sábado 21/5/22

SIMPLEMENTE MUGLER

Thierry Mugler dio a las mujeres la posibilidad de vestir como heroínas y desde los 80 transformó la moda a través del escaparate que le dieron iconos como Madonna, Lady Gaga o Kim Kardashian.
                      ANASTASIA BORISOVA
ANASTASIA BORISOVA

Nacido en Estrasburgo en 1948, Manfred Thierry Mugler fue antes que diseñador bailarín. Comenzó trabajando a los 14 años en la Ópera del Rhin, antes de viajar a París para tratar de hacerse un hueco en la danza. Pero lo que llamó la atención no fueron sus pasos sino sus prendas, por las que empezó a ser contratado como estilista independiente en París, Londres y Milán. Con tan solo 25 años decidió ir más allá y abrió su primera tienda, Café de París, un trampolín hacia lo que un año más tarde sería la sociedad Thierry Mugler, con la que empezó a vestir a las mujeres con una teatralidad futurista. Decía que era el baile lo que le había enseñado «la organización del vestido, la importancia de los hombros, el juego y el ritmo de las piernas».

Partiendo del traje de sastrería de la década de 1940 con el que había triunfado Christian Dior, exageró las formas femeninas marcando los hombros, estrechando la cintura, alargando los escotes y dibujando unas artificiosas y voluminosas caderas.

Un dramatismo que explica la estrecha relación que durante toda su carrera Mugler trabó con cantantes como Madonna, Lady Gaga, Beyoncé y más recientemente la celebridad e «influencer» Kim Kardashian. «Me ha imaginado como a una chica californiana que sale del océano, mojada, chorreando», decía Kardashian en la gala de los premios Met, en 2019, a la que llevó «el vestido mojado», cuya realización llevó ocho meses de trabajo. Ese vestido esculpido fue el primero que diseñó Mugler en veinte años, tras haber soltado las riendas de su firma en 2003 para dedicarse al resto de sus pasiones: la fotografía, el vestuario de teatros y musicales e incluso la dirección teatral.

La moda de Mugler encajó como un guante en los excesos de los 80, donde la mujer que proponía parecía transformarse en un robot o una sirena. Su enorme sentido del espectáculo pasó a un nivel superior en el décimo aniversario de la creación de su marca, en 1984, cuando reunió a 6.000 personas en la sala de conciertos Zénith de París para mostrar su última colección. Fue la primera presentación de moda pública en Europa a la que se podía acceder como a cualquier concierto, pagando una entrada que costaba 178 francos. En los años 90 llegó «Angel», un perfume en un frasco con forma de estrella que se convirtió en uno de los más vendidos de la historia y que llegó a disputarle el primer puesto al Nº 5 de Chanel. Tantas excentricidades no acabaron con su enorme sentido de la independencia: Mugler rechazó la propuesta del empresario Bernard Arnault de dirigir Dior, como había rechazado algunos años antes trabajar en el vestuario de una película de Francis Ford Coppola.

EL FINAL DE SU VIDA. En los últimos años de su vida Mugler vivió entre París y Nueva York, donde se dejó seducir por la enormidad de la ciudad y sus rascacielos. PASIONES. El yoga y el culturismo marcaron también su entrada en la vejez, y él mismo aparecía irreconocible estos últimos años entre sus músculos y sus repetidas entradas a los quirófanos de cirugía estética. PARA LA POSTERIDAD. Los críticos le definieron como un visionario cuya imaginación como costurero, perfumista y creador de imágenes dio poder a la gente en todo el mundo para ser más atrevidos y soñar más cada día»

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