miércoles. 10.08.2022

El fuego que llegó a Puente igual que un ‘relustro’ de tormenta

Vecinos de San Pedro de Trones, Salas y La Arquela se sacuden susto del cuerpo La Junta da por extinguido el incendio tras quemar 381 hectáreas
Vista de la zona quemada en la vertiente gallega desde la localidad berciana de San Pedro de Trones, en una imagen tomada ayer a primera hora de la tarde. ANA F. BARREDO
Vista de la zona quemada en la vertiente gallega desde la localidad berciana de San Pedro de Trones, en una imagen tomada ayer a primera hora de la tarde. ANA F. BARREDO

A punto de cumplir 80 años, viuda desde hace pocos meses y con seis hijos que viven más o menos cerca, Anuncia Díaz mezclaba ayer el gallego con el castellano para narrar el susto que se llevó cuando el fuego se plantó esta semana a la puerta de su casa en el barrio de La Arquela de Puente Domingo Flórez, en la linde del Bierzo con Galicia. Las llamas parecían adormiladas en la ladera de la montaña cuando de repente estallaron avivadas por el viento y el calor y el efecto perverso de la propia combustión. «Fue como un relustro de tormenta», le contaba a este periódico mientras sobre los tejados del barrio todavía volaban dos aviones de coordinación en busca de los últimos rescoldos del incendio.

Relustro, dice el diccionario de la Real Academia Galega, es un resplandor vivo e instantáneo producido por una descarga eléctrica durante una tormenta. Y así, delante de un resplandor vivo, iluminados por las lenguas de fuego que devoraban el monte de madrugada, han vivido los últimos días los vecinos de Puente y de Salas de la Ribera, y los de San Pedro de Trones, que el viernes volvieron a sus casas. Con el susto en el cuerpo hasta que la Junta de Castilla y León dio por extinguido a media tarde de ayer y en su vertiente berciana el incendio causado por rayos en Galicia, con un balance de 381 hectáreas de pastos quemadas. «Antes, la Guardia Civil venía a buscarnos para ir a apagar el monte. Ahora nos sacan de casa para que no podamos apagar el fuego», se quejaba en la puerta de su vivienda de San Pedro, Rogelio González, de 78 años. Rogelio tenía tres mangueras preparadas para defender su casa cuando llegó la orden de desalojar el pueblo. El fuego se acercaba a la carretera de Puente y la localidad podía convertirse en una trampa. Los responsables del operativo, además, no querían cerca del fuego a nadie que no tuviera experiencia y energía —Rogelio insistía ayer en que ninguna de las dos cosas le faltaba—, hasta el punto de rechazar la ayuda, cuenta el alcalde, de la maquinaria ofrecida por la pizarrera Cupa.

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Anuncia Díaz vio venir el fuego hasta su casa de Puente Domingo Flórez como un 'relustro' de tormenta. FOTO ANA F. BARREDO

Pero convencer a los vecinos de San Pedro de que debían abandonar el pueblo no fue fácil. Más de uno se quedó, armado de picaresca. Y a más de una le hubiera gustado quedarse, como a la mujer de Rogelio, Encarna García, cuando poco después del desalojo recibieron permiso para volver de madrugada a su casa, escoltados por dos patrullas de la Guardia Civil, para recoger sus medicamentos. «Iba una patrulla delante y otra detrás, parecíamos delincuentes», contaba ayer Rogelio González mientras su mujer sostenía una gata de tres años, otra que se llevó un buen susto, llamada Kitty. Y el matrimonio tiene claro por qué ahora arde más el monte y el fuego es tan difícil de apagar. «En las fiestas del 15 de agosto siempre se nos prendía, pero el monte estaba más limpio y se apagaba enseguida». ¿Qué ha cambiado? «Ahora ganado hay poco, pero no lo dejan pastorear como es debido», dice vestido con un polo blanco con el logo de Aguas de Mondariz.

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Rogelio González y Encarna García hablan con el alcalde de Puente, Julio Arias, en su casa de San Pedro de Trones. FOTO ANA F. BARREDO

San Pedro de Trones, donde las escombreras de pizarra actuaron como cortafuegos — «nos libraron de mucho», contaba el alcalde de Puente Julio Arias— todavía se sacudía ayer el susto, con el monte tiznado de negro y las últimas columnas de humo que aún envenenaban el aire al otro lado de la frontera gallega. Arias no dejaba de repartir elogios hacia los vecinos, la Unidad Militar de Emergencias (UME) y el operativo de la Junta de Castilla y León. Al alcalde le pedía ayer perdón otra vecina de San Pedro de Trones, María Teresa Fernández, de 78 años, que el momento de la evacuación, ahogada por un ataque de ansiedad, le mandó literalmente a la mierda, y algo más. «Estaba tan nerviosa que si me tiran una cerilla ardo yo también», le decía ayer María a Julio Arias. «Con lo que yo te quiero...»

Desalojo en San Pedro
«Estaba tan nerviosa que si me tiran una cerilla ardo yo también», decía ayer Mari Fernández, de 78 años

Y cuando el regidor se queda otra vez solo con el periodista y la fotógrafa explica, comprensivo, las escenas de tensión, de miedo, la frustración que vivieron muchos de los vecinos de San Pedro cuando la Guardia Civil llegó al pueblo para desalojarlo. «En San Pedro vive mucha gente mayor. No es solo desalojarlos, es el apretón que les metes...».

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'Si me tiran una cerilla ardo yo también', rememora en San Pedro de Trones María Teresa Fernández. FOTO ANA F. BARREDO

En Salas de la Ribera, la tarde del jueves, el viento volvió a traer las pavesas del incendio de Quereño y obligó a montar una línea de defensa. A alguno de los vecinos más jóvenes, los responsables de la extinción tuvieron que decirle que al fuego no se va en pantalón corto y con un pañuelo en la boca. ‘Si tengo que ayudarte a ti, porque te estás quemando, no puedo apagar el fuego’, le explicaron. Las ganas de parar las llamas, la adrenalina, la necesidad de ser útiles a los servicios de extinción movilizaron al pueblo. Con la UME en Puente, el alcalde, —que temió por los transformadores llenos de aceite de la central eléctrica de Quereño— estaba más tranquilo, reconocía ayer mientras oteaba la enorme zona quemada en la vertiente gallega del incendio, al otro lado del Sil.

Arias también pedía ayer más flexibilidad a las administraciones para que los vecinos desbrocen el monte. Pero no se engaña. «Un bosque es imposible de limpiar, porque entonces sería un jardín», dice. El cambio climático, las elevadas temperaturas, son un factor que no se puede dejar de lado. «La hierba crujía como el cristal de lo seca que estaba estos días», describe el alcalde con una metáfora que brilla igual que un relustro de tormenta.

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Ladera quemada a pocos metros de las casas de Puente Domingo Flórez. FOTO ANA F. BARREDO

El fuego que llegó a Puente igual que un ‘relustro’ de tormenta
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