lunes 26.08.2019

«El libro del Grial es una operación editorial y política»

Un medievalista de Huelva arremete contra la obra de Torres y Ortega.
«El libro del Grial es una operación editorial y política»

A Los Reyes del Grial le llueven las críticas de norte a sur. Primero fue un leonés, luego un francés y ahora un onubense, el medievalista Alejandro García Sanjuán, quien sostiene que ni la historia ni los historiadores pueden certificar la autenticidad del Grial.

«Es una cuestión de fe», afirma este profesor de Historia Medieval de la Universidad de Huelva, en un artículo crítico sobre el libro Los Reyes del Grial, en el que Margarita Torres y José Miguel Ortega defienden que el cáliz de Doña Urraca es la reliquia que la tradición cristiana veneró como copa de la Última Cena de Jesucristo.

El experto concluye en una reseña publicada en la Revista de Libros que se trata, lejos de una obra histórica, de «una operación editorial, mediática, publicitaria y política que ha constituido un espectacular éxito» traducidos en cinco ediciones del libro, un importante incremento de las visitas a San Isidoro y el salto a la política de Margarita Torres, actualmente concejala de Cultura en León.

La valoración académica, apunta, es «muy distinta» porque «ridiculiza la Historia», concluye citando al historiador francés Patrick Henriet. Sanjuán achaca a los autores abordar «aspectos y cuestiones que forman parte de la tradición religiosa cristiana como si fueran hechos históricos perfectamente acreditados». En este sentido, critica que tomen como punto de partida la Última Cena pese a que durante cuatro siglos «no existe ni un solo testimonio que mencione la existencia del supuesto cáliz del que hablan los Evangelios» en tal contexto para desembocar en el siglo XI, durante el mandato del cuarto califa fatimí de El Cairo. enviado el cáliz al emir de Denia (Alicante) antes de que éste se lo regalara al rey leonés Fernando I para congraciarse con él.

El medievalista onubense, en la misma línea que Henriet, ve «sorprendente» que el asunto permaneciera «en secreto» durante siglos «sin que sus sucesores en el trono leonés manifestasen jamás haber pretendido poseer tan preciada reliquia».

El artículo subraya la «confusión entre ficción y conocimiento» y tilda a Margarita Torres y José Miguel Ortega de «más papistas que el Papa» cuando cita la opinión del obispo de León que no da pábulo a la teoría del Grial.

Subraya que «las fuentes históricas acreditan que ni los reyes de León ni los miembros del clero de San Isidoro sostuvieron jamás que el denominado Cáliz de Doña Urraca tuviese relación alguna con el Santo Grial».

El argumento de los autores de que el rey leonés habría ocultado la reliquia para evitar «tensiones políticas y religiosas» es «una mera especulación forzada por la necesidad de justificar lo insólito: la monarquía leonesa jamás pretendió albergar la reliquia del Grial», apostilla.

Más «extravagante», insiste, es la idea del miedo al robo por parte de la iglesia ortodoxa. La ruptura entre Roma y Constantinopla se produjo en el 1054, un año antes de la supuesta llegada a León del cáliz, anota en el artículo «El Grial de León, entre la historia y la fantasía».

Para el autor de la crítica cobra especial relevancia que los autores no sean «meros aficionados» y les acusa de «soslayar» la función del historiador al incurrir «en una lamentable confusión entre conocimiento histórico y fantasía» que por su formación académica «no puede atribuirse al descuido o la ignorancia».

El medievalista se detiene en un minucioso análisis «del casual y oportuno descubrimiento de los documentos árabes» en los que los autores basan toda su teoría y en sus contradicciones. Por un lado, Margarita Torres y José Miguel Ortega dicen que el hallazgo fue casual, pero Turienzo asegura que había «un viento de búsqueda» de tales documentos. Por otro, mientras unos dicen que el hallazgo se produce en 2010 en la Biblioteca Nacional de Egipto, el arabista sostiene que la primera vez que tuvo contacto con los pergaminos fue en 2006.

La reseña de Alejandro García Sanjuán sucede a la crítica realizada el pasado verano por el historiador francés Patrick Henriet en la revista l’Histoire. Hace casi un año el leonés Carlos J. Taranilla de la Varga publicó el libro Breve historia de las Reliquias leonesas, que fue el primero en refutar la teoría de Torres y Ortega sobre la relación del cáliz de Doña Urraca con la supuesta copa de Jesuscrito.

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