miércoles. 08.02.2023
SEMANITA TRUCULENTA de episodios nacionales ha sido esta que aquí muere. Una gente fue condenada por abandonar a su madre anciana con sus maletas en la pura calle (había tenido dieciocho hijos como quien tiene una camada de raposos o tres nidales de cuervo). A la puerta del Parlament y a la intemperie fronteriza de lo vasco han dejado también a la abuela España sentadita, desabrigada y deshauciada para ver quien tiene arrestos para recogerla; háganse cargo, dijo Rovira; arrekasko kalera y ahí te las compongas, firmó Ibarreche; también los gallegos en Bloque hablan de España desde ajeno; el valenciá se apunta al rebufo; y se vistió después Ibarra de hijo dolido y sublevado por estas tirrias filiales, pero en su propia casa le dijeron «Ibarrete, Ibarrete, si no sabes torear, pa qué te metes»; y el pobre concluyó: en la fraternidad española manda Caín y manda güevos; echad de casa a la abuela patria, oh ruviras y maragales que aborrecen el nido, que ya no es madre la paisana y está chocha o demenciada, secas sus ubres, aquí ya no se mama, lo habéis ordeñado todo. Yo soy mi madre, dicen ahora los hijos en enfermiza pandemia. A la calle con la abuela... Nos viene de lejos la costumbre del dehaucio al dolido o moribundo. Por ejemplo, los astures, que son abuelos de nuestra memoria y el orgullo arcaico de nacionalismos de pedo histórico, cuando tenían algún miembro de la familia o del clan atacado de dolencia incurable o desconocida, se desentendían de cualquier obligación o cuidado, le llevaban a un cruce de caminos y allí le abandonaban a su suerte en la creencia piadosa y falsa de que pasaría por el lugar alguien que conociera el mal y se lo curara o le socorriera (al final, sólo la muerte se presentaba y resolvía el caso como es su costumbre). ¿En qué cuneta y cruce de caminos buscamos hoy a esta nación que se fractura?... ¿Quién la auxiliará?... ¿Y dónde están sus maletas?, porque a la pobre la dejan en sayal y con toquilla, desvalijada. Pregunta a los políticos que, como hombres, se dividen en dos tipos, los que quieren dinero y los que no saben lo que quieren, en cuyo caso, y a falta de ideología o del programa histórico que se fumaron, inventan nuevas naciones, nuevos agravios regionales y pescan votos con el cebo fácil y bastardo de echar todas las culpas al vecino y a la abuela.

A la calle
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