lunes. 27.06.2022
Entrevista | Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura

«Noto decepción entre los que esperan ver a una duquesa con la corona puesta»

Pensadora censurada, la «duquesa roja» fue entrevistada por primera vez por un medio leonés en 2006
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Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura en 2006. DIARIO DE CÁDIZ

El arquetipo nobiliario queda roto en cinco minutos de conversación. Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura (Estoril, 1936) atiende el teléfono personalmente y concede la entrevista sin miramientos. «Llámeme en dos horas», pide. Es marquesa de Villafranca del Bierzo, aunque su vida y obra giran en torno al Ducado de Medina-Sidonia, privilegio concedido a su familia en el siglo XV, el más antiguo de todo el Reino. Descendiente de Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y biznieta de Antonio Maura y Montaner, posee el archivo privado más importante de Europa. Censurada, antes y ahora, perseguida y encarcelada durante el franquismo, vivió autoexiliada en Francia hasta 1976. Vive en el palacio de San Lúcar de Barrameda (Cádiz), entre salones vieneses y muebles florentinos, aunque la joya de su corona es el archivo de la Fundación Medina-Sidonia. Recuperados los legajos en un guardamuebles de Madrid, los leyó, los estudió, los relacionó y los clasificó. Algunos, incluso los ha traducido. Se ha encontrado con auténticas sorpresas, por eso dice que cualquiera que tenga interés en conocer la verdadera historia de España acceda a estos fondos, que compiten con los de Medinacelli. Es menuda, adusta y mantiene un vigoroso discurso que debe incomodar bastante «al poder» que la desoye constantemente. Como no le publican sus investigaciones, las ha colgado por Internet. Y como quieren quitarle el control sobre el archivo, ha decidido quedarse en España para que sus papeles no acaben en un cementerio de documentos. Así es la duquesa.

-¿Qué le sugiere el Marquesado de Villafranca del Bierzo?

-Conozco personalmente toda la zona. Creo que es muy bonita, tiene edificios y conjuntos magníficos, un vino buenísimo y una cecina extraordinaria. En fin, deben cuidar mucho el patrimonio, que es una de sus fuentes de riqueza clarísimas. Y la cultura. Aunque mi primo Cristóbal Halffter promueva la cultura musical, también hace falta de la otra, la filosófica quiero decir.

-¿Conserva algún recuerdo especial del Bierzo?

-Muchísimos, sobre todo de Carracedo. Sus ruinas son una maravilla. En fin, me gusta la belleza de esa zona, lo admirables y abiertos que son.

-¿Mantiene alguna propiedad en León?

-Absolutamente ninguna.

-¿Recuerda quién le bautizó con el sobrenombre de «duquesa roja»?

-La Agencia Efe.

-¿Y por qué?

-Como consecuencia de las manifestaciones de Palomares. No sabían quién era yo y estaban muy cabreados. Preguntaron en Reuters y le dijeron que era la «duquesa roja». Y así quedó en el titular. [ La mañana del 16 de enero de 1966, un B-52 de las fuerzas aéreas de los EEUU procedente de la base Seymour Johnson de Carolina del Norte, que transportaba cuatro bombas termonucleares de 70 kilotones, colisionó con un avión nodriza KC135 mientras realizaban una maniobra de repostaje de combustible en vuelo. 20 kilos de plutonio eran tirados en Palomares. Las manifestaciones populares, encabezadas por la duquesa de Medina-Sidonia, se sucedieron. Esto le llevó ocho meses a prisión].

-Creo que su propia abuela entendió que participase en las protestas.

-Mi pobre abuela no estaba allí, pero comprendió que la gente de Palomares tenía razón.

-¿Le molesta que le llamen duquesa roja?

-Me da exactamente lo mismo, no me molesta nada.

-Fue censurada y perseguida...

[ Interrumpe ] Soy censurada.

-Después hablaremos de eso, pero me gustaría que recordara cómo vivió la dictadura franquista. ¿A qué atribuye su marginación?

-La verdad molesta una barbaridad a quien miente y cuando la mentira se asienta en un país de corrupción hay mucho que callar. ­

-¿Cómo recuerda su autoexilio en Francia?

