miércoles 20.11.2019
PATRIMONIO

Arte rupestre leonés listo para quemar

Los incendios, la maleza y la apertura de pistas forestales amenazan a los petroglifos
Juan Carlos Campos en Peñafadiel. AMANDO CASADO
Juan Carlos Campos en Peñafadiel. AMANDO CASADO

Han sobrevivido más de cinco milenios, pero podrían desaparecer «por casualidad». Los petroglifos descubiertos en los últimos años en la provincia, gracias al tesón del astorgano Juan Carlos Campos, un aficionado a la arqueología que ha contagiado su pasión a decenas de ‘buscadores’ de arte rupestre, siguen siendo invisibles. La Junta apela a que son Bien de Interés Cultural (BIC) «por ley», tal y como establece la Ley de Patrimonio Histórico (artículo 40.2) para las «cuevas, abrigos y lugares que contengan manifestaciones de arte rupestre». «Las pinturas rupestres de Peña Piñera, en Sésamo, están llenas de grafitis y completamente rayadas. Si esta es la protección de un BIC, habrá que buscar otra», afirma Campos.


Lo cierto es que los petroglifos están desamparados, por mucho que la Dirección General de Patrimonio asegure que están documentados, especialmente los aparecidos en la Maragatería.

 

Muchas estaciones rupestres con grabados del Calcolítico, como ha constatado Campos, que con frecuencia hace ‘giras’ para comprobar su estado de conservación, están cubiertas por la maleza, lo que facilitaría su destrucción en caso de incendio.

 

Otros petroglifos están situados al borde de pistas forestales y cortafuegos y corren el riesgo de ser destruidos por las maquinas desbrozadoras. En Galicia ya ha ocurrido. Un incendio calcinó el castro de Oímbra, un tractor fracturó un petroglifo en un desbroce en Nigrán y otro quedó fracturado por un tractor en Campo Lameiro.

 

«Un cortafuegos pasa a escasos metros de la Peña Furada de Turienzo», lamenta Campos, quien propone colocar ‘cordones de seguridad’ en torno a los petroglifos y señalizarlos con letreros, porque muchos ayuntamientos ignoran que poseen estas manifestaciones de arte rupestre en su territorio.

 

Tampoco las empresas que llevan a cabo desmontes conocen la ubicación de los petroglifos, porque «ni siquiera figuran en la Lista de Bienes de Interés Cultural de la Junta».

 

Campos critica que la administración autonómica no haya aprovechado la «fiebre» por el arte rupestre que hay aún en muchas localidades leonesas para promover investigaciones científicas e impartir conferencias.

 

Hace diez años, los hallazgos de Campos alentaron a otros muchos aficionados a buscar grabados prehistóricos. «Los petroglifos descubiertos en la provincia de León son uno de los grupos de laberintos más difíciles de explicar », ratificó Jeff Saward, una autoridad mundial en arte rupestre.

 

 

 

La búsqueda se complica

 

Más de una veintena de altares rupestres han aflorado en la última década en León. El legado

 

prehistórico que dormía en León fue saliendo a la luz. Primero fueron los grabados de Peñafadiel, luego los de Lucillo, Peñamartín (en Chana de Somoza), en prácticamente toda la Maragatería, en el Bierzo, en los Ancares y en Alija del Infantado.

 

Ahora los hallazgos son cada vez más escasos y en lugares más recónditos. Marcos Alonso Blas, vecino de Lagunas de Somoza, localizó hace un año una nueva estación rupestre en el paraje conocido como La Fuente del Lobo, situado entre aquella localidad y Villar de Golfer.

 

Campos reconoce que los descubrimientos se producen con cuentagotas. Sin embargo, confía en que seguirán apareciendo. «Nos falta la Montaña Oriental, llena de calizas, rocas no muy duras donde, por fuerza, tiene que haber petroglifos», según Campos.

 

El arte rupestre leonés había sido invisible prácticamente hasta hace que Campos y otros aficionados, en su mayoría cazadores, pescadores, senderistas y vecinos de comarcas en las que empezaron a aflorar grabados del Calcolítico, se lanzaron a la misión de rastrear parajes poco transitados.

 

Para la mayoría, Campos se ha convertido en una especie de ‘tutor’. Le llaman ante cada posible descubrimiento y este ‘arqueólogo amateur’ acude para verificar si son petroglifos auténticos o simples ‘caprichos’ de la naturaleza.

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