miércoles 27/10/21

Las infinitas vidas y muertes de Durruti

El héroe leonés nació hace 125 años. Se cumplen el día 14. Pese al tiempo transcurrido y que decenas de historiadores e hispanistas como Paul Preston han escrito sobre él, la vida y, sobre todo, la muerte de Buenaventura Durruti tiene todavía demasiados claroscuros.
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Murió, como todos los héroes,

demasiado joven. Pese a llamarse Buenaventura, fue un hombre sin suerte. A punto de cumplirse 125 años de su nacimiento, su biografía presenta demasiadas lagunas, especialmente las extrañas circunstancias de su muerte, que los historiadores se afanan en desentrañar, sin zanjar este oscuro capítulo del revolucionario anarquista.

Nació el 14 de julio de 1896 en León, en el seno de una familia humilde. En una ciudad azotada por la miseria y el paro, Buenaventura Durruti ingresó muy temprano en los Ferrocarriles, al tiempo que se afiliaba primero a UGT y más tarde a la CNT. Su nombre saltó a los periódicos con motivo del asalto al Banco de España en Gijón, con un botín de 675.000 pesetas; un atraco para financiar la causa revolucionaria. Durruti huyó entonces a Francia y regresaría en 1920. Con varios grupos —Los Justicieros, Crisol y Los Solidarios— llevará a cabo varios planes insurreccionales, siempre bajo los ideales anarquistas y de defensa del proletariado. A León vuelve en 1931 al entierro de su padre. Un año después era encarcelado y deportado a Canarias y el Sáhara, pero la presión popular consiguió su liberación a los pocos meses. En octubre de 1934 Durruti se suma a la revuelta de Asturias, catorce días de heroica y desigual batalla de los trabajadores contra el Ejército. En 1935, tras un multitudinario mitin en León, es arrestado por la Guardia Civil. Entre sus peripecias, su intento de matar a Alfonso XIII en París. En 1936, la legendaria columna Durruti, formada por 8.000 hombres y con el líder leonés al frente, marchó desde Aragón para defender Madrid. En la capital de España encontró Durruti la muerte. Falleció el 20 de noviembre de aquel año, tras doce horas de agonía. Su muerte sigue siendo un enigma, porque nunca llegó a esclarecerse. Durruti falleció por un disparo, tal vez accidental, de su propia pistola o, según otras versiones, fue ejecutado por el sargento Manzana, campeón de tiro olímpico con pistola, que se había unido a Durruti; o bien le alcanzó una bala enemiga en el combate por recuperar el Hospital Clínico de Madrid, en manos de las tropas moras. En el Hotel Ritz, transformado en hospital de los milicianos, Durruti perdió la batalla con la muerte. Tenía 40 años. Las declaraciones de los testigos fueron completamente contradictorias, quizá porque detrás de cada versión se ocultaba el interés político de cada uno de ellos. La familia siempre sostuvo la tesis de que el asesino fue el sargento Manzana, quien, tras el trágico episodio, desapareció misteriosamente. Las exequias del anarquista leonés, celebradas en Barcelona y seguidas por centenares de miles de personas, contribuyeron a hacer de él un personaje de leyenda. Con él moría también una utopía.

Era un hombre extraordinariamente alto para la época y con una personalidad arrolladora. Cuando entraba en un sitio, todo el mundo sabía que estaba allí. Sin embargo, la imagen que ha trascendido es la de un revolucionario duro, carismático y muy poco flexible. Si algo le definió fue su lucha contra la injusticia.

Durruti sigue siendo uno de los grandes mitos de la Guerra Civil. Sobre él se han publicado decenas de ensayos y novelas. Pero ninguno ha cerrado los capítulos más controvertidos de la biografía del revolucionario leonés.

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