domingo. 26.06.2022
El escritor leonés Julio Llamazares.

Han pasado ocho años desde El cielo de Madrid, su última novela, pero Julio Llamazares no ha querido abandonar esta celeste casa y ahora ve en ella Las lágrimas de San Lorenzo, su última obra, que ayer llegó a las librerías. Un texto nacido en una noche de verano, con la magia de las estrellas bajo las que un padre y un hijo encontrarán el perdón y el hilo de los momentos perdidos.

El tiempo es uno de los ejes fundamentales de esta novela lírica y atmosférica, en la que el protagonista ha comenzado a pensar «que el tiempo nunca retorna y que ésa es la razón de la melancolía del hombre».

El padre, rebasados los cincuenta, regresa a Ibiza y allí se encuentra con Pedro, el hijo lejano que vive con su madre en París. Tumbados bajo las lágrimas de las estrellas, ambos dejarán fluir sus pensamientos, empapados en aromas nocturnos y ruido de grillos.

«Porque las lágrimas de San Lorenzo no son sólo una metáfora del tiempo. Son sobre todo la prueba de que la vida es apenas una luz en las tinieblas de un universo infinito, pero a la vez tan fugaz como los deseos del hombre». Un tempus fugit tan antiguo como olvidado en el día a día que vivimos como si no hubiera un final.

Llamazares vuelve con una historia de encuentros y despedidas en las que la memoria parece la única ancla de esta temblorosa y fugaz barca que es el tiempo. La noche, que parece infinita pero no lo es, va pasando mientras el padre y el hijo conversan y se reconocen. «Es cuando ya no es posible refrenar la voz lírica de quien cuenta la historia, ni tampoco el recuerdo del lúpulo leonés o las buganvillas ibicencas».

La melancolía de Julio Llamazares
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