miércoles 21.08.2019

La mina vista por grafiteros

Ocho artistas exponen obras vinculadas con la minería en el Museo de Sabero.
La mina vista por grafiteros

j. m. castro | sabero

El Museode la Siderurgia de Sabero inauguró ayer una nueva exposición temporal en la que el centro acerca la mina al visitante a través del trabajo de ocho grafiteros y que tiene como título Del carbón al grafiti. La exposición, puesta en marcha por la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, podrá visitarse hasta mediados de septiembre. La muestra incluye obras de siete artistas leoneses, Alejandro Lorenzana, Daniel Casado, David Esteban, Guillermo Martín, Antonio Prada, Manuel Garccía y Asier, y el palentino Javier Revilla.

Las miradas sobre el mundo minero son tan distintas como lo es el trabajo en la mina, lleno de matices y diferencias dentro de una uniformidad aparente.

La mina es interior y oscuridad, pero también es superficie y luz. Al trabajo oculto bajo tierra le sucede la vida abierta al aire libre en la cuenca.

Por eso cada artista ve una mina diferente, un minero distinto, una cuenca única. Son muchas las disciplinas artísticas que se han fijado en el carbón, sus claroscuros han llenado lienzos y fotografías a lo largo de décadas, dejando constancia de la singularidad de un trabajo y una cultura tan especial. En los últimos tiempos, la zozobra que recorre el sector, ha cubierto las paredes de los pueblos mineros con consignas en favor del mantenimiento del único modo de vida que han conocido. A veces son simples pintadas, hechas a trazo grueso y acelerado, con el miedo de quien creé estar haciendo algo prohibido a pesar de saber lo justo de su acción.

Pero en otras ocasiones, a las fachadas y muros asoman escenas impactantes, imágenes tan reales como efímeras, salidas del pulso firme y la mirada atenta de los nuevos artistas de la calle, de los grafiteros que han llegado para quedarse con su arte urbano, al alcance de todos.

Miradas diferentes, de jóvenes que en su mayoría no han conocido la mina, ni su entorno, pero que tienen un vínculo con ella, a veces familiar, pero siempre emocional, que les lleva a poner sus espráis al servicio de una causa común, hacer visible a pie de calle lo que día a día se va difuminando en la memoria colectiva.

Estos murales, que ya forman parte del paisaje de las cuencas, y que se van perdiendo unidos al destino de lo que reflejan, merecen ocupar las paredes de un museo que comparte objetivo común con ellos.

La mina vista por grafiteros