lunes. 27.06.2022
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MARCIAL GUILLÉN

Todo español tiene un cocinero dentro. Y al paso que vamos, según las crónicas, le van a caber dos. Aquí no es necesario utilizar más de un género porque de lo que hablamos es de la llegada del hombre a la cocina. Cae en domingo. Mírele ahí observando para qué lado se abre la puerta del lavavajillas. Ve, también, que detrás de la puerta hay una cosa que se llama escoba. Y descubre que los guantes de fregar le quedan pequeños... El cocinero que va por dentro del hombre se lleva ahora por fuera. Supongo que, como todo, depararemos gratas sorpresas y algún desastre en los fogones. Y creo que también cierto estrés porque no está tan a mano bajar a por un pollo asado al lado de casa que sustituya al pollo que se ha montado en la cocina. Hace mucho le pregunté a Paco Lova, un amigo y sin embargo compañero de pádel: ¿Y tú con qué cocinas? y me contestó: «Siempre con cerveza». Se refería a que lo hacía acompañado por un par de cervezas que se tomaba mientras. El aliciente le llevó a mucho practicar y ahora ya lo hace bien. De todas formas, retar al plato rey de un huevo con patatas fritas tiene sus consecuencias. Los galones son los galones y yo creo que hay que partir de ahí.

Cocinar con música es otra opción. Con vistas al fin de semana, volvió la buena. Suena The Circle, de Ocean Colour Scene. Después, Up On The Downside y Better day, que me recuerdan a Miguel Llorente por su melomanía, y lo de la cerveza, y me llevan al Better Things de Los Kinks. Pero me paro en la versión de Fountains of Wayne, del ya añorado Adam Schlesinger, prescripción de Julio Patiño, leonés que también cocina, y bien. Mejores días, mejores cosas. Pillo el mensaje. Si alguien las oye y no le gusta alguna, le devuelvo la columna. Hacía tiempo que no quería meterme en esa música que te rompe y te reconstruye el corazón. Quería poco compromiso. Pero irremediablemente hacia ella voy ya de manera inexorable. Y eso es bueno. Muy mola mucho, como diría Kurt Baker, gran músico y el americano que más sabe de buenas tapas y buen vino leonés. Es decir, también cocinillas. Los vascos, y otros, llevan la fama y los leoneses cardan la lana. Porque, sin forzar la máquina surgen nombres que no han necesitado de esta medicina para descubrir que la cocina es el punto estratégico de toda casa que se precie. Otro músico, Xoel López, siempre ha estado en el tema, aunque flaco como es él, el cocinero lo lleva en la memoria. Es nieto de astorgana, que por eso recuerda que entrando en los términos provinciales de León pasa a ser Xoelín. Porque lo que diga una abuela va a misa, aunque ahora no hace falta ir, la ponen por la tele. Y Jordi Hidalgo es mi batería de cocina. No digo más.

Y así me he saltado mi colaboración gastronómica. Bueno, en realidad se nota que echo de menos a la gente. Aunque ayer entré en el fabuloso mundo del cachopo, que no había estado. Bien. Tiene la desventaja de que yo ya he probado, con diferencia, la mejor fabada del mundo en casa de Neli y Pepín, vía Maripaz. El cocinero de la tele Pepe Rodríguez dice que estos días son para comidas caseras, que en familia nunca alardea de vanguardismo. Eso es: que la gente es el mejor ingrediente.

Tiempo de ‘cocinamiento’