sábado 11.07.2020
Día 34

Las buenas costumbres

JESÚS F. SALVADORES
JESÚS F. SALVADORES

El fin de semana hay que tomárselo en serio. Dicho así dan ganas de rescatar la cazadora de cuero (te recordaré, como la canción) y a la calle. No. Me la quito. Estábamos leyendo esto. Así acaba la historia que empieza mañana: Acostarse con ganas de levantarse. Ya sé que suena a intensito... Pero es una fórmula salvaje. Regenera. Se trata de una sensación en términos saludables. Me refiero más a ese derecho de acostarse y poder mezclar sueño con ilusiones. Y como es fin de semana, con aperitivo. Digo, con más tiempo. En qué estaría yo pensando. Bueno, también con aperitivo, pero sin llegar a esa destreza leonesa del café torero, porque quien conoce de esto también sabe que no hay casa suficiente para practicarlo si hablamos de plusmarquistas.

Pero no perdamos las malas costumbres, por favor. Pienso que calcular este sentimiento también es un test. Hay un buen rato antes de levantarse en el que parece que la inspiración va a toda máquina, aunque en realidad lo que va es por libre. Prueben. Echa humo la imaginación. Desde la cama aparecen las mejores tentaciones. Estos días tenemos las tentaciones en modo agenda como fechas sin tachar. Algún osado hasta tiene la tentación de levantarse antes, pero hay que ser fuertes. Tarde o temprano aparece la mejor: seguir durmiendo. Y eso es rozar el larguero de la creatividad pasiva o subconsciente. ¿Qué habrá sido de los que iban a escribir un libro? Tenía yo un profesor, bueno, diré el nombre: Cotarelo, era muy bueno por cierto, que decía: «Todo español tiene algo escrito guardado en un cajón que cree que es un libro. Pero por suerte para los demás no todos consiguen sacarlo. ¿Usted es de León? Con los escritores que tienen ustedes allí, los catalanes ya se habrían inventado un par de generaciones». Así, todo seguido me lo dijo un día. Que conste que yo solo le había contestado: «Soy de León». Recuerdo estos días los años en la Facultad pensando en lo que se están perdiendo los estudiantes de hoy en día. Existía algo así como el día de la Primavera.

Escribir es un suceso que solo ocurre boli en mano o delante del teclado. Pico y pala. El resto se llama tomar café. Pero voy a comprarme una libreta pequeña, no obstante... Reto para mañana. ¡Ah! Como es domingo, queda pendiente para el lunes y cuento uno y me como dos. Conozco a alguno que deja papel y boli en la mesita porque tiene esperanzas. ¿Y vienen? Pues casi nunca. Casi mejor, porque estás ahí en la cama y aparece una musa y te puedes morir del susto. Qué habrá sido de los planes interiores que nos hicimos. El mayor síntoma de normalidad es que no los hayamos cumplido. He hablado con varios artistas y a otros los he oído. Y son excepción los que están en racha. Hay un detalle que no hay que obviar: no se puede calibrar de qué artefacto creativo estaríamos hablando porque no sabemos todavía ni el contenido ni el continente. La inspiración de estas horas tempranas inconfesables no sé si me llevará a lugares formidables, pero se disfruta de manera recomendable. Miro desde mi ventana y me imagino un paisaje de primavera. Va foto del año pasado. La primavera vino y nadie sabe cómo ha sido. Pero es.

Las buenas costumbres