miércoles. 08.02.2023

Hablamos otra vez de la leche-leche que hoy ya no se estila y que antes llegaba gorda al tazón del desayuno o en nata-requesón a la rebanada, merienda de la crianza, saliendo a colación las afamadas lecheras de Carbajal de la Legua y de Villaobispo de las Regueras que cada día, bien de mañana, venían en burra de alforjas o en bici cantarera a esta ciudad a vender por las casas el «blanco néctar de la consorte del toro» o en la misma calle.

Las de Carbajal, además, traían en verano unas peras que tuvieron su fama. Como necesariamente tenían que pasar todas frente a la tienda de mi padre y muchas entraban o ataban la burra, nos eran familiares, especialmente una que me daba tres perucos si le sujetaba la pollina. Había que ver a las que venían en bici pedalear en la fatigosa cuesta del Polvorín con soles o inclemencias, cargadas y tras horas de ajetreo subiendo y bajando escaleras… recias mozas, rediós… evocaban ese rudo refrán de por aquí: «La buena moza, que haga poza».

Sin embargo, circulaba entonces una leyenda que provocaba cara de asco y de nunca jamás a quien la escuchaba… dicen que le dijeron que una lechera de Carbajal dijo que las de Villaobispo añadían agua a la leche y que, para despistar al densímetro de los guardias que vigilaban la pureza del género, meaban ahí, pues los orines tienen al parecer puta la gracia de restablecer la densidad… las de Villaobispo, naturalmente, decían exactamente lo mismo de las de Carbajal o del todo alfoz lecheril. Pero al poco, entre las nuevas fábricas de leche y la leyenda de los meaos, las lecheras se extinguieron. Pudieron afrontar los nuevos tiempos poniéndose de acuerdo para cubrir garantías sanitarias y comprar dos o tres camionetas de reparto con las que hubieran seguido vendiendo diez veces más, pues la clientela leal ya la tenían y crecía la gente a la que la leche ya nunca le sabía a leche. Pudieron. Pero la palabra cooperativa está proscrita en tierra de cazurros.

Y con el «cuento» de estas lecheras ya puedes explicarte todo lo demás.

Somos la leche
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