jueves 9/12/21
                      Arturo Pereira, fotografiado cerca de la sede de la Policía Municipal de Ponferrada. ANA F. BARREDO
Arturo Pereira, fotografiado cerca de la sede de la Policía Municipal de Ponferrada. ANA F. BARREDO

El intendente de la Policía Municipal de Ponferrada es un hombre inquieto. Colabora en varios medios de comunicación, escribe libros, participa en proyectos humanitarios... La pandemia ha sido, para él, una escuela también para la Policía, que plasma en su última obra: ‘Policía Municipal: El Ayuntamiento, garante de la convivencia’. Un trabajo para policías y para quien se quiera acercar a una nueva realidad. Arturo Pereira plantea una Policía Municipal que amplíe sus competencias para ser también una Policía centrada en la atención a los mayores, en los que están solos... Las que han sido las grandes víctimas de la Covid.

—Usted plantea en el libro una nueva Policía Municipal con un carácter más social. ¿Cómo debería ser y qué competencias que tiene ahora la Policía Municipal no debería ejercer en el futuro si asumiera esas competencias?

—Lo que propongo es una Policía Municipal que dé respuesta a las nuevas necesidades de seguridad de los ciudadanos. Es conveniente asumir que el concepto de seguridad ha cambiado, es más amplio, y ya no es sinónimo simplemente de orden público sino de bienestar. Esto supone tener en cuenta todos los aspectos que componen la rutina diaria de las personas y que determinan su calidad de vida. En muchos de ellos la Policía Municipal tiene un papel importante.

Se trata de interactuar de forma natural con los vecinos de nuestros Ayuntamientos para asistirles en sus necesidades básicas que les permiten sentirse seguros. Todo este planteamiento se puede reducir a que el ciudadano tenga la certeza de que en caso de necesidad tendrá a su lado un policía municipal que le ayudará. Esto no supone en absoluto la renuncia a ninguna de las competencias actuales de la Policía Municipal sino prestar más atención a la dimensión humana de nuestro trabajo. En definitiva, volver en cierta medida a los orígenes de las Policías Municipales.

—Aclara también que no es que quiera plantear una policía de samaritanos …

—Claro, junto a la labor humanitaria nuestra policía tiene otras que se pueden calificar como represivas, igual de legítimas son las unas y las otras. Todas contribuyen al bien común. La persecución del delito, de las infracciones administrativas por ser un órgano municipal, son competencia también nuestra y se deben desarrollar con la misma energía y eficacia.

—¿Implicaría más competencias y más plantilla?

—Son dos preguntas en una. Respecto de las competencias, no necesariamente supondría asumir nuevas competencias. Se trata en mayor medida en recuperar los valores que inspiraron la creación de las Policías Municipales tales como vocación de servicio, cercanía, respeto y otros muchos. Si conseguimos acercarnos a este objetivo basta con redireccionar nuestras claves de actuación y centrarnos en aspectos propios de nuestra naturaleza como cuerpo policial de ámbito municipal con toda la riqueza que ello implica. Respecto del aumento de la plantilla, todas las Policías Municipales de España tienen motivos para pretender un aumento de la misma. Los Ayuntamientos, salvo alguno, siempre están escasos de recursos y esto lo sufren las Policías Municipales que ven como sus plantillas están muy ajustadas. En el caso del Ayuntamiento de Ponferrada, esta circunstancia es muy notoria pues es un Ayuntamiento con unos recursos que no se corresponden con las necesidades de una población y extensión geográfica tan grandes. Nuestra plantilla está aumentando hacia lo que sería una ratio de policías adecuada al número de habitantes y a una geografía del municipio muy complicada y núcleos de población dispersos.

—¿Es una nueva propuesta a nivel nacional?

—El libro es una propuesta de reflexión al lector, no tiene carácter dogmático pretendiendo que se conozca mejor a la Policía Municipal como instrumento del Ayuntamiento para garantizar la convivencia pacífica de los vecinos. Por lo tanto considero que es una propuesta válida para cualquier Ayuntamiento de España y cualquier Policía Municipal.

—¿Ha trabajado mucho tiempo hasta sacar este libro?

—Dos años desde que empecé a escribirlo hasta su reciente publicación.

—Su propuesta parte de realidades como la soledad, los nuevos peligros para los jóvenes, la ciberseguridad…

—Por eso hablo de la necesidad de adaptarnos a las nuevas realidades. La forma de convivir en las ciudades está cambiando, la forma de nuestras ciudades está cambiando y nosotros debemos asumir y dar respuesta a esos cambios. La soledad es un problema muy presente en el ámbito urbano y es un factor de riesgo para la seguridad individual y de la comunidad. Genera además de injusticia, aislamiento y desconfianza. No podemos permitir que el concepto vecino pierda su dimensión humana y social. Soledad es sinónimo de problema y los problemas generan conflictos. Los jóvenes tienen su propia perspectiva de la vida, siempre distinta, novedosa y con ello tienen distintos problemas, debemos entenderlos y ayudarles en su afrontamiento. En esta tarea creo que nuestra labor puede ser de mucha utilidad. La sociedad actual es una matriz de cambios permanentes y debemos adaptarnos como parte de esa sociedad si no queremos quedar obsoletos.

—Dice en el libro que los policías municipales «son los ojos y los oídos de los Ayuntamientos». ¿Su propuesta no puede entrar en «competencia» con otras policías como ocurre ahora en algunas funciones de seguridad?

—Es una afirmación clásica en nuestro ámbito policial. Somos los principales suministradores de información de los Ayuntamientos. No hay conflictos con otras policías, nadie sobra a la hora de garantizar la seguridad ciudadana. Es una simple cuestión de coordinación. Todas las policías perseguimos los mismos objetivos.

—¿Está preparada la Policía Municipal igual que otras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a nivel teórico y práctico?

—Sí, en todo aquello que es de su competencia.

—Confiesa que se ha encontrado con «malas personas». ¿Ha conocido muchas?

—Muy pocas. Considero malas personas a las que hacen daño a los demás conscientemente e indolentemente, no siendo capaces de pedir perdón ni de concederlo. La inmensa mayoría de las personas son buenas, dispuestas a ejercer su humanidad.

—Si hubiera otra pandemia como en el año 2020, ¿cree que la Policía Municipal debería asumir el mismo trabajo o han quedado aspectos por cubrir que ahora son visibles, y que podría llevar a cabo la Policía Municipal?

—Debiéramos hacer lo mismo que hicimos. Estuvimos al lado de los más necesitados, de los que no tenían a nadie que pudiera ocuparse de ellos. Garantizamos la seguridad de nuestros vecinos en momentos muy difíciles e intentamos animarlos. Ha sido una experiencia que nos ha enriquecido como personas y como policías.

«Las policías municipales deberían asumir más competencias sociales»
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