domingo 5/12/21
Mari Luz López Pérez

«Soy celadora, me contagié en Urgencias, no tuve la necesaria protección»

Mari Luz López Pérez se contagió de coronavirus a finales de marzo de 2020, cuando apenas se sabía nada del virus y había pocos medios de protección. Pasó mes y medio aislada, ingresó con una neumonía y perdió seis kilos. El neumólogo le vigila las secuelas
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LUIS DE LA MATA

En plena primera ola de coronavirus, en marzo de 2020, Mari Luz López Pérez, celadora en el Hospital El Bierzo, de 55 años, se puso enferma. Los síntomas que padecía le hicieron temer desde un principio que podía estar contagiada por el virus, que en esas fechas era aún un gran desconocido y del que apenas se sabía cómo se comportaba. Las primera PCR que le realizaron dio negativa, lo que llevó a su médico a diagnosticarle una gripe. Después llegó el empeoramiento de su salud, la neumonía, el ingreso hospitalario y unas secuelas que veinte meses la mantienen con revisiones en el servicio de Neumología y una fatiga recurrente cuando realiza algún esfuerzo y que no acaba de desaparecer.

Mari Luz comenzó con los síntomas el 30 de marzo de 2020. Ese día había otros 94 pacientes ingresados por coronavirus en el Hospital El Bierzo, once de ellos en la UCI. Esta celadora tiene claro que se contagió unos días antes, sobre el 32 de marzo, mientras trabajaba en el servicio de Urgencias. «Los celadores no teníamos la protección suficiente. Ese día en el servicio de Urgencias había ocho personas positivas y otras nueve probables que estaban pendientes de diagnóstico Yo tenía puesto el mono, pero sin mascarilla FFP2. Me pasaron a Urgencias y pedí una mascarilla con más protección. Me dijeron que no había para mí, que no las necesitaba, así que entré con una quirúrgica».

Dos días antes, el Juzgado de lo Social 1 de León ordenaba a la Consejería de Sanidad suministrar «con carácter urgente e inmediato y de forma continuada» material de protección para evitar contagios por el coronavirus al personal que trabajaba en los centros hospitalarios y asistenciales públicos y privados de León y en los servicios de emergencias. El Juzgado aceptaba la solicitud de medidas cautelarísimas presentada por el Colegio Oficial de Médicos de León. Una orden que fue recurrida por la Junta de Castilla y León.

«El problema es que a los celadores no nos consideraban personal sanitario, y no nos daban la protección que tenía el resto del personal», recuerda Mari Luz. «Ese día entré en Urgencias y estuve una hora trabajando con pacientes covid, los tenía que trasladar para que les hicieran las pruebas en rayos, ayudar en los cambios de pañales, cambios posturales, llevarlos a las plantas cuando necesitaban ingresos hospitalarios, los subía en el ascensor, que es un recinto cerrado. Yo iba con una mascarilla quirúrgica, con poca protección. Hubo otro día anterior que también trasladé a pacientes covid. Recuerdo que los sacaban al pasillo y yo los recogía para trasladarlos. Llevaba la bata verde, una mascarilla quirúrgica y los guantes. Atendí varios ingresos ese día. Tengo claro que me contagié en ese momento porque trabajé con muchos pacientes y sin la protección adecuada».

Con pocas pruebas de detección del virus y con escaso material de protección, los trabajadores sanitarios se enfrentaron a una pandemia de la que apenas se conocía en aquel momento la punta del iceberg. El propio director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias, Sanitarias, Fernando Simón, reconoció en una visita a León el 9 de septiembre de este año que las medidas de control del virus iniciales fueron como «matar moscas a cañonazos» porque «sabíamos muy poco de lo que realmente pasaba, sobre cómo se transmitía el virus, no sabíamos lo que significaban las pruebas de anticuerpos, teníamos pocas herramientas y pasamos a la acción más drástica». Así se vivió en la calle y en los hospitales. Mari Luz recuerda que ante la escasez de medidas de protección «nos decían que no pasaba nada, que no nos contagiábamos. Ahora sabemos que el virus se transmite por aerosoles y no por contacto con la superficie. Eso antes no se sabía. Íbamos sin gafas y sin las mascarillas adecuadas. Aún así pienso que se contagiaron muy pocos trabajadores para lo que podía haber sido».