-Dentro de las limitaciones económicas que tenía, y aunque mis libros se vendían y ganaba bastante dinero, aunque después había mucha gente a la que ayudar, bien, lo recuerdo bien. Daba conferencias... Además tengo magníficos recuerdos de París.

-¿Volvería a irse?

-Yo estoy aquí porque tengo que ocuparme de una serie de cosas, si no, desde luego, no estaría aquí. Aunque está el mundo como para irse a cualquier lado. Como no sea Sudamérica...

-Cuando habla de «ocuparse de una seria cosas» imagino que se refiere a mantener el control sobre el archivo.

-El archivo, la fundación..., todo esto.

-¿Cree que remover la memoria histórica es volver a encender la hoguera?

-La memoria histórica, lo que pasó realmente en una o en otra época, sea en el siglo XV sea en el XII, si está en los documentos, se debe conocer y se debe sacar. Lo que es absurdo es ocultar la verdad; es simplemente absurdo. Ahora, la parte emocional es la que no entiendo tan bien. Aunque es próximo el caso de la Guerra Civil, que es al que concretamente nos referimos, creo que la parte emocional debería calmarse un poco.

-¿Y la otra?

-La otra es lo que dicen los papeles, y debe sacarse, cuanto antes mejor, porque lo contrario es de imbéciles.

-Pero es que parece que ese componente sentimental está quedando solapado por la crispación política. ¿Se deben o no se deben exhumar las fosas del franquismo?

-Eso es una cuestión personal de cada familia.

-¿No cree que debería ser un asunto de Estado?

-Si estamos en el caso de ETA, que no podemos hacer la paz porque estamos sacando muertos todos los días, qué me está usted contando. Con eso me refería a lo emocional, porque lo emocional trasciende a lo político y ahí es donde se lía. Me parece absurdo. Cuando las guerras se acaban, se acaban. Es de lamentar, muy de lamentar, los muertos de todas las partes, pero no nos los podemos tirar a la cara.

-En su libro «África versus América. La fuerza del paradigma» viene a decir que saber lo que ocurrió a nuestros antepasados nos ayudará a comprender la situación presente.

-Mire usted, aquí hubo una crisis económica tremenda, dentro de las muchas que ha habido, por la que llegaron a bajar de precio hasta los pisos. La mecánica de esta misma crisis se produjo en 1564 reinando Felipe II. Yo estaba viendo los hechos y auguré «va a pasar esto y esto», y nadie me creyó. Yo actué en consecuencia, por eso me salvé. Y vino la crisis. Quiero decir que hay una serie de enseñanzas, de conjuras, que se vuelven a vivir. Yo lo he vivido, con otras consecuencias, con pequeñas variantes, pero la mecánica es exactamente la misma, y por haberla conocido me he podido salvar.

-Más que luchar contracorriente, creo que defiende lo que cree. Por eso no entiendo a quienes hablan de usted como la rebelde de la aristocracia española.

-Yo qué quieres que le haga, pero no estoy de acuerdo con el cliché.

-Más aún ahora que el descubrimiento del mapa del genoma humano nos revela que todos somos genuinamente distintos.

­-Eso ya se sabía. Si lee usted a Duarte, que vivió entre los siglos XVI y XVII, ya lo contaba. Si lee a Diego Saavedra Fajardo (coetáneo de Felipe IV), ahí está dicho. No es nuevo, no tenían el ADN en probeta, pero habían observado la sociedad y sabían que no había dos personas iguales.

-¿Por qué entonces ese empeño ridículo en entender los títulos nobiliarios como un distintivo?

-Como nombre puede ser, como distintivo, no sé. Cierto es que hay muchos aristócratas que lo hacen, pero yo soy una persona normal, como todo el mundo. Y me ocupo de lo que se ocupa todo el mundo. Noto, a menudo, en unos decepción porque no aparece la duquesa, sino una persona en la cafetería (del Palacio de Sanlúcar de Barrameda) arreglando alguna cosa. En otros noto sorpresa y en otros admiración. A veces me digo, «estos están esperando a una duquesa con la corona puesta». Es lo que están deseando. Por cierto, esto lo fomenta la televisión con todas estas imbecilidades de la prensa del corazón, que no son más que chismes de calle elevados a los medios.

