viernes 28.02.2020

SALVADOR ILLA

El gran negociador que no pierde los nervios

La Sanidad, ese servicio que todos los ciudadanos necesitan desde que nacen, atraviesa horas bajas, y Salvador Illa deberá demostrar si con sus dosis de Filosofía puede taponar la falta de recursos humanos, materiales y de organización que ahora se echan en falta para una atención pública de calidad, universal y gratuita.

El nuevo ministro nunca ha estado directamente vinculado con el ámbito sanitario, pero quienes han trabajado a su lado señalan que es muy madrugador, que cada día llega con una lista de tareas en el bolsillo y que no para hasta que las ha acabado. Quizás, ese carácter infatigable le ayude a sofocar la crisis sanitaria sin precedentes a la que se enfrenta el país por la falta de médicos. En León, la jubilación de 860 facultativos en menos de una década pone el dedo en la llaga del problema de reposición, sobre todo, en medicina de familia, geriatría y cirugía general. A ello se suma la fuga de médicos a otras comunidades, a hospitales privados e incluso al extranjero en busca de mejores condiciones laborales. Los sindicatos entienden que las «políticas esclavistas, que permiten contratos por días y se suspenden los fines de semana para no pagar los sábados y domingos», han favorecido esa huída Además, la mitad de la plantilla es interina.

A Illa se le atribuye un buen talante y ser eficaz, dos características que tal vez le permitan retener al personal que tanto cuesta formar, mejorar la planificación de las necesidades sanitarias y aportar más financiación para contribuir a reducir las listas de espera, que incluyen a 8.500 personas en León. En su agenda, aprobar la ley de eutanasia incluida en el acuerdo del Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos. Sería la primera vez que en España se regulase esta práctica después de los intentos fallidos en las dos últimas legislaturas. También tendrá que culminar el acceso universal a la sanidad mediante la aprobación de una ley, aunque la atención a los sin papeles quedó garantizada desde que las Cortes dieran luz verde en septiembre de 2018 a un real decreto. Además, el nuevo responsable de Sanidad será también el encargado de eliminar los copagos farmacéuticos, recogidos en la reforma sanitaria del PP de 2012, a los colectivos más vulnerables, una medida que no se pudo poner en marcha al estar vinculada a los Presupuestos Generales del Estado, que no salieron adelante.

La paralización política ha impedido el desarrollo de la Estrategia de Salud Mental, que incluye un plan de prevención del suicidio, o la reforma de la atención primaria, un proyecto aprobado el pasado mes de abril para dar respuesta a los retos de este nivel asistencial, principalmente a la escasez de médicos. Precisamente el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció en su discurso de investidura un programa de retorno de los profesionales sanitarios que se vieron obligados a emigrar, según ha dicho, por los recortes del Gobierno del PP y que en la actualidad están trabajando en otros países. En la provincia faltan 30 facultativos de familia, unos profesionales que atienden 3,2 millones de consultas al año.

Blindar el Sistema Nacional de Salud con una apuesta «clara y decidida» por la gestión pública es otro de los deberes de Illa como ministro, al igual que culminar la interoperabilidad de la historia clínica de los pacientes. Le reclaman que reduzca la desigualdad territorial, reforzando y unificando la cartera básica de servicios para que no haya pacientes de primera y de segunda en función de la comunidad en la que residan. También que rebaje el IVA sanitario, para evitar que productos y servicios de primera necesidad estén gravados al 21%, como si fueran productos de lujo. Las terapias avanzadas frente al cáncer incorporadas a la el pasado año marcarán también su agenda, ya que este 2020 se ampliarán los hospitales autorizados para administrarlas.

SALVADOR ILLA
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