sábado 24.08.2019
EL MONARCA QUE DICTÓ LOS DECRETA

León se reivindica el 23 de abril con el rey de la libertad

La ciudad estrena la escultura de Alfonso IX en un homenaje solemne al rey que convocó al pueblo llano a unas cortes por primera vez en la historia Lo hace el Día de la Comunidad.
Afiliados y simpatizantes de la UPL con banderas de León.
Afiliados y simpatizantes de la UPL con banderas de León.

El parlamento era ayer unas sillas de tijera colocadas en la plaza de Santo Martino. Unos escaños en donde se aposentaron las autoridades a un lado, enfrente los ‘herederos’ del Císter de Sandoval y en los otros, el pueblo llano. En el medio, la estatua imponente de Alfonso IX, que debería haber sido ‘el Octavo’ pero que ha pasado a la historia con un número más por obra de los castellanos, el monarca que convocó cura regia en 1188, citó en ella a los representantes de los burgos y los sentó junto a nobles y obispos por primera vez en la historia. Lo hizo en San Isidoro, en el claustro. La Cuna del Parlamentarismo europeo y mundial, tal como ha reconocido la Unesco y se destacó ayer.

León se reivindicó el 23 de abril, Día de Castilla y León y Día del Libro, con el homenaje a un triunfo y un texto, al del rey de la libertad, un monarca que dictó los Decreta, en donde se recogen por primera vez derechos ciudadanos fundamentales impensables para aquella época que aún hoy siguen vigentes: la inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia, la garantía de que no habría juicios bajo falsa acusación y quien la levantara sería perseguido y penado, la libre circulación por los caminos de ciudad en ciudad sin ser detenido, la garantía de que cualquier ciudadano podría acceder a la justicia del rey si la solicitaba —a su justicia y no a su clemencia—. Por primera vez, unas Cortes asumían el poder de declarar la guerra y firmar la paz, competencia hasta entonces del monarca. Y por vez primera también, un rey acató. A cambio, logró el apoyo de la potente burguesía leonesa para las empresas regias y, de paso, su independencia de la nobleza.

No se hizo ayer ni una sola referencia en el acto a la Fiesta de los Comuneros, con la que se celebra el Día de Castilla y León. En cambio, se glosó la figura de Alfonso IX como rey triunfante de libertad y derechos, que creó la Universidad de Salamanca y fue impulsor de la catedral de Santiago de Compostela.

Hermenegildo López, abad de la cofradía del Pendón de San Isidoro, describió la época en la que vivió el monarca, María Jesús Armesto hizo una exquisita semblanza de las reinas, las dos Urracas, que determinaron la vida política y personal de Alfonso IX, su madre y su madrastra, Eduardo Fuentes Ganzo habló de las Cortes de Benavente de 1202, convocadas también por el rey y que tuvieron una importancia vital en la historia pues se eliminaron históricos privilegios de pago e impuestos, y Acacio Rodríguez y Javier Argüello hablaron en representación de los herederos de aquellos representantes del pueblo, encarnados ayer en los vecinos del barrio de Santa Marina.

El acto estuvo presidido por los miembros de la Imperial Cofradía del Milagroso Pendón de San Isidoro, cuatro pendones —los de Villaquilambre, San Martín de Valdetuéjar, Mozóndiga y Tapia de la Ribera representando a toda la provincia— y el estandarte de la Asociación de Pendones del Reino de León.

Y mientras el día se fue destemplando y comenzó a soplar el viento del norte, que agitó los pendones y pareció dar vida a la capa de bronce de la escultura, los ánimos se fueron caldeando.

La intervención del alcalde, Antonio Silván, que no figuraba en el programa y que fue la última, fue recibida con una sonora pitada de militantes y simpatizantes de la UPL, que ondeaban banderas de León. La protesta fue neutralizada por una fuerte ovación y el alcalde pudo continuar con su discurso.

En la bancada de las autoridades, concejales del equipo de Gobierno, PSOE, Ciudadanos y León despierta. Faltaron sólo de León en Común y la UPL. «León no tiene nada que celebrar este día», justificó por teléfono el concejal leonesista Eduardo López Sendino.

La escultura, la primera de cuerpo entero dedicada a un rey leonés en la ciudad y realizada sobre un boceto de Estanislao García Olivares, escultor y pintor de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, ha sido posible gracias a 101 donantes, muchos de ellos vecinos del barrio de Santa Marina, el apoyo de la Federación de Asociaciones de Vecinos Rey Ordoño y el impulso económico e intelectual del empresario leonés Acacio Rodríguez.

En el interior de la gran peana de piedra, realizada por los alumnos de la Escuela de Oficios, se introdujo una cápsula del tiempo con una copia de los Decreta, libros sobre la historia milenaria de León, periódicos del día y vídeos sobre la ciudad para tiempos venideros.

De frente a San Isidoro, se alza desde ayer una mole de 800 kilos de peso y 6 metros de alto hecha en piedra y bronce. En la plaza que lleva el nombre del santo que fue confesor y confidente del monarca.

Tenía apenas 17 años y unos meses cuando convocó esas cortes por las que ha pasado a la historia. Él y León. Solo, con pocos apoyos, muerto su padre, odiado por su madrastra, convocó un día de abril a las curia regia en San Isidoro. Tuvo la osadía de llevar allí, al lado de clérigos y nobles, al pueblo y darle voz. Fue el germen del parlamentarismo.

Cuentan las crónicas que atravesó la arquería románica majestuoso y hermoso, vestido con los atributos reales, con su manto de armiño con vuelta púrpura del color de León, ceñida la corona real y el cetro en la mano. Tomó asiento en la silla curul, en el trono llevado a mitad del patio, flanqueado a la derecha por el arzobispo de Santiago, la máxima autoridad religiosa del Reino, a la izquierda el alférez real, el hombre que mandaba los ejércitos en la guerra y era ministro de Justicia en tiempos de paz. Llevaba el alférez la espada envainada, señal de que allí todos estaban en son de paz. El rey, y a un lado el clero y al otro los nobles. Tras él, el estandarte del Reino. Y de frente, mirándole directamente a los ojos, artesanos y burgueses. El pueblo.

Nada que ver ese rey adolescente, rubio, alto, de ojos azules, con la escultura que se inauguró ayer: un monarca maduro que porta estandarte sobre una lanza y se apoya sobre un escudo apuntado con una figura de león, un monarca de bronce coronado sobre una cota de malla con capa ondeando al viento y espada ceñida a la cintura. Guarda las proporciones de la norma europea no escrita por la que la estatua de un rey en la ciudad en la que reinó no debe ser inferior a su tamaño. Él medía 1,90.

Tras el acto, que fue solemne, se interpretó el Himno de León a varias voces, pues los vecinos e invitados tomaron la delantera al Orfeón Leonés y lo cantaron, con emoción, a su ritmo. Luego, se recogieron las sillas de tijera y el parlamento se disolvió.

León se reivindica el 23 de abril con el rey de la libertad
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