martes. 05.07.2022

A Gabi le gusta tanto ir al ‘cole’, como llaman en casa al centro de día de Alfaem en San Cayetano, que el cerrojazo obligado por el estado de alarma le dejó desorientado. Las llamadas que recibía cada semana de los profesionales y el cuaderno de actividades que le enviaban a casa han sido su vínculo de unión con el cole durante más de seis semanas.

Luego empezaron a llegar los retos por WhatsApp —encajar una pelota en una papelera, buscar las diferencias en varias fotografías de profes en la misma escena...— y desde hace dos semanas, los paseos terapéuticos. Un cuidador viene a acompañarle a pasear por los alrededores de casa tres veces por semana. «Para él es un desahogo» y para la familia una hora o cuarenta minutos sin tener que estar pendiente.

«Hoy ha dormido la siesta después de mucho tiempo, aunque normalmente no la duerme porque está en el centro, pero sí en fines de semana», explica Esther, su esposa, después de varios días de la experiencia del paseo. El confinamiento por el Covid-19 «es de las mayores pruebas que hemos tenido que superar en estos diez años», afirma. Gabi, un expolicía municipal que sufrió un grave accidente en acto de servicio, sufre una importante afectación neurológica y sus estados emocionales y de conducta son muy cambiantes.

La ruptura de las rutinas ha sido un reto para toda la familia. «Si para mí ha sido un freno en seco, imagínate para él que no lo comprende». Desde que se levanta, Esther no para. Si antes del confinamiento el día empezaba con los preparativos del cole de Hugo y Jimena, los dos hijos, y también de Gabi, luego el trabajo y después toda la tarde en idas y venidas a los entrenamientos, ahora hay que atender a .varios frentes a la vez sin separación espacial y casi ni temporal.

«A las 8.50 le dejaba en el centro de día y le recogía a las seis de la tarde. Iba supercontento». No es sólo que lo diga Esther. Lo certifican en Alfaem y cualquiera que haya pasado por el centro de día sabe que Gabi se siente como en familia. «Alfaem para mí fue una salvación, después de llegar de Barcelona y de ver que Aspace no era su lugar, aquí encontramos el sitio ideal para él», comenta.

«Ahora 24 horas encerrado en casa ... si contara las veces que sube y baja las escaleras o se cambia los calcetines... Tenemos días buenos y malos, con más gritos y más tranquilos...», señala. Puzzles, bingo, los retos de Alfaem, los cuadernos... Hasta que se cansa. «Hazlo tú», reta a su mujer cuando no quiere seguir. «Son muchos días en casa encerrados y he notado que ha perdido cosas, como que reconoce peor las letras...». Todo esto y a mayores pendiente de las tareas escolares, la comida y toda la intendencia de la casa. Y en erte. Esther noha podido volver al trabajos. Nadie sabe cuándo abrirán los coles y el centro de día. Hay que resistir. La desescalada va a ser larga.

Una media de diez personas salen a diario acompañadas de sus cuidadores o profesionales del centro de día. Se van rotando en función de sus características y situación de la enfermedad. «Hay algunos que prefieren no salir», subraya Rosa Conde. Alfaem ha pasado del reto de protegerse del Covid-19 —usuarios de centros residenciales y personal dieron negativo en los test— al desafío de reinventarse con la ayuda de la tecnología.

«Ha sido la prueba más difícil en diez años y ahora los paseos son un desahogo para Gabi»
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