martes 22.10.2019

Una ‘bruja’ de cuento en la saga Panero

El malditismo de los Panero y, sobre todo, la película ‘El desencanto’, convirtieron a Felicidad Blanc en la madre malvada. Un estigma del que nunca se libró. El profesor leonés Sergio Fernández rescata ahora los cuentos de esta ‘bruja’..
Imagen de Felicidad Blanc, esposa de Leopoldo Panero, que escribió cuentos durante cuarenta años. NORBERTO
Imagen de Felicidad Blanc, esposa de Leopoldo Panero, que escribió cuentos durante cuarenta años. NORBERTO

verónica viñas | león

Su nombre resultó una maldición. Felicidad Blanc fue todo menos una mujer afortunada. La larga sombra de su iracundo esposo primero y de sus inestables hijos después impidieron a esta niña de la alta burguesía madrileña desarrollar su talento literario. Sin embargo, no dejó de escribir. Publicó diecisiete cuentos entre 1949 y 1990.

Sergio Fernández Martínez, profesor del departamento de Filología Hispánica de la Universidad de León, ha tenido que hacer una auténtica labor detectivesca para localizarlos. Lo que empezó como una investigación acabará siendo un libro en otoño, previsiblemente, bajo el título Cuentos completos.

Fue al leer Espejo de sombras, las memorias de Felicidad Blanc, cuando Sergio Fernández tuvo la idea rescatar sus cuentos y descubrió «que hay muchos más de los que ella menciona». Aparecieron en revistas como Espadaña, Ínsula y Cuadernos Hispanoamericanos, pero también en Interviú, cuando la revista reunió en el Hotel Ritz de Madrid en 1989 a un extravagante grupo de mujeres —entre ellas Felicidad Blanc, junto a Ángeles Caso, Massiel y Mari Carmen (la ventrílocua)— y les propuso que escribiera cada una un relato corto.

El amor es el nexo de unión de todos los cuentos de Felicidad Blanc. Habla del primer enamoramiento, de pasión, adulterio, de su enamoramiento platónico con Cernuda... «Las protagonistas son mujeres de clase social baja, amas de casa o sirvientas, que, en realidad, son trasuntos de ella misma», explica Fernández Martínez. La soledad es otro de los temas constantes en sus relatos, como El domingo, ilustrado con un retrato suyo, obra de Gregorio Prieto.

Los que publicó en los años 40 son, paradójicamente, «más elaborados» que los de los 70 o 90. Los cuentos reunidos de Blanc irán acompañados de un elaborado estudio de Fernández Martínez en el que intenta rescatar a una escritora demonizada por sus propios hijos. «Yo no pretendo lavar su imagen, pero hablo de El desencanto y de la crítica que recibió. Ella fue muy atacada en León y Astorga por poner en evidencia lo que muchas mujeres estaban pasando». Pagó caro menospreciar a su marido. Sin embargo, para ella fue un asunto «localista» e «ingrato». «Mi pasión ha sido siempre el mar y el único campo que me impresionó fue el astorgano», aseguró sin rencor.

LA LITERATURA Y LA VIDA

Felicidad Blanc se casó en 1941 con un poeta cuando todavía no lo era y estuvo enamorada de otros dos, Cernuda y Calbert. «Los escritores me deslumbraban; equivocadamente, porque el escritor no es el hombre. Aquí estuvo mi fallo. Confundí la literatura con la vida. Lo tremendo es que, cuando te das cuenta, es demasiado tarde», confesaba Felicidad Blanc en una entrevista a este periódico.

«A Leopoldo la guerra le desvió. Fue una especie de ruptura. Con lo que hubiera podido ser nuestra vida... Al fin de la guerra tuvo que elegir entre el exilio o la adaptación a la nueva España. Esto le llevó a una manera dura de comportarse. Se hizo hermético y desesperanzado», contó en la misma entrevista la esposa de Panero, al que sólo le unían sus hijos y las reglas sociales, que impedían poner al descubierto un matrimonio roto, donde se habían quebrado los frágiles lazos del respeto.

Cuando enviudó intentó sin éxito que la Universidad de León comprara por cinco millones de pesetas, que luego rebajó a tres (18.000 euros), la biblioteca de Panero. Finalmente encontró trabajo como recepcionista del Palacio de Congresos de Madrid y más tarde fue portera del Ministerio de Cultura.

Espejo de sombras fue su alegato contra El desencanto, un libro de memorias donde habla de la Guerra Civil, de la muerte de su hermano, de su matrimonio... «Una de las cosas que me gusta de Espejo de sombras es que me deslinda de Leopoldo. Él era un gran escritor y yo soy Felicidad Blanc. A ver si desde ahora sólo se habla de mi sin arrastrar con mi nombre el de mi marido», dijo entonces la matriarca de los Panero.

Se entiende que escribiera sobre amor teniendo en cuenta que confesaba: «No he tenido nunca una vida feliz». En Londres vivió un fugaz amor platónico con Cernuda: «Si alguna vez necesito recordar lo que puede ser la felicidad, es allí donde vuelco los ojos».

El desencanto no fue la única aproximación de Blanc al cine. También participó en la película Los restos del naufragio, de Ricardo Franco y nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 1978; y se metió en la piel de la emperatriz Eugenia de Montijo en un capítulo de la serie dirigida por Antonio Gala Paisaje con figuras.

«Yo no valía para ser sólo ama de casa. Creo que he sido una actriz fallida».

Una ‘bruja’ de cuento en la saga Panero