lunes 21.10.2019
LA GUERRA Y LAS OBRAS DE ARTE

El leonés que salvó el Museo del Prado

Arquitecto, pintor y director de la Junta de Salvamento del Tesoro Artístico puso a buen recaudo las obras de arte del Museo del Prado, que hoy le recuerda en un congreso
Roberto Fernández Balbuena retratado por Juan Rulfo. ARCHIVO
Roberto Fernández Balbuena retratado por Juan Rulfo. ARCHIVO

El 6 de noviembre de 1936 los aviones de la Legión Cóndor dejaron caer nueve bombas junto al Museo del Prado. El leonés Roberto Fernández Balbuena, prácticamente olvidado salvo en la localidad leonesa de Ardoncino, fue el responsable de poner a salvo 20.000 pinturas, 12.000 objetos preciosos, centenares de tapices y más de un millón de libros. A pesar de que los bombardeos no alcanzaron ninguna obra de arte, era evidente que el Prado estaba en peligro.

 

El gobierno de la República decide entonces evacuar los tesoros de la gran pinacoteca española. La experiencia española de la Guerra Civil sirvió como ejemplo durante la II Guerra Mundial, ante la codicia del Tercer Reich. El Museo del Prado aborda a partir de hoy en un congreso una operación pionera que sucedió hace 83 años y evitó la destrucción de una colección de arte única.

 

A Fernández Balbuena, presidente de la Junta de Salvamento del Tesoro Artístico y subdirector del Prado que dirigía Pablo Picasso desde París, se le encomienda la misión de organizar el traslado de los tesoros de la pinacoteca nacional. En 71 camiones cargados por milicianos y a 15 kilómetros por hora, los grandes maestros de la pintura viajan a Valencia, de ahí a Cataluña y, finalmente, a Ginebra, donde se montaría una exitosa exposición en el verano del 39 con las joyas de la colección antes de su devolución a la España de Franco, cinco meses después del fin de la Guerra Civil. Fernández Balbuena aprovecha que en 1939 es el comisario español de la exposición universal de Nueva York y luego agregado cultural en la embajada de Suecia para impartir conferencias en las que explicaba la evacuación, para evitar que la propaganda franquista falseara los hechos. En la Asamblea Mundial por la Paz, celebrada en 1955 en Helsinki, utiliza el caso español para defender la salvaguarda del patrimonio artístico en tiempos de guerra.

 Roberto Fernández Balbuena es un nombre que sigue presente entre los vecinos de Ardoncino, localidad en la que su familia estuvo arraigada durante generaciones.

Durante el traslado de las obras de arte del Prado, el arquitecto y pintor leonés, afincado en los años 40 en México, había redactado informes en los que detallaba el delicado estado en el que se encontraban algunas obras maestras, como Los borrachos, Las lanzas, La fragua de Vulcano y Las Hilanderas, de Velázquez, o Las tres gracias, de Rubens.

 Guadalupe Fernández Gascón, hija del leonés que salvó el Prado, donó 76 transparencias al Instituto de Patrimonio Cultural de España que su padre utilizó en una conferencia en Estocolmo para ilustrar desde los camiones utilizados en la ‘operación Ginebra’ a cómo se embalaron las pinturas. Una documentación imprescindible.

 convoy con las obras del Prado

Convoy con las obras del Prado. ARCHIVO HISTÓRICO DEL DIARIO DE LEÓN

Su hermano y el edificio del BBVA  que fue Casino

Roberto Fernández inició su andadura profesional junto a su hermano Gustavo, también arquitecto, autor del edificio del Casino de León, actual sede del BBVA y adquirido el año pasado por la Mutualidad de la Abogacía. Gustavo desapareció en el mar en 1931 en una travesía a Mallorca, un golpe del que Roberto jamás se repondría. Esta circunstancia favorece su alejamiento de la arquitectura para volcarse en la pintura. El Reina Sofía posee en sus colecciones varias obras pictóricas de Fernández Balbuena, que en el exilio mexicano entabló una gran amistad con Juan Rulfo

 

Otro olvidado

El historiador leonés Ricardo Orueta, tutor de Lorca, Dalí y Buñuel en la Residencia de Estudiantes, fue también una figura crucial para concienciar a toda una generación de la necesidad de proteger el arte español. Nombrado director general de Bellas Artes en 1931, en los tres años y medio que ocupó el cargo llevó a cabo una frenética labor en defensa del Patrimonio. Cuando llegó había inventariados cien monumentos; cuando se fue, la lista se elevaba a 800. Su Ley del Tesoro Artístico, de 1933, frenó las ansias coleccionistas de multimillonarios, sobre todo norteamericanos, a expensas del Patrimonio español. Un texto legal tan impecable que se mantuvo en vigor 52 años, hasta la ‘ley Solana’. Falleció dos meses antes de la Guerra Civil.

El leonés que salvó el Museo del Prado
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