sábado 21/5/22
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sergio andreu

El mundillo literario (Salamandra Graphic) es una compilación de las páginas y viñetas que Simmonds (Berkshire, Reino Unido, 1945), verdadera especialista en satirizar a sanedrines y ciertos círculos de poder de la cultura y del arte («Cassandra Darke» o «Tamara Drewe», esta última adaptada al cine) realizó para The Guardian entre 2003 y 2005. Una crítica acertadísima en clave de humor que funciona como catálogo de viñetas independientes sobre las manías, fobias, filias, miserias, aspiraciones, vergüenzas, lados oscuros y espacios de sombras en general, de lo que rodea al sensible universo de la literatura, en lo creativo y en lo comercial.

Simmonds utiliza de forma brillante diferentes géneros del cómic para abordar todos estos asuntos, desde hilarantes historietas seriadas, «sketchs» que funcionan como «foto fija» de momentos en los que a nadie le gustaría encontrarse, fábulas protagonizadas por animales con vicios muy humanos o tiras mudas en las que, gracias a su genialidad como caricaturista a la hora de reflejar lo que pasa por la mente de cada personaje, las palabras son innecesarias. Microhistorias de autores que dicen estar cansados de la fama, pero que se crispan si el comensal de al lado no se acerca a pedirles un autógrafo, de los que van al campo a buscar inspiración y se topan con un tedio igualmente poco productivo, o de esos otros que disfrutan como niños mientras leen las críticas demoledoras a un compañero de generación: «una aproximación de tercera, absolutamente anodina», se regodea uno de ellos en voz alta, tirado en el sofá.

La dibujante inglesa, miembro de la Orden del Imperio Británico por su contribución al periodismo, sabe apuntar donde más duele, aunque los golpes se asesten desde la ternura humorística. Se mete en la exclusiva intimidad del cuarto de los escritores, cuando estos hacen cosas que jamás reconocerían, hacer ver a su familia que trabajan (mientras ven la tele) o practicar el «egosurfing» para conocer el precio al que se cotizan en internet algunas de sus primeras ediciones («Ehh, 520 dólares!!»), y toparse, de repente, que una examante vende allí el libro con la dedicatoria que le firmó de despedida: «¿Cómo has podido, zorra traidora?». «El mundillo literario» se enfrenta a las temidas firmas de ejemplares en centros comerciales, sin que ningún lector se acerque a la mesa -con la responsable de prensa mirando la hora en su móvil con impaciencia-, a las dificultades de compatibilizar escritura y maternidad o a los lamentos de los dueños de librerías pequeñas ante la expansión de las «grandes superficies culturales», que acaban plegándose a colocar en sus escaparates los títulos superventas. Pero quizás donde Simmonds resume con más habilidad los recovecos insondables de la mente de quienes se dedican al oficio de escribir es unos seriales de género creados para la ocasión.

Ahí están las aventuras de Rick Racker, un «agente especial», vestido como un detective de novela negra, al que igual contratan para que «mancille» la fama de algún escritor (manipule las galeradas y convierta obras en pestiños) como recibe el encargo de una autora para que encuentre un «libro desaparecido» que salió al mercado con tirada mínima porque la editorial lo vio «demasiado cerebral... poco comercial».

Y muy ocupados se encuentran también el doctor Derek y su enfermera Tozer,que desde su consultorio atienden a pacientes con casos de «bloqueo del escritor por un exceso de nudos narrativos», parturientas con dudas («está usted esperando un bodrio»), como afronta casos extremos de «egotitis aguda», vapuleos críticos («una decepción inesperada, un portento de ignorancia) y, sobre todo, de la terrible «pérdida la voz autoral».

La sátira que los escritores deben leer
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