martes. 16.08.2022
ESTE, como otros muchos, ha sido un verano ardiente, en todo los sentidos del término. Uno verano tórrido y fogoso, con un Bierzo y una madre Galicia en llamas. El verano da para muchos desmadres pues al personal, llegado este tiempo, le gusta desmelenarse, salirse de la raya. Y luego llegan los percances. Incluso uno ha llegado a vivir algún contratiempo, además de extraordinarias aventuras. La vida no obedece a una lógica precisa, sino a pulsiones que en ocasiones pueden darnos quebraderos de cabeza. Este verano se ha estirado como una «culuebra» al sol, y por ende ha dado mucho de sí. He viajado y aun disfrutado de las míticas fiestas del Barrio de Vega, en Noceda, donde hacía algunos años que no estaba. En realidad, estas fiestas son un buen pretexto para reencontrarse con aquellos amigos y conocidos que uno no suele ver durante el resto del año, aquellos seres que viven en otros lugares, y aun en otros países, como es el caso de César, Carlos y Mari, que están en Francia, Elena, que vive en Méjico y Eva, que vive en Bélgica. Son muchos los nocedenses alejados de sus raíces. Y al ser humano, por lo general, le gusta volver a su útero materno. Me lo dijo Iván este verano: «cuanto más conozco otras tierras más me gusta la mía». Resulta inevitable que a uno le entre la morriña cuando tiene que dejar su pueblo para irse a otro lugar a trabajar. Las postvacaciones no le sientan bien a nadie, y menos cuando uno se ha sentido muy a gusto con los suyos. Sin embargo, no podemos olvidar que en todos los rincones del mundo hay gentes con las que uno puede intercambiar pareceres, gentes y tierras maravillosas. Este verano me ha resultado especial, no porque haya sido mejor que otros, sino porque tengo la impresión de haber experimentado muchas emociones. Principié las vacaciones en el Levante, luego regresé al Bierzo para descansar unos días. De nuevo emprendí viaje Inter Rail por algunos países de Europa (unos días en Cap d'Agde fueron suficientes para quedar trastocado), volví de nuevo al Bierzo, a Noceda, para las fiestas del Barrio y aun para la reunión de «tamboriteros», que organizó el Colectivo cultural La Iguiada, y una vez más viajé a Francia e Italia hasta finales de agosto. Un verano intenso y movidito. Y encima a Noceda le ha tocado sacar la Encina. Como para no olvidarlo.

Verano ardiente