miércoles 18/5/22

Feijóo confía en que Vox se desgaste al entrar en CyL en su primer gobierno

Génova acota el pacto con Abascal a Mañueco aunque los sondeos apuntan a que la coalición se repetirá en Andalucía
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El PP no ha logrado diluir el impacto del acuerdo de Gobierno con Vox en Castilla y León en el futuro inmediato de Alberto Núñez Feijóo. De nada sirvieron los intentos de los populares por acelerar los trámites de la investidura para que Alfonso Fernández Mañueco fuese reelegido antes de que el líder gallego cogiera el timón en Sevilla, a fin de no sentar un precedente en su política de pactos. Los plazos se dilataron y la alianza con la formación de Santiago Abascal se fraguó con la mudanza en la séptima planta de Génova ya completada, por más que la nueva dirección atribuya el pacto a la etapa de Pablo Casado.

En el entorno de Feijóo ven la alianza como «un acuerdo puntual» que no marcará el resto de movimientos, aunque hay territorios en los que se recibió con cierto alivio el paso dado por Fernández Mañueco, convencidos de que habrá réplicas en el próximo ciclo electoral. En la cúpula del PP confían en que, una vez que ha tocado poder y ha accedido a cuotas de responsabilidad, Vox comience a desgastarse víctima de su inexperiencia y poder empezar a recuperar así a la legión de votantes fugados a sus filas.

CONSEJERÍAS CÓMODAS EN LA JUNTA

Feijóo, que evita mirar de frente a la formación de extrema derecha, aspira a conseguir una mayoría lo suficientemente amplia —ensanchando su base electoral a derecha e izquierda— como para estar en condiciones de exigirle a Abascal que asuma su responsabilidad de dejar gobernar al PP sin exigir puestos a cambio.

Otra cosa es la aritmética parlamentaria que arrojen las urnas. Vox, sin embargo, está decidido a aprovechar su entrada en el Gobierno de Castilla y León para venderse como gestores confiables y ganar así en capacidad para atraer un voto más centrado. De ahí que haya rehuido consejerías conflictivas para evitar el deterioro que sufrió Ciudadanos en su día. «Buscan carteras que les permitan presumir de gestión, pero cómodas», constatan fuentes populares.

Posible adelanto a junio

El primer examen, en todo caso, está en Andalucía, donde Juanma Moreno deshoja el calendario ante un posible adelanto de las elecciones para el mes de junio. El presidente de la Junta de Andalucía lleva días rumiando la idea de anticipar unos comicios que, hasta hace muy poco, prefería celebrar en otoño. Pero el deterioro por la crisis, la escalada de la inflación y la rigidez del Gobierno autonómico al tener que actuar con un Presupuesto prorrogado le ha llevado a sopesar la convocatoria de las autonómicas antes del verano para afrontar mejor la marejada económica. «Estamos con una mano atada a la espalda», reconocen en el Ejecutivo andaluz.

El tiempo es la principal variale a tener en cuenta. Moreno tratará a corto plazo de conjugar la consolidación del proyecto de Feijóo al frente del PP y el previsible desgaste de Vox una vez toque poder. El mandatario autonómico sabe que ahora la marca del partido de Abascal «está de moda», al punto de que hay encuestas locales en las que Vox, sin candidato formalizado aún, obtiene resultados «espectaculares».

Las sondeos electrorales apuntan a que el partido de la extrema derecha podría rondar en Andalucía una cifra por encima de los veinte diputados. En diciembre de 2018, cuando por primera vez entró en las instituciones, logró doce asientos en el Parlamento andaluz. El último sondeo del Centro de Estudios Andaluces les concede 22 escaños frente a los 44 —la mayoría absoluta está en 55— que obtendría el PP de Moreno. Las dudas sobre el adelanto electoral deben solucionarse en este mes de abril, ya que el presidente solo tiene hasta el 3 de mayo para convocar antes de verano (julio y agosto son meses inhábiles para la celebración de comicios en Andalucía). Las fechas que suenan con más fuerza son el 12 y el 19 de junio.

Feijóo confía en que Vox se desgaste al entrar en CyL en su primer gobierno