sábado. 25.06.2022

La baja velocidad de Alix fascina en Photoespaña

El legendario fotógrafo leonés recrea con su cámara obras maestras del Museo del Prado en la exposición que abre el ciclo
                      Alberto García-Alix, ayer, en la inauguración. BENITO ORDÓÑEZ
Alberto García-Alix, ayer, en la inauguración. BENITO ORDÓÑEZ

Ahora que todo es alta velocidad, va Alberto García-Alix y elige la baja. Escapa como alma que lleva el diablo de estos tiempos digitales que sirven para manipular la realidad. Pero Alix no huye de su imaginación, ni de las herramientas y posibilidades que extrae de su genialidad y maestría con su cámara analógica, que es su gran extensión creativa. Decía el leonés hace tiempo que para él la pulsión fotográfica era lo importante y lo repetía en un Arco prepandémico añadiendo que eso no quería decir que se tratara de disparar sin ton ni son. Allí mismo, ya practicaba algo parecido a lo que ayer deslumbró en Photoespaña en su jornada inaugural. Protagonizada por él mismo con la muestra Fantasía en el Prado que el Jardín Botánico acoge hasta el 28 de agosto y que abrió así este gran festival en torno a la imagen que cumple 25 años.

La exposición reúne 35 sorprendentes trampantojos analógicos y anacrónicos. Así, en un formidable juego de dobles y triples exposiciones a baja velocidad, Alberto García-Alix (León, 66 años) mezcla la magia y la poesía de la pintura y la fotografía «cazando» fantasmas en el Museo del Prado. A lo largo de cuatro años el legendario fotógrafo ha deambulado por las salas vacías de la pinacoteca madrileña -desde el cierre a la medianoche-, para recrear con su cámara y aliado con el azar algunas obras maestras que ha pintado de nuevo con luz.

león autorretrato

Un enorme autorretrato el que el rostro del fotógrafo se funde con el león que Elena Bonheur pintó en El Cid, o la recreación de Las meninas son emblemas de esta exposición en la que García-Alix dice ofrecer «el metaverso de la fotografía y el Prado». «Me apropio de tiempo, luz y pinceladas. Tomo las de Goya para repintar su perro semienterrado, las de Velázquez, para rehacer Las meninas, he velado la Gioconda bajo un mancha terrorista de pintura blanca, me he adueñado del frenesí de Rubens para plasmar lo que él no se atrevió a pintar en su época», explica García-Alix con su voz cascada y apenas audible, ataviado con chupa y gorra motera. «Nada es comparable a la emoción que sentí trabajando con los cuadros, en comunicación con la historia, la política y el arte», asegura García-Alix, fiel a su Hasselblad analógica, al blanco y negro y a la técnica con la que trabaja desde hace 40 años. Admite que la tecnología digital ha transformado la foto pero él no se sube a un caballo «que no rechazo». «Lo digital tiene virtudes, pero con mi cámara analógica veo la luz en el visor y puedo tocar, oler y jugar con la película», se justifica. «Y tras la toma digital y su tratamiento hay una gran falsificación de la emoción del fotógrafo», lamenta.

Juego y curiosidad ¿Las claves para no desistir y seguir mirando el mundo a través del objetivo? «No perder la mirada poética, la curiosidad y las ganas de jugar. Tengo y mantengo un alma infantil, y por eso sigo cogiendo la cámara», explica risueño.

«cada cuadro es un mundo»

«Cada cuadro es un mundo y, como tal, lo he tomado para inventar y construir uno nuevo», admite el fotógrafo. Con su mirada y su imaginación, juega con la superposición de imágenes, con el enfoque y desenfoque, y con una pequeña linterna de movimiento vibratorio y su cámara como únicas herramientas. Así ha ‘repintado’ con luz obras maestras del Prado «creando fantasmagorías y otorgando misterio, tensión, movimiento a la pintura y dotando de carne y respiración a las esculturas», apuntan los organizadores.

«A veces no conseguía nada y era descorazonador, pero me enrabietaba y otras veces la felicidad era inmensa», explica García-Alix. «La fotografía es mirar con intencionalidad y eso es lo que hago», asegura.

La baja velocidad de Alix fascina en Photoespaña
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