miércoles 08.07.2020
Memoria histórica

Veinte años de ‘Los 13 de Priaranza’

El presidente de la ARMH recuerda cómo dio con la fosa donde yacía su abuelo, Emilio Silva Faba, y doce hombres más
Exhumación en octubre de 2000. BARREDO
Exhumación en octubre de 2000. BARREDO

Debajo de una nogal recrecida, en un triángulo de tierra entre la carretera N-536 y un camino vecinal. Así encontró Emilio Silva Barrera, tal día como hoy hace veinte años, la fosa donde yacía enterrado su abuelo, Emilio Silva Faba, y otros 12 paseados a las puertas de Priaranza del Bierzo. Aquel descubrimiento y la posterior exhumación de los 13 cuerpos en el mes de octubre serían el embrión de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), empeñada en romper el silencio que todavía entonces obstaculizaba la localización de los cuerpos de represaliados en la guerra de 1936 y durante la represión posterior a los familiares que se atrevían a preguntar.

Y lo que ocurrió, cuenta Silva Barrera en el artículo que acompaña esta página, no fue «ninguna operación política diseñada para dividir la sociedad y reabrir heridas», como han acusado a la ARMH los sectores reaccionarios, sino algo muy simple: «una persona que hace preguntas sobre su abuelo se cruza con otra que le da respuestas».

Emilio Silva Barrera, periodista afincado en Madrid y con raíces familiares en Pereje, había dejado su trabajo para escribir una novela sobre dos exiliados que volvían de Argentina con la intención de volar el Valle de los Caídos. Pero las notas para construir la trama de ficción y los frecuentes viajes al Bierzo le llevaron hasta la tragedia de su propio abuelo, dueño de la tienda de coloniales La Preferida en Villafranca del Bierzo, detenido, encarcelado y asesinado el 16 de octubre de 1936 junto a otros 13 hombres.

A Silva Faba, militante de Izquierda Republicana, ya le habían esquilmado los falangistas de Villafranca. Pero a medidos de octubre lo hicieron llamar de nuevo a la Casa Consistorial y no le dejaron volver a casa. «No sabemos lo que pasó. Quizá ya no le quedaba más dinero», explicaba ayer su nieto, que vuelve a contar cómo Silva Faba solo pudo despedirse de uno de sus hijos, al que entregó el reloj y un anillo con sus iniciales porque ya se temía lo peor.

Subidos a un camión de Gaseosas Olarte, los 14 hombres detenidos en Villafranca fueron trasladados de madrugada hasta la entrada de Priaranza del Bierzo después de hacer una parada para sacar de la cama a otro hombre al que también quería ajusticiar. Por el relato de Leopoldo Moreira, el único de los 15 que logró huir a la carrera cuando los bajaron del camión y que sobrevivió diez meses en los montes de Sotogayoso antes de que lo asesinaran también, Silva Barrera supo que su abuelo les había pedido a sus compañeros que le dejara morir el primero. No quería verles caer.

A la noche siguiente, la familia del hombre al que habían sacado de la cama, todavía hoy sin identificar, «pagó 50 pesetas» a los tres chavales de Priaranza y Villalibre que habían enterrado los cuerpos para que recuperan el cadáver en ropa interior. Por eso sesenta y cuatro años después, cuando el palista que escarbaba el terreno para exhumar la fosa dio con los restos a última hora del domingo 29 de octubre de 2000, encontraron 13 cuerpos y un hueco en la tierra.

Aquella no fue la primera fosa exhumada en el Bierzo. En febrero de 1998, los familiares de seis guerrilleros abatidos en una emboscada y sepultados en 1941 a las puertas del cementerio de Canedo recuperaban sus restos seis meses después de que este periódico se hiciera eco de su malestar porque el Ayuntamiento de Arganza, que desconocía el suceso, hubiera habilitado un aparcamiento sobre la tumba sin señalizar. Pero la historia de ‘Los 13 de Priaranza’ —así los dio a conocer la prensa— llegó mucho más lejos. Caló en los medios nacionales. Y fue el germen de la ARMH, que preside el propio Emilio Silva Barrera.

En el Paseo del Corro, así llamaban los niños de Priaranza al lugar de la fosa porque sabían que allí había muertos enterrados y el miedo les hacía ir de prisa, hoy hay una placa que lo recuerda todo para que la gente se pare a leer.

Veinte años de ‘Los 13 de Priaranza’