viernes. 03.02.2023
El autor refleja en el gesto de la estatua la desolación del personaje al entregar el puñal. MIGUEL F. B.
El autor refleja en el gesto de la estatua la desolación del personaje al entregar el puñal. MIGUEL F. B.

A las 5 de la mañana, sin testigos ni autoridades, para que no se enterara nadie. Así se inauguró. Aunque esté a 5 metros de altura se ve que no había caído bien en León ese Guzmán del gran escultor Marinas. Mariñas no, Marinas. Que quede claro. Si el callejero de León homenajea al artista lo hace con el apellido mal puesto. Es decir que lo de ese Guzmán al que se le adjudica la antipática letra de «si no te gusta León...» parece asunto maldito, condición también tan proclive en tierras leonesas para que las cosas queden así, malditas.

Ahora que se da opción a ajustar los nombres de las calles y saltarse el despropósito histórico, bien podría solucionarse y aclararse quién es el escultor Mariñas, si el que ocupa este artículo pero con errata o cualquier otra opción que ponga en valor lo que tal vez primero ven los viajeros que llegan a León en tren.

Aniceto Marinas era un escultor segoviano que tuvo que trabajar mucho para encargos institucionales en donde las figuras representadas parecían estar obligadas a tener como denominador común el tinte heroico.

El resto es una historia de una escultura que es como de la familia, pero que tiene por autor a un de los escultores más importantes de su tiempo, con trabajos por toda España en donde su personalidad se refleja tanto por el testimonio histórico que narra en sus figuras como el pulso de artista que hace que aún tenga toda la vigencia.

La estatua de Guzmán bien merece buen nombre
Comentarios