viernes. 02.12.2022

Luis Mateo Díez nació el 21 de septiembre de 1942 en Villablino, donde su padre, Florentino Agustín Díez, era el secretario del Ayuntamiento. Galardonado con el Premio Nacional de Literatura y con el de la Crítica en dos ocasiones, a los doce años comenzó a desarrollar su vocación literaria. Pasó de escuchar filandones a leer a Kafka. Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo y sin abandonar la literatura, obtuvo por oposición una plaza en el Ayuntamiento de Madrid en 1969, donde trabajó hasta su jubilación. De 1968 es su primer libro de relatos, Memorial de hierbas. Luego le seguirían Apócrifo del clavel y de la espina y Relato de Babia. Su primera novela, Las estaciones provinciales, es de 1982. Con La fuente de la edad obtuvo en 1986 el Premio Nacional de la Crítica; y un año más tarde, el Nacional de Literatura. Autor también de Las horas completas, El expediente del náufrago, Los males menores, Camino de perdición y El espíritu del páramo, Luis Mateo creó un territorio propio, el reino de Celama, donde se extienden las Ciudades de Sombra, un paraje que recuerda mucho a este noroeste olvidado. El Nacional de las Letras, que otorga el Ministerio de Cultura, anticipa un Premio Cervantes al que es claro aspirante. Entre sus últimas obras se encuentran La soledad de los perdidos (2014), Vicisitudes -un conjunto de cuentos que quedó finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León en 2018-, Juventud de cristal (2019) y Los ancianos siderales (2020).

De los filandones a Kafka
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