-Totalmente de acuerdo, pero no se puede negar que hay quien aprovecha el título.

­-Porque le dejan. Si no le dejasen, se había acabado. Cuando usted llega a un hotel con vaqueros y dice que es la duquesa de Medina-Sidonia y le ponen todas las habitaciones que quiera a su disposición, piense usted que debe culpar a los demás.

-¿Qué ha aprendido viviendo tanto tiempo junto al archivo privado más importante de Europa?

-Muchísima historia: cómo fue la vida de verdad en el pasado, las fábulas que nos cuentan y cómo se ha deformado esa verdad. He aprendido que éramos iguales que somos, con los mismos vicios, las mismas virtudes y los mismos valores éticos, que son inmutables. Con respecto a América, he conocido, porque está muy documentado en los papeles, que no hubo tal descubrimiento y que lo que hay es una confusión. También he aprendido que conocer nuestro verdadero papel de antes, cuando había una relación estrechísima con el continente americano, porque la puerta está aquí, en el Guadalquivir, en la costa de Cádiz y de Huelva, nos convendría tanto a nosotros como a muchos más, incluidos los musulmanes. [ La duquesa heredó a los veinte años un archivo de 6.314 legajos y seis millones de documentos que su familia conservaba en un guardamuebles de Madrid. Los trasladó en camión hasta San Lúcar. Le ha llevado toda la vida clasificarlos. Ni Simancas ni Medinacelli pueden hacer sombra a este fondo documental ].

-Ha encontrado un documento que podría constatar que Guzmán «el Bueno», del que es descendiente, procede «allen mar».

-Hay un solo documento que dice de dónde era. Eso de la fecha de su nacimiento se lo han inventado, no está probado en ninguna parte. Y ese documento dice que era «allen mar»

­-¿«Allen mar» se refiere a África, a América?

-Por las investigaciones que he hecho, he encontrado una punta de linde en Brasil, también está el San Miguel de Allende mexicano y hay una serie de topónimos con el allende en América.

-Me ha dejado sorprendido. ¿Guzmán habría venido de América en el siglo XIII y Colón la descubrió en el XV?

-Me he mirado más de mil documentos, muchos más, en Simancas, en mi archivo y en otros archivos. Tengo en una web publicados 50 documentos, varios transcritos, para que los pueda leer cualquiera, pero con el original al lado, para que el historiador pueda juzgar, en que se prueba que América estaba superconocida y que tenía un comercio fluido con el continente cuando llegó Colón. [ Recientemente, ha salido a la luz un mapa, al parecer elaborado por un navegante chino, que es anterior a Juan Sebastián «Elcano». Asimismo, en Patagonia se ha descubierto un cementerio de templarios -los «caballeros de ultramar»- que podría ser anterior al «descubrimiento» ].

-También habría pruebas sobre la llegada a América de los templarios antes que Colón.

-Los templarios también estuvieron allí. Quizá fueron los primeros que comerciaron con los musulmanes de una manera abierta con el oro. Les aportaban grano, que en el Trópico no se produce, y cobraban en oro. Eso explica el gran auge de la economía en el siglo XIII en que Europa empieza a producir excedente para poder adquirir oro.

-Entre todos esos papeles que ha archivado y catalogado durante años está la prueba de que el maíz ya se cultivaba en Granada antes de que lo trajese Colón de América, ¿cierto?

-Lo dice la crónica de Alonso de Palencia al hablar de la correría de Enrique IV en Granada. Fue el primer monarca que decide conquistar Granada y para debilitar la economía todos los años va dos veces a correr los campos. En junio para quemar las mieses y en otoño para quemar el mijo y el maíz, que él lo llama panizo.

-¿Cuál es el documento más antiguo que conserva?

-Es una concesión del rey Fernando II de León, segundo hijo de Alfonso VII, a Santa María de Carracedo. Alfonso vivió entre León y Galicia y dividió el reino entre sus hijos para ser emperador. Y entonces son los hijos los que gozan de los privilegios. El papel es de 1128 y es la concesión del portazgo de Villafranca al Monasterio de Carracedo. [ Portazgo son los derechos que se pagaban en la Edad Media por pasar por un sitio determinado de un camino ].

