Diario de León

titularidad compartida. la igualdad legal llega al campo... lentamente

El rebaño más igualitario

Gregorio Fidalgo y Violeta Alegre están al frente de una explotación de ovejas trasterminantes desde hace 27 años, pero la ley no les ha permitido, hasta este año, compartir la titularidad. Es la única pareja de León que ha dado el paso.

Violeta Alegre y Gregorio Fidalgo con el atajo de merinas que hiberna en San Pelayo del Páramo. Poseen el mayor número de merinas negras de España.

Violeta Alegre y Gregorio Fidalgo con el atajo de merinas que hiberna en San Pelayo del Páramo. Poseen el mayor número de merinas negras de España.

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ana gaitero | san pelayo
León

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«Llevamos 27 años juntos y al frente de dos rebaños pero hasta ahora mi marido era el titular y yo estaba a la sombra». Violeta Alegre es la primera leonesa que consigue la titularidad compartida con su marido de su explotación ganadera.

La primera y la única que hasta ahora ha dado este paso en la provincia de León, sobre un total de trece explotaciones agrarias que se han dado de alta en el nuevo Registro de Titularidad Compartida de Castilla y León desde enero.

Hombres y mujeres comparten desde el neolítico las tareas agroganaderas. Pero las mujeres han estado en la penumbra. Como Violeta. Y eso que ella, al igual que muchas leonesas, cotiza en la Seguridad Social como autónoma del campo. Pero no figuraba hasta ahora como titular de la explotación. El titular era su marido, Gregorio Hidalgo.

En León hay 2.552 mujeres en el régimen especial agrario de autónomos y 4.040 hombres, las mayores cifras tanto de unas como de otros en la Comunidad. Las mujeres suponen el 38,7% del personal que trabaja por cuenta propia en el campo leonés y cotiza.

La media de mujeres autónomas agrarias en Castilla y León es del 21,3%. En provincias como Palencia la relación de mujeres que cotizan a la Seguridad Social como autónomas es muy inferior: 16%. «Al contrario que en otros sitios, en León más del 90% de las mujeres que trabajan en el sector agrario cotizan en la Seguridad Social», explica Fini García de Ugal-Upa. En León, «pagar los sellos de la agraria» fue lo habitual desde que se creó este régimen especial en los años 60.

Reconocimiento

Hay matrimonios, sobre todo de mediana edad, en los que ambos miembros cotizan en el sector agrario y son titulares, por separado, de sendas explotaciones a efectos de las ayudas de la PAC (Política Agraria Común).

La ley de titularidad compartida de las explotaciones agrarias se publicó en el Boletín Oficial del Estado el 5 de octubre de 2011, día de San Froilán. Después de año y medio se estrena en Castilla y León el Registro de Titularidad Compartida. Francia, Australia, Finlandia y Suecia llevan decenios de adelanto en el ámbito de la igualdad en el campo.

Es un hito para las mujeres agricultoras y ganaderas que no pasa desparecibido para los expertos. «La evolución del Régimen Especial Agrario de la Seguridad Social, y especialmente las reformas de los últimos años, han propiciado no tanto el fomento del empleo de la mujer trabajadora en el medio rural, sino más directamente su propio reconocimiento», señala Gustavo Quirós, profesor de la Universidad de León.

Pero las parejas leonesas se lo están pensando mucho antes de dar el paso de compartir la tierra o la granja con todas las consencuencias. «Mucha gente tiene miedo por ser algo nuevo y porque hay que andar con mucho cuidado para que la explotación resultante no pierda ningún derecho», apunta Violeta Alegre.

Gustavo Quirós subraya que el carácter voluntario y sin ningún tipo de incentivos de esta ley no va a cambiar mucho la situación de las mujeres del campo: «Tal vez si se atendieran otras reclamaciones pendientes su éxito sería mayor, tales como —entre muchas otras— ofrecer una mayor reducción de cuotas sociales o permitir el trabajo a tiempo parcial», puntualiza.

Violeta Alegre y su marido, Gregorio Fidalgo, iniciaron los trámites de la titularidad compartida en verano. Fue él quien tomó la iniciativa. «Llevaba años queriendo poner la explotación a nombre de los dos, pero me encontraba con la traba de que no se podía». «Es lo normal: ella guarda un atajo de ovejas 365 días al año», argumenta Fidalgo. Pero hasta ahora era imposible. En cuanto se enteraron de que se había aprobado la ley empezaron los trámites.

Acuerdo de voluntades

Sin la ayuda técnica y jurídica de Ugal-Upa, el sindicato agrario al que están afiliados, no lo hubieran hecho: «En el sindicato nos facilitaron mucho las cosas y por eso nos animamos», señala la ganadera. «Lo primero que hay que hacer es firmar un acuerdo de voluntades e ir a Hacienda a solicitar un NIF», explica Fini García, técnica de la organización.

Con el NIF provisional se tramita en la Junta de Castilla y León el alta en el Registro de Titularidad Compartida donde se incluyen todos los datos de los dos miembros, matrimonio o pareja de hecho: cuenta bancaria, los derechos de la PAC, la declaración de fincas y la declaración de bienes de la explotación, así como la maquinaria que se aporta a la sociedad. A partir de ese momento están, de hecho y de derecho, al frente de una empresa común. Fial es el nombre que ha elegido el matrimonio de ganaderos trasterminantes.

‘Cuidamos papeles’

En el caso de Violeta y Gregorio «fue muy fácil porque sólo tienen las ovejas», aunque a la hora de la verdad tuvo sus complicaciones convencer a los funcionarios de la Consejería de Agricultura, en Valladolid, de que «no teníamos nave propia ni maquinaria».

En las oficinas de la Junta, desconocían que la ganadería trasterminante (trashumancia dentro de la misma provincia), como los rebaños de los Fidalgo-Alegre, pasa los inviernos en unas tierras y a partir de la primavera se empiezan a mudar a las zonas de montaña. «Las naves de San Pelayo y Soto de la Vega son de las juntas vecinales, no necesitamos maquinaria porque no cultivamos tierra y los pastos de la montaña también los alquilamos», explica Violeta Alegre.

«Tenían que salir algo más de las oficinas y ver la realidad del campo», señala la mujer, sorprendida por el episodio.

Se trata de un rebaño sigular ya que cuentan con el mayor número de ovejas negras merinas que hay en España, 400, una raza que está en peligro de extinción. En abril parten con las ovejas hacia Lago de Omaña y en julio suben a los puertos de Abelgas de Luna, el pueblo de Fidalgo. «Arriba me quedo yo sola con el rebaño y Gregorio vuelve a San Pelayo con un atajo para la paridera», explica. Todo a pie.

Violeta Fidalgo está satisfecha de haber dado el paso. Hasta que cumpla los 50 años tendrá un descuento en la Seguridad Social. Lo que más le satisface es el reconocimiento: «Estás trabajando día a día igual que tu marido y te sientes bien sabiendo que es de los dos. Hasta ahora iba a por una guía o a por cualquier papel y siempre a nombre de Gregorio Fidalgo. Ahora es nuestra empresa la titular: los dos», recalca.

El matrimonio comparte empresa y esfuerzo y también una gran afición por la lectura. Compran los libros y se los devoran en el campo. «Soy un privilegiado porque trabajo en lo que me gusta, pero a veces tengo la sensación de que más que cuidar ovejas cuido papeles», dice Fidalgo, mientras muestra su última adquisición: Al acecho , de Noemí Sagugal.

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