lunes. 27.06.2022

Cuando Johnny cogió su pincel

Juan Carlos Uriarte, con su vida de artista y su etapa al frente de la librería Pisa del barrio de San Claudio, protagonizó ‘Entrelibros: una historia vivida con calma’
                      El acto celebrado ayer en la Fundación Sierra Pambley registró un lleno total. MARCIANO PÉREZ
El acto celebrado ayer en la Fundación Sierra Pambley registró un lleno total. MARCIANO PÉREZ

Un buen día, hace 33 años, que pronto serán 34, Juan Carlos Uriarte inició su particular desarme: dejó los libros (no de leerlos sino de venderlos) y cogió su pincel. Se ve que en su personal cuestión creativa se imponía ir ligero de equipaje. Ese pincel representa luego en el tiempo múltiples formas de hacer arte: pintura, grabado, escultura... Como si también tuviera claro que el arte sin artesanía, sin lo orgánico, se le iba a quedar corto para lo que luego han sido décadas de potencia creativa en donde León es testigo y homenajeado, y sede sus creaciones. Ayer tocaba hacer parte de inventario sentimental y fue protagonista de Entrelibros: una historia vivida con calma, acto celebrado en la Fundación Sierra Pambley, organizado y presentado por Marisa Valbuena, gran activo de la cultura leonesa, con lleno total.

Todo este asunto personal, compartido entre Valbuena y Uriarte, remite a una escenografía que correspondería a una película ambientada en los 70 y 80 y desarrollada en una librería, Pisa, la librería de Johnny, esto es Uriarte, y un barrio: San Claudio. En tiempos en donde las librerías casi tenían un doble fondo para que muchas publicaciones pasaran el corte de la censura. Es decir, puede que el escaparate no fuera lo más interesante. O al igual que el barrio de San Claudio, que se plagó de nombres italianos y que era un lugar en donde si en un chaflán de alguna cafetería se debatía el futuro ilusionante de una universidad para León, en el Nápoles, entre el humo libertario de los estudiantes, se imaginaba una democracia en condiciones, y puede que no más allá de dos calles, en otro local, se montara de repente una timba clandestina y crápula de primer orden. Fue San Claudio aquellos años imán para que en las 24 horas del día siempre pasara algo: bueno, regular o malo. Como dice Uriarte: «San Claudio era la tormenta perfecta». De aquellos tiempos queda la fachada de la librería Tauro, al lado del Instituto Padre Isla, que también sobrevive, y la puerta impertérrita del Equilibrio, pub histórico en el que puede que si se abriera la puerta aún se oiría el último acorde de una canción de Los Clash...

el encanto del barrio

El barrio perdía su encanto y Uriarte echaba el cerrojo, como empezaron a hacerlo otros locales y seguro que quedaron para siempre tantos sueños cumplidos como por cumplir. Y es así el punto de arranque de la vida de artista de Juan Carlos Uriarte, que nació y se crió en este barrio italiano de León en donde el paisanaje daba para un reparto solo con protagonistas. Su padre tenía la papelería en la calle Comandante Zorita, antecesora de Pisa, y que ahora, como un faro del pasado, pero con la fuerza del futuro, representa Elektra, en donde Alicia Elektra mantiene encendida la llama cultural del barrio. Heroína que logra que se vea a algún peatón del barrio con un disco o un libro bajo el brazo.

Cuando Johnny cogió su pincel
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