sábado 14.12.2019
Libros

«Para hacerse idiota hay que leer mucho»

Jaime Silva, director de ‘Callejeros’ y ‘Frank de la Jungla’, se pasa a la literatura
El polifacético periodista y director de contenidos Jaime Silva, autor de ‘Cómo me hice idiota’ (Libros Indie). RAQUEL P. VIECO
El polifacético periodista y director de contenidos Jaime Silva, autor de ‘Cómo me hice idiota’ (Libros Indie). RAQUEL P. VIECO

«Si empiezas en Patty Smith acabas en Rimbaud. Lo mismo que si lees a Orwell llegarás a la conexión con California Über Alles, la canción de Dead Kennedys que alude a 1984». Lo dice Jaime Silva (Ponferrada, 1970), que acaba de publicar un libro con título gancho: Cómo me hice idiota, una autoficción que recorre el proceso de lector adolescente que entrará en la madurez a base de escuchas musicales y lecturas.


Los citados, más Artaud, Dylan Thomas, Bukowsky, Blake, Boris Vian, Leonidas Andreiev, y así, conviven con canciones de MC5, The Clash, Lou Reed, Desechables, GBH, Iggy Pop o Derribos Arias, en un relato explosivo, cuyo telón de fondo no desvelado es obligatoriamente la Ponferrada de finales de los 80 y primeros 90, «cuando hasta una vez en El País nos llamaban Punkferrada», tal y como recuerda este ahora director de contenidos en Molinos de papel.

 

A Cómo me hice idiota llega por su pasado. Dirigió Callejeros, o Frank de la Jungla, narró un viaje de Senegal a Melilla abordando así la ruta de los migrantes. Muchos viajes. Pero tenía su historia: «El título parte de varias cosas. Por un lado: cómo sientes ese embrollo mental si lees a muchos autores, escuchas mucha música y ves que todo es inabarcable. También se refiere a la premisa del ser feliz por la ignorancia. Y algo de mi parte, por el hecho de que después de viajar por todo el mundo, tratando todo tipo de temas, terminas por entender poco de las cosas, o al menos adivinar su complejidad», dice, ahora que tras tantas aventuras ha pasado a los despachos.

 

Desde un título en primera persona, Jaime Silva no elude lo colectivo: «De hecho, lo cuento en el libro. Esas lecturas y esa música que son el hilo conductor del relato era la moda de la época. Yo, a mi alrededor, era lo que tenía más a mano. Lo que leían mis amigos, mis primos. Esas lecturas que te creías que te llevaban a la transgresión. Porque en aquellos años, en Ponferrada, en España, con tanta explosión cultural, leer a Baudelaire era transgresión. Era como decir: aquí estoy yo. Me creo algo», rescata de su memoria.

 

A partir de aquí, sentadas las bases, lo que se impone es indagar en los efectos. Cómo no tener tentaciones de ser un maldito y si se le pasó pronto. «Dicen que convivir con el malditismo es un verdadero coñazo. Y yo así lo creo. Puedes conservar esa fantasía, la curiosidad por saber de ese mundo tan especial, tan elevado que practicaban sus protagonistas. Pero la vida real es otra cosa», reflexiona este padre de dos mellizos de 6 años, asunto que seguro que aclara todo en condiciones. «Lo que mantengo es mi vocación lectora, y sigo escuchando mucha música. El protagonista, que no soy yo, toca la batería. Y yo, desde hace tiempo, también», revela Silva.

 

Esa mezcla de realidad y ficción del personaje, de lo creativo de los autores y de sus experiencias, es la forma en la que Cómo me hice idiota se presenta como un relato, por un lado, y casi como una labor de prescripción de la cultura underground que luego llegó a pisar alfombras más lujosas, tanto como objeto de estudio como de culto.

 

Y hay por supuesto ese telón de fondo ponferradino en el que una generación cercana a la suya compartió gustos y aventuras y que de alguna forma ahora, sin haberlo previsto, vuelcan toda esa parte de su primera edad.

 

«Yo recuerdo que Ponferrada en esos años 80 era un caldo de cultivo de todo tipo. Tanto en locales, como en público lleno de curiosidad. Había conciertos de grupos de fuera que yo veía con orgullo que pasaban por Barcelona, Madrid y Ponferrada», asegura. A todo esto, Jaime Silva vivió aquellos años también con la intensidad que se presupone el haber estado desde los 14 años estudiando como internado en el colegio San Estalisnao de Kostka de Madrid, por lo que Ponferrada suponía la querida vuelta a casa. Luego, hizo periodismo.

 

De hecho, Ponferrada es su valor vital de comienzo: «Ponferrada sigue siendo mi refugio. Siempre que puedo voy, y eso que Cristina, mi mujer, es gaditana. Y Cádiz y Ponferrada no pueden estar más lejos... Pero si las cosas van bien, voy a Ponferrada. Y si van mal, también», afirma. Y ya en un ponferradinismo lanzado, compartido con León, continúa: «He recorrido muchas partes del mundo, pero no he encontrado ningún lugar en el que la celebración del vino y la comida se haga tan bien como en León. A estos autores que salen en el libro, creo que les hubiera encantado nuestra provincia en ese sentido», cuenta.

 

Y queda por saber qué hay que hacer para convertirse en un buen idiota. «Para hacerse idiota hay que leer mucho», remata Jaime Silva.

«Para hacerse idiota hay que leer mucho»