-¿Y qué dicen los historiadores de sus aportaciones?

-Fuera sí interesa. Viene bastante prensa a preguntar por el tema. Sobre todo, desde que hemos sacado nuestra edición con las transcripciones de los documentos para los historiadores. Pero aquí se callan. Desde luego, los documentos están ahí, yo no me los he inventado. [ Hay que subrayar que las obras escritas de la duquesa sostienen que América no la descubrió Colón y que los fenicios llegaron primero, puesto que asegura que el continente americano ya era conocido en esa época por parte de oriente y occidente ].

-Para algunos tiene que ser un azote escuchar todo esto.

-La primera vez que me encontré con el pastel, siguiendo un documento que tenía en el archivo, me llevé un susto horroroso, qué quiere que le diga. Ahora ya no me choca.

-¿Cree que esa forma de trasgredir tiene algo que ver con la censura de sus escritos?

-Mis obras han sido publicadas, pero en silencio, como se suele decir. Lo que tiene que ver con la censura es la obstinación en no querer saber la verdad. ¿Por qué? Pues no lo sé: por orgullo, por prepotencia, por arrogancia, por estupidez... No tiene otra explicación. Eso depende del porcentaje de estupidez y arrogancia que haya en el poder.

-Vivir entre millones de documentos tiene que ser increíble. Debe ser la envidia de cualquier investigador.

-El señor que accede a la historia de los archivos, para que tenga utilidad, tiene que saber paleografía. Si no, no sirve para nada. El historiador debe ser aquel que sabe investigar, relacionar, leer los documentos y que pone todo eso al servicio de la sociedad.

-¿Ha vivido algún intento de retirarle el control sobre el archivo?

­-¿Uno? Llevamos desde que volví del exilio. Ni siquiera Franco lo hizo, mira por dónde.

­-¿Y qué intereses hay?

-Por parte del poder. Es un poder, esté quien esté, que no cambia. Es una constante.

-¿Qué opina sobre el Gobierno de este país?

-Me está gustando lo que está haciendo Zapatero, aunque lo tiene muy difícil. Tiene todos los sinvergüenzas y traidores que quiera en su propio partido. Y ahora, el proceso de paz, que es necesario, se lo están estorbando. No podemos obviar las provocaciones. Yo no sé quién ha robado esas pistolas, que no sé para qué sirven además. Pero lo que está claro es que, quizá, si el día antes no se hubiera hecho la operación de las erriko tabernas y no hubiese tantas detenciones, a lo mejor no hubiesen robado las pistolas y estaríamos mucho más lejos.

-¿Y sobre las leyes sociales que han entrado en vigor durante esta legislatura?

-Están bien, salvo la del tabaco, que es una imbecilidad.

-Está claro que es fumadora.

-Soy fumadora, pero no fumo nunca donde no hay fumadores. Se ha puesto de moda, es chic, y como es chic, la gente deja de fumar. Ese es el secreto.

-¿Es partidaria de cambiar la ley de sucesión de títulos nobiliarios?

-Si estuviera en Francia estaría tirada de risa debajo de las sillas, pero entiendo que nos interesemos por estos temas porque aquí hay una monarquía. Jurídicamente, la ley tiene un problema. Hay un principio que no se debe nunca violar, porque nos cargaríamos todos los principios del derecho, que es aplicar el efecto retroactivo. La ley general que regía en los títulos anteponía el varón porque era el que tenía que hacer la guerra. En principio, el creador del título determinaba la forma de sucesión a partir del primer poseedor. No todos se acoplaban a la ley general, incluso hay títulos selectivos entre los hijos para anteponer a la hembra, caso del primer duque de Medina-Sidonia, que podía haber elegido una hija si hubiera querido. Esto es jurídicamente lo que hay, lo demás me trae completamente al fresco, se lo digo de verdad.

-No sé por qué, lo imaginaba.

-Es lo último que me preocupa. Me preocupa mucho más a ver si sale ese plan de vivienda tan necesario para ofrecer pisos asequibles a la gente, que se tiene que hipotecar toda la vida.

«Noto decepción entre los que esperan ver a una duquesa con la corona puesta»
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