lunes. 15.08.2022
                      Antonio López, ayer, en las instalaciones de Fabero donde se ha llevado a cabo el curso de pintura. ANA F. BARREDO
Antonio López, ayer, en las instalaciones de Fabero donde se ha llevado a cabo el curso de pintura. ANA F. BARREDO

La luz de Fabero fue durante muchos años el negro carbón. Ahora, cada verano, es el color el que se adueña de la cuenca minera gracias a los talleres de pintura que organiza Tomás Bañuelos, profesor jubilado de la Escuela de Bellas Artes de Madrid y faberense de pro, que ha convertido en costumbre la presencia de una primera firma como Antonio López y otros destacados pintores.

Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936) cerró ayer su quinta visita a Fabero, enmarcada en un proyecto más amplio que tiene siglas, como las tenían las empresas mineras de la cuenca: Cian-m.  En la sede del Cian-m, Antonio López se ha movido entre los alumnos del taller como uno más. Con su indumentaria veraniega, pantalón corto y camiseta que también le identifica como uno más. «Hablo con ellos sobre su pintura, sobre la mía, sobre la pintura en general», explicó ayer a los periodistas que aguardaban sus palabras al final de la última sesión magistral mientras algunos de sus asistentes empezaban a recoger los pinceles.

También hablan, o mejor dicho, han hablado, dice, sobre lo que es hoy en día el arte. «Hay mucho de lo que hablar», insistió. «Tenía que haber más talleres así. No somos alumnos y profesores; somos un grupo de pintores», recalcó con voz pausada. «Yo soy el más viejo pero eso no quiere decir nada. Yo no actúo de profesor», aclaró.

Y es que Antonio López ha mostrado en Fabero una de sus señas de identidad. Como el minero tenía su indumentaria para bajar al pozo, Antonio López tiene el traje de la humildad.  Detrás de esa forma de entender la vida y el arte, surge el artista, y también la forma de dirigirse a los demás. «Dependiendo del nivel que ves, hablas de una manera o de otra», confesó a los periodistas como diciendo que no todo vale.De todas formas, cree que el curso que ha tenido lugar en Fabero ha ofrecido un interesante nivel. «Hay gente que tiene capacidad para crear. Es ya un creador o una creadora. Otra gente tiene menos conocimientos pero igual tiene muchísimo talento. Por eso es muy interesante la relación que se establece. Me gusta», explicó.

Antonio López confesó también que actividades como este taller de Fabero las hace «más por mí que por ellos», en alusión a los alumnos.

«Viene muy bien ver gente más joven. Ver lo que te cuentan, lo que sienten... me da aire. A mí me beneficia e igual a ellos».Queda, si acaso, una pregunta, sobre la admiración al artista consagrado. Y ahí Antonio López volvió a a girar hacia el traje de la humildad. «Yo les admiro mucho. La admiración tiene que ser mutua, como el respeto. Somos un grupo de pintores. No hay que darle más vueltas», insistió.Y es que, como los políticos se han reunido en Madrid para hablar de la Otan, los pintores se han reunido en Fabero para hablar de arte, dijo Antonio López. «Hay pintores que trabajan en la soledad, por eso esta reunión es estimulante».

¿Y la luz?. Antonio El pintor hiperrealista, el pintor de la Gran Vía de Madrid piensa que «España tiene una luz muy variada». Fabero no tiene la misma que La Mancha, ni siquiera que Madrid. «Fabero está más al norte y tiene el carácter de lo nórdico, de lo frío. Hay bosques... ya lo sabemos», proclamó. 

El Cian-m, a su juicio, se está consolidando como un espacio creador. Si acaso, necesita inversión para avanzar. «Eso depende de las autoridades», reclamó el pintor de los pies a la cabeza.

Pero ese ya no es su cometido vital. Y así volvió a perderse entre los pintores del curso.

«Fabero no tiene la luz de La Mancha»
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