miércoles. 06.07.2022
                      Los niños y sus madres fueron a despedir ayer la caravana humanitaria que espera Ucrania en poco más de dos días. RAMIRO
Los niños y sus madres fueron a despedir ayer la caravana humanitaria que espera Ucrania en poco más de dos días. RAMIRO

«Aún no ha muerto la gloria ni la libertad de Ucrania. Aún a nosotros, hermanos compatriotas, nos sonreirá la fortuna». Decenas de ucranianos afincados en León afinaron su himno, un grito de guerra en sí mismo, durante la salida del convoy que parte en estos momentos hacia la frontera de España con Francia para seguir un camino de casi 3.000 kilómetros hacia el corazón de la guerra que libran Rusia y Ucrania. Ayuda humanitaria que se reduce a ropa de abrigo, comida de adulto y para bebés y productos sanitarios homologados, lo imprescindible en ciudades sitiadas y destruidas por la potente Rusia.

Y aunque esta icónica canción fue prohibida por la Unión Soviética en 1922 hoy suena en las calles de León como una fuerte reivindicación del pueblo ucraniano y de su identidad.

Arremolinados en torno a la expedición que fue flanqueada por la policía y la Guardia Civil, esos hombres, pero sobre todo mujeres, madres, que han trabajado sin descanso durante días para reunir toda la ayuda posible, lanzan gritos de apoyo a los suyos que suenan a fervor guerrero.

A modo de ritual, esas mismas mujeres van hablando una a una en corro y lanzan al viento sus propios deseos: «Queremos que esto acabe. Somos una nación muy fuerte gracias a nuestras tropas que están defendiendo nuestro país. ¡Viva Ucrania!», exclama.

Arranca la primera etapa: 1.500 kilómetros, cuatro camiones, casi 80 toneladas de material de primera necesidad, un equipo de trece personas de apoyo y un sueño común: impedir que la ingente flota se quede embolsada, como ya está ocurriendo con muchos camiones en la frontera

«¡Viva Zelenski, que está luchando como un patriota más. Tenemos el corazón allí», dice ya con lágrimas en los ojos Lyudmyla Snaiska. Pero sólo está traduciendo las palabras que ha dicho su madre, aterrada al saber que su familia, al pánico de los bombardeos, se suma la hambruna de muchos pueblos y ciudades, como la suya, Kerson, una de las primeras en ser atacadas por Rusia y también una de las que más está sufriendo el cerco de las milicias que impiden cualquier intento de introducir la ayuda humanitaria.

Por eso, la Asociación de Amigos del Pueblo Ucraniano en León ha tejido una red de contactos previa a la llegada del material «para que existan garantías» de que llega dentro del país, y a los más vulnerables. «A esos que están encerrados, a los que no se les permite salir ni a la calle».

Es «la mayor esperanza» que nos queda, lamenta Olga Maslovska. El intento del destino final es Kiev, pero será la Embajada española, a través de las ONG, es la encargada de encontrar la logística adecuada para el reparto. Pero comer se hace cada día más difícil y mucha de la ayuda humanitaria que llega hasta allí se queda en manos de los refugiados que huyen por esta frontera.

«Ucrania no ha muerto».

Ritual de madres con ardor guerrero
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