viernes. 02.12.2022
Canto a la paz

El músico que oyen los Rolling toca en León

Ahmed Ag Kaedy, blanco de yihadistas, ofrece un concierto en El Albéitar
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Ahmed Ag Kaedy, ayer, en el exterior del Albéitar. MARCIANO PÉREZ

Lugar: El Albéitar.

 

Hora: 21.00 horas.

 

Entrada: 8 euros.

 

Le canta a la paz en un país en guerra de esos de los que se tiene noticia a partir de los muertos a centenares. A veces, la música se adelanta a la tragedia y cruza antes la frontera. Y Ahmed Ag Kaedy es un músico de Mali empeñado en ejercer primero de ciudadano y luego, de artista. Por eso, también antes de tratarlo como uno de los exponentes de lo que se viene a llamar el blues del desierto, ese género africano que encandila a celebridades como Keith Richards y Charlie Watts, siempre buceadores del gran blues de raíz, quiere reivindicar el fin del conflicto yihadista que afecta a su país y que él resume casi en una súplica cuando denuncia que de las primeras cosas que dinamitan es la escolarización de los niños. Tiene cuatro hijos, uno nació hace tres días, y hoy toca en El Albéitar.



 

Presenta disco Ag Kaedy, Akaline Kidal, grabado para el sello Sahel Sounds, y es la música tuareg la que predomina, porque ejerce su creación con purismo, refiriéndose al origen, a su folclore, a lo que él añade la guitarra, tanto acústica como eléctrica. Y en sus letras, la forma de protestar se inunda de tristeza: «Desde el principio lo que yo incorporo a esta música es un mensaje de paz. Por un lado canto a la paz y por otro, a las pérdidas esenciales. La principal: la pérdida de la escolarización a causa del conflicto», señala. Y así habla de ese conflicto en el Norte de su país, de su pueblo, Kidal, de la definitiva extensión a todo el territorio, países vecinos, la inacción francesa como uno de sus caballos de batalla.

 

Ahmed Ag Kaedy es un tipo serio, fuma, y desde su altura parece tener la vista en algún horizonte, que incluso busca desde las calles de León. Su éxito, por cierto, es hacer música y criar a sus hijos y ahuyentar la extensión del conflicto. Por eso, cuando se le dice que hasta los Rolling Stones, y otros grandes músicos americanos, han puesto sus ojos en ese blues del desierto, que es una voz triste y desarraigada, casi pasa por alto lo que para otros sería un socorrido lujo: «El músico quiere hablar. La propia música quiere llegar lejos, y transmite ese sufrimiento. Luego se puede llamar rock o blues, pero se trata de transmitir. Yo hago música abierta, como el viento», relata, acerca de esa conexión con sus satánicas majestades y compañía.

 

Ag Kaedy mantiene las referencias más arraigadas de la música africana, y la modernización tal vez se limite a la cuestión instrumental de esa guitarra que cayó en sus manos de una forma curiosa. «Un profesor mio llegó con una cassette de Mark Knofler. Yo entonces no había visto una guitarra cuando escuché su música. Alrededor de su universo creativo sí que sobrevuelan los que ya son estrellas de la guitarra tuareg y que suenan en festivales europeos con gran difusión.

 

Con el público europeo, Ag Kaedy prefiere compartir una comunicación casi mística. «Cuando actúo en países como España noto gran respeto por lo que hago. Mi relación con el público es de gran respeto. Siento gran capacidad de atención. Cuando siento que se produce esa transmisión de mi música me dan ganas de llorar. Tengo ese sentimiento», dice.

 

Hoy, al finalizar el concierto habrá un momento de encuentro con el público. Para el artista también es muy importante transmitir lo que pasa en su país.

 

«La situación en Mali es muy grave», adelanta Ahmed Ag Kaedy, quien ha sufrido en sus propias carnes el ataque yihadista que quemó su casa en Kidal, al Norte del país, uno de los epicentros de un conflicto que va a más, implicando y extendiéndose a otros grupos, donde separatistas, tuareg y yihadistas son el nudo de un conflicto que se desborda sin remedio. «Todo el mundo está armado y la violencia se ha desatado», advierte.

 

Bamako, la capital, es casi tan destino como refugio ante esta situación, que hace que las zonas en conflicto se vean desabastecidas de servicios básicos, de escuelas, dispensarios médicos.

 

Ante esta situación, Ag Kaedy afirma que el diagnóstico es sombrío: «La población pide que se vaya Francia. Los franceses vinieron en 2013 para detener el avance yihadista a Bamako. No hicieron más. Muchas veces atacan al lado de los soldados de Naciones Unidas y como no les atacan a ellos no hacen nada. Todo el mundo, intelectuales y ciudadanos quieren que se vayan», afirma, dejando claro que hay intereses en los recursos naturales que siempre serán codiciados por las grandes potencias.

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