martes 24/5/22
CICLO DE POESÍA EN EL MUSAC

Méndez Ferrín: «La literatura se ha trivializado en todo el mundo»

El encuentro de Gamoneda y el escritor gallego abrió el ciclo ‘Nombrando el porvenir’.
Eloísa Otero, Antonio Gamoneda, Xosé Luís Méndez Ferrín y Víctor M. Díez.

Antonio Gamoneda y Xosé Luís Méndez Ferrín son dos titanes de la poesía pero ayer respiraron la jovialidad y camaradería de los compañeros de pupitre. Era el primer acto del ciclo Nombrando el porvenir, que hasta junio llenará el Musac de versos y notas musicales, y se trató de una apertura colmada de reflexiones y recuerdos, y estimulada por la sonoridad única que surgió de las oraculares bocas del leonés y del orensano. Actuaron como moderadores del encuentro los también poetas Eloísa Otero y Víctor M. Díez, y este último abrió el acto comunicando su alegría por el hecho de que la poesía haya entrado por fin en el museo de arte contemporáneo, pues «muchas veces parece que los museos hayan sido hechos por los poderosos únicamente para mostrar su poder». Se felicitó ante la ocasión de ver reunidos a estos dos veteranos creadores, que siguen vivos «después de toda una vida» y cuyo gran ejemplo es el de no haberse «vendido» a lo largo de sus fecundas existencias.

Y a modo de aperitivo, ambos autores recitaron poemas y fragmentos espigados de entre sus libros: «Tengo la muerte preparada/ en los labios de la mujer que amo» o «los lunes estoy loco/ padezco de esperanza», se le escuchó al premio Cervantes leonés, mientras Méndez Ferrín rescataba versos sobre los antiguos maquileros, símbolo de usura capitalista y, a petición de Gamoneda y de muchos presentes, leyó en su lengua natal el indómito Roi Xordo.

Entablaron a continuación amena conversación, sobre su mutuo conocimiento en primer lugar, y Méndez Ferrín mencionó que fue Agustín Delgado quien los puso en contacto, y hablaron de cuando publicó versos en la leonesa Claraboya, y conoció a Mateo Díez y a Merino. Percibió una «sensación de proximidad» al leer a Antonio Gamoneda; «me sentí parte de su mundo», «como si no tuviera secretos para mí», dijo, una impresión correspondida por su homólogo. En cuanto a Descripción de la mentira, de Gamoneda, y de Pólvora y magnolias, de Ferrín, dos poemarios vitales en la producción literaria de ambos autores, y que aparecieron en fechas tan clave como 1977 y 1976, éste último aseguró que aquella obra del leonés fue «el libro que necesitaba, que exigía, la literatura española del momento». «A veces parece que se acierta, y Antonio acertó, fue el intérprete de su tiempo». Por su parte, su compañero recalcaba la necesidad que sintió entonces, ante la llamada ‘transición’, de decir: «No es esto, no es esto…» (o sea, la política como «sacristán del gran poder», la economía, el dinero), pero por cierto que también alertó contra «el peligro de esa poesía programada como contestataria», y no auténticamente comprometida. Reafirmó el autor del Libro de los venenos su convencimiento de que la poesía en gallego y portugués goza hoy de mejor salud que la hecha en castellano, de la que ambos constataron su «desconcierto», aunque Xosé Luís Méndez Ferrín analizó la «desmotivación» y «desmovilización» también de la gallega, algo que, a su juicio, la acerca a fenómenos culturales registrados a nivel mundial. De esa manera, ambos poetas estuvieron de acuerdo en significar la «trivialización de la literatura que se da en todas partes», aunque el de Celanova dejó abierta la puerta: «Esto puede cambiar mañana mismo».

Méndez Ferrín: «La literatura se ha trivializado en todo el mundo»
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