martes. 06.12.2022

a. g. | león

Cada miércoles a las seis de la tarde, desde hace dos años y medio, llega al Musac el mismo grupo de niños y niñas autistas. Norma número uno: no cambiar las rutinas de una persona que padece autismo. Y nunca pasarse de la hora programada: «Son personas que funcionan por rutinas y salirse de ellas les crea nerviosismo».

La mente de una persona autista es como una sucesión de fotogramas, en lugar de palabras. Así que las artes visuales son perfectas cómplices para trabajar con el autismo. Amparo Morocho, educadora del Musac que atiende al grupo de la asociación Autismo de León subraya que «el museo es como un aula de estimulación sensorial gigante que facilita nuevas experiencias sensoriales y de relación».

El trabajo con los colores de Candice Breitz fue el punto de partida de la experiencia con niños y niñas autistas de entre cuatro y doce años de edad. Las agendas de comunicación, cuadernos con imágenes cotidianas y familiares que adquieren significado de trabajo realizado si están en la parte derecha y de ausencia o trabajo no realizado si se pegan en la izquierda facilitan el proceso comunicativo y reducen la ansiedad ante la incertidumbre del futuro.

«Conseguir que estén trabajando en un espacio, pase gente y lo vivan con tranquilidad ya es todo un logro, porque si hay algo frustrante con el autismo es que «desaprenden», olvidan con facilidad», añade la educadora. Los talleres se realiza con la ayuda «permanente e imprescindible» de voluntariado (una persona por cada miembro del grupo) y en coordinación con psicóloga y familias.

«Para el autismo es un aula de estimulación gigante»
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