jueves. 07.07.2022
Benefactores

Adoptar una viña para que no muera

La Bodega 13 Viñas amplía su programa de apadrinamiento de viñedo viejo para evitar que se pierda con cuatro benefactores que participarán en el proceso de viticultura y elaborarán sus vinos bajo los cánones de la DO
                      El propietario de la Bodega 13 Viñas, Julio Alberto Calvo, y la primera madrina de una de sus parcelas, Maite Ruiz. L. DE LA MATA
El propietario de la Bodega 13 Viñas, Julio Alberto Calvo, y la primera madrina de una de sus parcelas, Maite Ruiz. L. DE LA MATA

A veces, las mejores ideas nacen de una dificultad y los problemas impulsan los cambios que acaban convirtiéndose en oportunidad; sino que se lo pregunten a Julio Alberto Calvo. Él y su socio, Jesús Alcaide, están detrás del primer y único proyecto vitivinícola de Cubillos del Sil. La Bodega 13 Viñas nació en 2013 de un cúmulo de circunstancias —muchas de ellas negativas— y gustó. Gustó su vino y ese fue el mejor aval para seguir creciendo. De los 2.000 metros de viñedo familiar con los que empezaron, han pasado a trece hectáreas. Todas cedidas por vecinos que ya no pueden atenderlas y no quieren verlas morir. 13 Viñas fue su oportunidad y se agarraron a ella.

Ahora mismo, la bodega gestiona prácticamente el 90% de las viñas del pueblo y también en Pradilla (Toreno). Han ido juntando pequeñas parcelas —son alrededor de 80 y la más grande tiene 7.000 metros cuadrados— para rentabilizar al máximo el trabajo. Y para aquellas que quedan distantes y que no merecería la pena atender también han encontrado una solución: el apadrinamiento. La idea surgió de la necesidad de rentabilizarlas para no tener que abandonarlas, sobre todo por el coste que supone protegerlas de los jabalíes en una zona en la que los daños provocados por esta especie cinegética pueden mermar a menos de la mitad la producción de uva. De nuevo, de un problema ha surgido una oportunidad.

                      Maite  Ruiz y Julio Alberto Calvo en el acceso a la parcela. DE LA MATA
Maite Ruiz y Julio Alberto Calvo en el acceso a la parcela. DE LA MATA

Todo comenzó durante la pandemia. Julio Alberto Calvo sondeó a los aficionados al vino a través de varios grupos especializados en redes sociales y la respuesta fue inmediata. Hubo mucho interés que se acabó materializando, el pasado año, en dos apadrinamientos. Una periodista catalana y un empresario residente en Madrid fueron los primeros padrinos. Y este año ya hay dos más. Son un distribuidor de Córdoba y una devota del vino también madrileña. En cola quedan otros cuatro interesados, pero la preparación de las viñas lleva su tiempo y los promotores de esta idea quieren hacer las cosas bien.

El precio del contrato

El coste se materializa en la adquisición de 365 botellas de vino a un precio de 5 euros cada una

«Iremos aumentando progresivamente, porque hay que tener depósitos pequeños y hay que atender bien a la gente», explicó Julio Alberto. Y es que el contrato que firman las partes incluye la formación técnica y práctica del padrino o la madrina en todos los procesos de la viticultura, desde la poda hasta la vinificación, así como los medios técnicos y materiales necesarios. El mecenas puede participar personalmente en todo el procedimiento o delegar el trabajo en la bodega. En ambos casos el coste es el mismo: la adquisición de 365 botellas a un precio de cinco euros por unidad, es decir, algo más de 1.800 euros. Con eso se financian los gastos derivados del cuidado de la viña y así se garantiza su supervivencia.

«Cuando la gente de aquí te ofrece sus viñas para que las atiendas lo hace hasta con lágrimas en los ojos»-JULIO ALBERTO CALVO, Bodegas 13 viñas

El padrino/madrina no solo puede realizar todos los trabajos formativos en viña (poda, abonados, sulfatados, poda en verde, recolección de la uva, etcétera), sino que también elaborará y embotellará su vino, siempre bajo los cánones de la Denominación de Origen Bierzo y ajustado a la normativa de etiquetado del Consejo Regulador.

«Los vinos saldrán con la tirilla de la DO, con la marca 13 Viñas a un tamaño de letra más grande y debajo irá el nombre que ellos decidan. Habrá quien lo destine a uso personal y habrá quien quiera comercializarlo. En el caso de Maite Ruiz (la periodista catalana que se enamoró del Bierzo hasta quedarse a vivir aquí) ha decidido sacar algunas botellas al mercado», explicó el propietario de la bodega de Cubillos del Sil.

Todo es viñedo viejo de entre 80 y 100 años. Antes de que la minería y la central térmica Compostilla II se convirtieran en el bastión económico de Cubillos, había una extensa superficie de viñedo que se fue abandonando. Lo que queda es lo que quiere proteger 13 Viñas. «Cuando la gente de aquí te viene a ofrecer la viña lo hace hasta con lágrimas en los ojos. Es parte de su historia, tiene mucho arraigo y por eso las cogemos y las atendemos, por la carga emocional. Pero no somos una oenegé y podemos llegar hasta donde podemos, así que tuvimos que buscar una alternativa para cubrir costes», explicó Julio Alberto Calvo.

La orientación y las dimensiones de las parcelas que pueden ser apadrinadas varía, pero todas tienen que dar entre 600 y mil kilos de uva para poder elaborar las 365 botellas reflejadas en el contrato. En cuanto a las variedades, es el marco de plantación antiguo del Bierzo: 70% Mencía y 30% de variedades blancas, entre las que predomina el Palomino, hay también Doña Blanca y en torno a un dos por ciento de Godello.

«Nosotros hacemos el vino como lo hacía mi abuelo y así se lo enseñamos a la gente que llega aquí, que nunca ha visto esto y a la que le gusta mancharse las manos. Yo con 19 años iba a la viña por castigo, pero luego empezamos con el proyecto y engancha. Hay mucho amor propio detrás. Es algo que hemos visto y vivido toda la vida y que muchas veces no llegamos a valorar como sí lo hacen los de fuera», asegura un joven de 38 años que pudo haberse ido del Bierzo pero que prefirió agarrarse a un legado de cien años.

Adoptar una viña para que no muera