domingo 16/5/21
Escultor de la materia

El mito y lo real en manos de Amancio

El San Jorge de Amancio González lucha contra un dragón que es un coronavirus. Un homenaje a los sanitarios que el escultor extiende a toda la sociedad. Trabaja en más proyectos, pero este se verá en la rotonda frente al Hospital con toda su característica fuerza creativa
El escultor Amancio González en su taller de Lorenzana. F. Otero Perandones.
El escultor Amancio González en su taller de Lorenzana. FERNANDO OTERO

En los días grises del confinamiento, tristeza y desconcierto, hablar con Amancio González era oxígeno, una ventana responsable de vida. El escultor de la materia en plural seguía pico y pala, a veces literal, pero siempre pensando, dudando, limando certezas que le llevaban a la siguiente curiosidad. Tal vez, como un artista se dedica principalmente a trabajar en presente sobre el futuro, sólo era cuestión de adaptar una técnica personal a lo que nos pasaba a todos.

El capítulo aquel de abril merecía volver a preguntarse qué había pasado. Y ahí está Amancio a estas horas, seguro que ya se tomó el café en el bar, como un buzo sentimental que antes de sumergirse quiere tener presente el aire, que es el auténtico papel de regalo de su trabajo. Y este, en concreto, en la actualidad le lleva a varios frentes. Desde el más pleno León, hasta otras ciudades en otros puntos de España.

Porque su huella artística también llegará por ejemplo a Orihuela. En concreto, para el entorno del complejo hospitalario de la capital, Amancio desarrolla un proyecto de grandes dimensiones. Se trata de una personal visión de San Jorge y el dragón. Con una metáfora en la que la mitología y la realidad se juntan. Y lo plantea como la lucha en la que el bien debe de imponerse al mal. Como la actualidad también es parte de la obra de este creador metódico, el coronavirus aparece así, explica. Además añade que «se trata de un homenaje que quiere ser general. A los sanitarios, claro. Pero todo el mundo lucha», dice. «Cuando creas algo que va a tener tanto tamaño, vas pasando las fases», dice acerca del proceso en el que un boceto evoluciona en diferentes procesos de fundición.

Esta instalación se ubicará en la rotonda que está rente al hospital. Tal dimensión lleva a pensar que se sentirá gigante creándola y empequeñecido viéndola. Pero no solo en esa obra se encuentra ahora Amancio González. El autor trabaja en El ladrón de perlas, o en El abrazo, por ejemplo. El flautista también está por este patio. Y otras de formato parecido. Algunas le interpelan porque llevan tiempo esperando a que les de más vida.

Son, en este caso, esculturas más pequeñas pero que llevan a destacar uno de sus logros: la firma reconocible, la huella que en el futuro llevará su nombre sin que esté escrita. Hay en el lugar de trabajo de Amancio González toda una suerte de creaciones que le acompañan. Suele rematar todos los proyectos, y se ve, en madera, metales, piedra, mármol o hierro, el hilo conductor creativo del artista. Así será también El abrazo, un encargo para Orihuela. Repasar la obra de Amancio en su taller es encontrarse con el busto de Victoriano Crémer o de Julio Llamazares, por ejemplo, junto a otras creaciones que han sido o serán. Por supuesto, la referencia de La Negrilla está por todas partes. «Sí, está muy presente. Tuve suerte. Me abrió muchas puertas», asegura. En realidad, Amancio González busca la suerte desde primera hora del día. Es decir, se la trabaja. Y así, por la ciudad, sus trabajos se ven como parte de la vida de León. «Cuando veo a niños jugando en La Negrilla siento satisfacción», afirma.

El mito y lo real en manos de Amancio
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