jueves. 02.02.2023
RAZÓN aquí, y este anuncio va en serio. Aparte de lo que debo al banco soy tan pobre que nadie se ha molestado en hacerme un dosier. Fue lo que me dijo el otro día, cuando intentaba renegociar la hipoteca, un sujeto con corbatín que estaba al otro lado de la ventanilla: «Comprenda usted que con su nómina, los antecedentes de la visa, sin avales de ningún tipo, etcétera, nos resulta imposible renovarle el crédito si no trae por lo menos un dossier... Es demasiado riesgo para nosotros financiar a un pobre que, encima, parece honrado». Si no tienes un dosier no eres nadie y, al contrario, siendo un golfo, se te abren todas las cajas fuertes, aunque sólo sea por corporativismo y solidaridad profesional de los ladrones. Ojo al cristo porque en las alturas empieza otra guerra de dossieres, o como se diga en cristiano, lo que significa que hay mucha pasta gansa en juego. Los periódicos están sacando por capítulos, digamos que en cómodos plazos, uno que le han hecho a medida nada menos que al presidente del BBVA, Francisco González, por aquello de que el Gobierno quiere moverle la silla en el piso que está encima de donde los demás no somos solventes. Y se anuncia también que en su día aparecerá otro sobre los créditos concedidos por Argentaria a la familia del ex ministro Rodrigo Rato, ahora secretario del Fondo Monetario Internacional (FMI), camino de presidente del Banco Mundial, si no es ya lo mismo, pero que, en todo caso, tiene tratamiento y rango de jefe de estado, o sea de Alí Babá. A modo de guarnición de ambos platos se iniciará igualmente en fechas próximas el juicio oral contra la antigua cúpula del BBV, empezando por el propio ex presidente Ibarra, por autofirmarse prejubilaciones millonarias de muchos ceros que nunca verá en su vida el ciego del cupón de la Once. Le da a uno en la nariz, y eso que fuma demasiado, que con todo este movimiento de cuentas nada corrientes va mejorar otra vez mucho el rancho y la calidad de vida en la cárcel de Carabanchel, como cuando metieron en el trullo a Luis Roldán y Mario Conde. Y, dado también que hay que tener consideración social hacia los presos y demás clases desfavorecidas, limitémonos a señalar que más de uno va a pasar de preboste financiero con muchos humos a rey del pollo frito. Aunque sea a las finas hierbas. No es que a estas alturas de la hipoteca -total, son treinta años y un día- importe demasiado la suerte que puedan correr Rato o Francisco González. Interés por interés y descubierto por descubierto, por nosotros que tiren de la manta. Lo que debe haber debajo tiene pinta de ser pornografía contable pura y dura, de la que invita a comentar las fotos de Mar Flores con su último novio de playa en el Hola con un admirativo «coño, sigue teniendo tetas de novicia». Parlamentando después de la partida sobre éstas y otras cuestiones en la tasca del pueblo, donde nos hemos conjurado todos para no hablar del Plan Ibarretxe, y ya iba siendo hora, algunos hemos llegado también a la conclusión de que se podría reflotar la flaca economía de la comarca -y da lo mismo cualquiera- abriendo un kiosko de dosieres. Se empieza por un pequeño kiosko de contratas de los últimos cinco o diez alcaldes y, a poco que se haga memoria luego de chollos urbanísticos, hasta el tonto del pueblo puede hacerle la puñeta al presidente de la caja de ahorros y quedarse con la combinación. «Es cuestión de ir turnándose en los dossieres para que dé para todos», concluyó el tabernero, que se sabe de memoria las cartas que marca cada uno. Volvemos a lo peor de la transición democrática allá por los años ochenta. cuando se cultivaba con primor todo tipo de dossieres, tanto de cintura para arriba (la cartera) como para abajo (lo otro que cuelga). Se empieza por el BBVA y se corre el riesgo de acabar, a lo tonto, dosireando chistes fáciles de palacio, total está a un paso, como le pasó a Narcís Serra con Ángel Cristo cuando cierta leona que dio mucho que hablar. En aquella época salíamos, como poco, a dossier por semana y llegó un momento que llegaron a empachar al propio Felipe González, al que se los cocinaban Luis Roldán y Rafael Vera, entre otros. Al final, si no hemos instalado una fábrica de dosieres en el pueblo, ha sido porque nos ha convencido el secretario municipal, que tiene poco talante pero bastante buen criterio, al contrario que el Gobierno. La cuestión se zanjó con un escueto «¿Os imaginais todos rebozados en la cuadra?». La reunión se disolvió definitivamente al llegar el señor cura después de hacer seis horas extraordinarias en el conferionario con los viejos y viejas del lugar. «Lo que no sabrá éste», blasfemó no sin cierta admiración el último que queda de Izquierda Unida al salir de la cantina.

Pobre vendería dosier
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