sábado 21/5/22
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Tras varias semanas de vicepresidente virtual, casi desde la misma noche electoral del pasado 13 de marzo en la que el líder nacional de Vox, Santiago Abascal, le vio ya cara de número dos de la Junta de Castilla y León, el joven Juan García-Gallardo Frings (Burgos, 1991) ha exhibido el poder que le dan los 13 procuradores obtenidos por su partido y a la vez ha tenido que lidiar con las críticas por carecer de una Consejería propia.

García-Gallardo se va a convertir hoy en el cargo institucional más importante de Vox, que por primera vez accede a un gobierno autonómico en España, cuyos ecos han llegado a las instituciones europeas, recelosas hacia el auge de partidos de ultraderecha que puedan condicionar el futuro de la Unión a través de políticas proteccionistas. Oficialmente tomará posesión de su cargo como vicepresidente del Ejecutivo autonómico, pero lleva semanas respondiendo preguntas como máximo representante de Vox en Castilla y León y como cabeza visible de su partido en el Gobierno, todo ello matizado por la estructura vertical de su partido, que conlleva que las decisiones importantes llegan directamente desde su dirección nacional.

Tiene contento a Abascal y sus más estrechos colaboradores, quienes le ven como valiente por defender sin muchos matices las ideas principales del partido en materia de violencia de género, cuya existencia niegan y sobre la que piden referirse como violencia intrafamiliar, en materia de inmigración, en contra de la memoria histórica, la limitación de las políticas medioambientales verdes, y en su discurso crítico hacia el papel de Europa, que han marcado buena parte de las dudas en su negociación con el PP en Castilla y León.

Hasta su desembarco en la política, llevaba unos años en Madrid, donde se trasladó desde su Burgos natal para desarrollar su carrera profesional en el bufete de abogados de su familia, defensor de los intereses de la familia Ruiz Mateos en varios pleitos y también de los intereses de exaltos cargos del PP como Tomás Villanueva en los casos de supuesta corrupción de la Perla Negra y las Eólicas.

Lo que sí ha matizado entre la campaña electoral y las semanas que lleva de negociaciones con Mañueco es su consideración hacia él, ya que ha pasado de ironizar sobre la tardanza del presidente en acabar sus estudios de Derecho, de acusarle de disfrazarse de granjero y de llamarle abiertamente «progre», a defender su decisión para cerrar un acuerdo con Vox. Pese a que su partido ha hecho bandera de la caza, la pesca y los toros, reconoce que él no caza, mientras que en la tauromaquia tuvo que esperar a los 18 años para ser «iniciado» por un amigo con una corrida en Las Ventas.

Su otra ‘debilidad’ son los viajes por el mundo, Interrail e India incluidos, «para conocer otras culturas», con amigos «budistas e islamistas».

Vicepresidente de todo y vicepresidente de nada