El primer paciente con coronavirus de la provincia ingresó en el Hospital El Bierzo el 1 de marzo de 2020. «Los contagios aumentaban cada día y como en el trabajo no nos daban las suficientes medidas de protección yo tenía miedo de infectar a mi familia. Por eso, desde el principio, llevaba siempre la mascarilla puesta en mi casa. Me preocupaban mi marido y mi hijo. Dormía en una habitación sola, utilizaba un baño aparte y comía en una mesa separada de ellos. Para mí está claro que yo me infecté en el trabajo porque ni mi marido ni mi hijo se contagiaron con el virus».

El 30 de marzo notó los primeros síntomas. Comenzó con fiebre y entonces se aisló totalmente en la habitación. «Los síntomas aumentaban. Tenía mucha fiebre, diarrea, un fuerte dolor de cabeza. En el servicio de Medicina Preventiva del Hospital me hicieron la PCR y dio negativo. Me dijeron que lo que tenía era una gripe normal, pero permanecí aislada en casa dos semanas». El médico llamaba todos los días y después de cinco jornadas le dijo que tenía covid, que en el análisis los anticuerpos IgG e IgM estaban muy altos. «Me mandaron paracetamol, nolotil y un antibiótico, pero la noche número catorce la pasé muy muy mal, fue horrible». Entre los síntomas que refería a su médico no estaba la falta de oxígeno y la sensación de no poder respirar. «Hablaba con mi hermano por teléfono y me decía que me notaba afligida, pero yo no tenía sensación de fatiga ni de respirar mal. Lo único que yo esperaba era empezar a encontrarme mejor». Pero no fue así.

Los síntomas empeoraban. «A los 14 días, después de pasar una noche horrible, me puse la mascarilla y mi marido me llevó al hospital. Me dejó en la puerta y se marchó. Los familiares no podían pasar. Entré en la carpa que estaba instalada en la puerta, donde se atendía a los pacientes que llegaban con sospechas de covid. Me midieron la saturación y me hicieron una radiografía. Ahí vieron la neumonía. Por suerte no era una neumonía bilateral, sólo estaba en el lado derecho. En ese tiempo perdí seis kilos. Me ingresaron y estuve siete días en la planta covid. Tenía muy altos los niveles de inflamación. Al principio de la pandemia era lo que indicaba un ingreso en la UCI, pero me pusieron cortisonas y respondí rápido. Nunca tuve miedo de ir a la UCI, estaba segura de que me iba a ir bien».

A pesar de la enfermedad, todas las pruebas PCR que le hicieron resultaron negativas. «Cuando me dieron el alta mi médico me dijo que podía contagiar porque los anticuerpos estaban altos, así que seguí aislada en mi casa, así estuve mes y medio. Afortunadamente vivo en una casa con una finca alrededor y empecé a salir sola con la mascarilla. Los primeros días no podía ni andar, a los diez minutos me tenía que sentar». Después de tres meses de baja se incorporó a su puesto el 30 de junio de 2020, pero todavía hoy siente un dolor en el pecho cuando sube las escaleras o realiza algún esfuerzo. «Me fatigo mucho. Me han visto una mancha en el pulmón y no saben decirme si estaba ahí o es una consecuencia del virus».

Aunque su baja es por accidente laboral, el INSS le deniega el recargo en las prestaciones por trabajar sin medidas de protección. «A las enfermeras sí se les reconoce, pero a los celadores no. Lo tengo denunciado. Yo creo que no me dieron la protección adecuada. Después de esa primera fase llegó material, pero al principio fue terrible para celadores y personal de limpieza».

«Soy celadora, me contagié en Urgencias, no tuve la necesaria protección»
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