domingo 20/6/21
Patrimonio

Emerge la torre más extraña de la muralla

Es la única cuadrangular de toda la fortificación, junto a la de los Ponce, apodada ya en el siglo XIV ‘la torre derribada’
El torreón y los ‘bancos’ que ha colocado el Ayuntamiento. RAMIRO

Desde el siglo XIV se la llamó la ‘torre derribada’. El nombre resultó premonitorio. En 2017 se desplomó y han tenido que pasar cuatro años para verla exenta de construcciones y sin la valla de obra. El Ayuntamiento ha colocado unos bancos que parecen lápidas mortuorias a sus pies.

Mala suerte y malas decisiones han rodeado la rehabilitación de este tramo de la muralla tardorromana que discurre por Conde Rebolledo.

Es el único cubo cuadrangular de la fortificación, junto al de los Ponce. Los expertos estiman que los constructores optaron por torreones en lugar de cubos en la zona sudoccidental y suroiental de la muralla, porque son los puntos con un desnivel más pronunciado del campamento romano. De hecho, a pocos pasos del torreón de Conde Robolledo está el anfiteatro romano, a seis metros de profundidad.

Los planos más antiguos de la ciudad (como el del padre Risco del siglo XVIII) solo muestran dos torres cuadradas y no cuatro, como podría pensarse.

El cubo S-6 estuvo sostenido durante décadas por dos ‘chamizos’ que, al ser derribados, provocaron a su vez el derrumbe de este torreón. Se trataba de dos inmuebles ruinosos, ubicados en los números 4 y 6 de la Calle Conde Rebolledo, propiedad de la Fundación Octavio Álvarez Carballo, que el Ayuntamiento demolió de manera subsidiaria.

El torreón fue apuntalado y así permaneció durante 18 meses. Pese a que la intervención era urgente, la Comisión Territorial de Patrimonio tardó dos meses en contestar y cuando lo hizo fue para no autorizar el plan propuesto por el Ayuntamiento para sustentar el lienzo y el cubo de la muralla. El hecho de que la muralla sea de titularidad estatal también retrasó una rápida intervención, ya que el Ministerio de Cultura se tomó también su tiempo para autorizar la rehabilitación,

El responsable del Plan Director de la muralla, el arquitecto Melquíades Ranilla, lamentaba hace tiempo que «las restauraciones que se han llevado a cabo en Ruiz de Salazar, en la calle Carreras, en Era del Moro o en Conde Rebolledo han obligado a «reconstruir» ‘in extremis’ cubos y tramos de un lienzo en los que se habría podido actuar de forma menos drástica si no se hubiera esperado a que se desplomaran».

Los trabajos de restauración, adjudicados a la empresa Valuarte Conservación de Patrimonio SLU por 189.000 euros y un plazo de ejecución de seis meses, no han permitido ver hasta ahora —por primera vez en vez en siglos— uno de los cubos más enigmáticos de la fortificación romana.

La delicada situación de la torre no permitió grandes excavaciones. Además, este cubo S-6 ha sido demasiado maltratado a lo largo de la historia como para ofrecer nuevos datos que permitan esclarecer de una vez por todas la cronología de la muralla.

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