, y las dudas que plantea la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE).


Las diferencias en política comercial están a la orden del día y, en uno de sus últimos fallos, la OMC dio la razón a Estados Unidos en contra de los subsidios otorgados al gigante aeronáutico europeo Airbus, autorizándole a aplicar sanciones por 7.500 millones de dólares anuales (unos 6.800 millones de euros).


La respuesta estadounidense ha sido la de imponer aranceles a productos como el aceite de oliva español, el queso italiano o el vino francés, a lo que la UE podría replicar con acciones.


La OMC generalmente desalienta los aranceles y subsidios que obstaculizan o distorsionan el comercio internacional, al margen de las normas que se impongan para proteger la salud y el medioambiente.


El experto del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias Will Martin opina que, ante problemas colectivos como la volatilidad de los precios, las reacciones unilaterales de muchos países hacen daño y que, a largo plazo, las reglas de la Organización Mundial del Comercio deberían ser «una opción más eficiente».


Asegura, no obstante, que «los mercados globales pueden estabilizar la mayoría de los choques» diversificando su producción y usando sus reservas.


Frente a las tendencias proteccionistas, numerosos países están avanzando en tratados de libre comercio como el recientemente alcanzado entre Japón y EEUU, o los de la UE con Vietnam y el Mercosur.


Quince países asiáticos, entre ellos China, han concluido las negociaciones de un tratado de libre comercio del que ha quedado por el momento excluida la India.

La réplica de la tensión comercial