miércoles. 08.02.2023

«‘Cabaret Biarritz’ retrata los años veinte, frenéticos y maravillosos»

Aristócratas, prostitutas y criados pueblan la novela de José Vales, ganador del Nadal.
El escritor y traductor zamorano José C. Vales.

El escritor zamorano José C. Vales, ganador del Premio Nadal con Cabaret Biarritz, retrata en esta novela los «frenéticos y maravillosos» años veinte «como si fuera un paisaje».

En una entrevista, Vales explicó que retrata ese paisaje a través de los recuerdos de una treintena de testigos que participan en una investigación sobre unos crímenes que han ocurrido en 1925, personajes tan variopintos como «aristócratas, buscavidas, prostitutas y criados».

El mediador de todas las voces que van apareciendo en la novela es un periodista y los testigos de los sucesos investigados son todos esos personajes «que no siempre dicen la verdad, aunque el único que lo sabe es el lector, porque es el único que sabe que se trata de una novela».

Para Vales, los alegres años veinte, «cuando el mundo salía de una verdadera catástrofe y la gente quería beberse todo el champán posible», resultan interesantes para el novelista porque están poblado de gentes que «aprecian en todo su valor la libertad y la pasión», entre ellas «mujeres que deciden ser valientes y libres».

De hecho, el autor zamorano decide que esos personajes femeninos den un paso más: «Hay flappers —mujeres alegres— que viajan en descapotables rojos, montaban en globos aerostáticos y disfrutaban del amor con los hombres y mujeres que deseaban».

En los años veinte, además, empiezan a aflorar las vanguardias, que «despertaron un sentimiento de rechazo frente a lo nuevo y extravagante» como testimonia una escena en la que una flapper ironiza sobre el cubismo. Vales intenta encontrar un equilibrio en la narración que muestre ambas caras de la sociedad: «Una hermosa y otra caótica, que se basa en la propia idea que tengo del mundo, en la que conviven elementos sublimes, terribles, maravillosos y espantosos».

Aunque Cabaret Biarritz, que estará en las librerías el próximo 3 de febrero, editada por Destino, podría ser catalogada dentro del género negro, piensa Vales que la novela se encuentra en «la frontera entre la investigación policial y la indagación sentimental, puesto que hay personas que intentan recuperar el amor de la adolescencia».

«Todo comienza con un aparente suicidio», señala Vales, quien subraya que esa investigación se produce «en una ciudad que intenta ocultar todos los vicios y las sucias pasiones».

Aunque su admirado Romanticismo, tan presente en su primera novela, El pensionado de Neuwelke, es ya un movimiento concluido y superado en los años veinte de Cabaret Biarritz, opina que «pervive prácticamente hasta nuestros días en el comportamiento y la mentalidad occidental».

El humor atraviesa toda la novela ganadora del Nadal, porque, como dice Vales, «es un rasgo del que no puedo prescindir» y añade: «Frente a los que creen que la narrativa debe ser útil o entretenida, siempre he optado por una literatura divertida y entretenida».

«Una buena historia»

Su axioma literario ahonda sus raíces en la literatura decimonónica que tanto admira y ha estudiado Vales: «La literatura es tan sencilla como contar una buena historia que entretenga y divierta al lector, como cuando Dickens, en uno de sus cuentos de Navidad, reunía a viajeros, peregrinos y vagabundos en torno a una chimenea y les ofrecía un festín y una buena historia».

Confiesa que el periodista investigador podría ser una suerte de trasunto de él mismo: «Es un escritor de encargo, que hace las novelas que le piden, y yo he hecho de todo en el mundo editorial. Este escritor ha pasado cosas que también a mí me han sucedido y ambos hemos vivido en el sótano de una peluquería».

Siente Vales que a pesar de que el mundo de El pensionado de Neuwelke «no tiene nada que ver con el de extravagancia y libertad absoluta de esta segunda novela», la primera le permitió descubrir un modo de escritura que le «divertía muchísimo, que bebe en Dickens, Jane Austen, Anthony Trollope o Wilkie Collins, una manera de escribir que ahora se ha pulido en Cabaret Biarritz».

Vales opina que la novela no desaparecerá como han ido anunciando pesimistas y agoreros desde el siglo XIX, porque «siempre tendrá futuro el gusto de las personas por escuchar historias»: «Necesitamos de la ficción para evadirnos o para que nos proporcione elementos que nos permitan conocer mejor el mundo».

Vales ve factible una posible adaptación cinematográfica de Cabaret Biarritz, pero «por la estructura de crónica periodística, el guión debería revisar profundamente la novela».

«‘Cabaret Biarritz’ retrata los años veinte, frenéticos y maravillosos»
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