lunes 24/1/22
Una fachada y los muros que la sostienen. Poco más. Es lo que queda, heráldica a parte, de la casa donde nació Gil y Carrasco, según cuenta su actual propietario Pedro López Otero, abierto no solo a vender toda la propiedad, sino a una permuta en caso de que un inversor se decidiera a convertir los 400 metros cuadrados construidos en varias viviendas.
Tendría que respetar, eso sí, los muros y la fachada protegida. «Nos gustaría que se hiciera algo», explicaba, si no hubiera ninguna institución —y ya se ha dirigido al Ayuntamiento sin éxito— interesada en adquirirla. López Otero compró la vivienda hace cinco años a los anteriores propietarios, residentes en Barcelona, con intención de acondicionarla. Pero el inmueble lleva décadas sin habitar y «el coste de restaurarlo supera al precio de venta», reconoce su dueño.

"El coste de restaurarla supera al precio de venta"
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