viernes. 07.10.2022
Entrevista | Imanol Arias

«La obra me habla de cómo va uno hacia su final»

El actor leonés desembarca en el Auditorio este viernes con la obra ‘El coronel no tiene quien le escriba’
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Imanol Arias convertido en el coronel de la novela de García Márquez. OKAPI PRODUCCIONES

La obra El Coronel no tiene quien le escriba llega al Auditorio Ciudad de León el viernes, en adaptación de Natalio Grueso. Imanol Arias explica los pormenores de su personaje y su profundo respeto por la obra del Nobel colombiano Gabriel García Márquez.

—¿Qué significa para usted el personaje del coronel?

—El coronel ha coincidido en un momento de mi vida en que, sin saberlo, necesitaba mucho del teatro y no era consciente. Estaba entretenido con las películas, con la televisión, con los personajes, 20 años viajando de un lado a otro y no me daba cuenta de que había una angustia en mi vida. Luego, aunque la obra no se pensó para mí, me encuentro con que, no solamente el teatro me da eso que yo buscaba, sino que me pilla en una edad en que me habla de cosas que yo vivo ahora. Me habla de cómo se acaba la vida, de cómo va uno hacia su final. Aquí se ha conseguido hacer un texto teatral sin acción sobre la palabra y el amor, que a los actores nos mete en un mundo casi como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, pero en Colombia, con mucho calor, pasado y abandono, pero también con mucho amor.

—¿Cómo logra conectarse con el sentimiento del coronel de estar esperando su pensión por más de 15 años?

—La novela es muy corta y contundente. Gabo explica un poco de lo que le pasaba en París cuando la escribe, pero hay algo muy extraño y que luego investigué, que es la Guerra de los Mil Días, que es un caso curiosísimo. Los que ganaron no gobernaban y todo ese mundo de crisis y de abandono tiene mucho que ver con lo que es Colombia. Colombia es como cuatro veces más grande que España, es un territorio enorme. La gente que no conoce Colombia no sabe que hay cuatro países ahí metidos. Por lo visto su abuelo, el coronel, vivió en el Atlántico, en una zona con un río inmenso, llena de humedad, mosquitos y un calor de muerte. Todo este juego del espacio tiempo, lanza al Coronel a un rincón, que ni siquiera es Macondo, sino más lejos todavía, y hace de ese rincón una historia que se reproduce en Madrid, Córdoba, Sevilla, Bogotá. Se trata de la tercera edad, que no tiene espacio ni tiempo ni geografía.

—¿Considera ‘El coronel no tiene quien le escriba’ una obra universal?

—Lo es, porque es la primera obra de potencia del lenguaje de Gabo. Socialmente, nuestra posición frente a los mayores ha ido debilitándose frente a otras cosas: protegemos mucho a los niños y hay un abandono de la tercera edad. Hay una parte, entre la confusión con las jubilaciones y la precariedad de las jubilaciones, en que hubo un no querer mirar. Incluso en España, hasta hace unos años, a no ser que fueses de una clase pudiente, el hecho de mandar a alguien a un geriátrico era una costumbre social. Pero eso no solamente ha pasado en España, sino que curiosamente ha pasado en todo el mundo.

—¿Qué significa el gallo para usted?

—Leí que el gallo tiene que ver mucho con Colombia, el gallo representa a la República. Hay que cuidar a la República y eso significa cuidar el bien común, así sea dándole nuestras tripas. Otro tema es Agustín, su hijo. Dice el coronel sobre el gallo: «No podemos venderlo por la memoria de Agustín ¿Te imaginas la cara que hubiera puesto Agustín cuando viniera a decirnos que había ganado el gallo?». La sensación de felicidad del hijo lo es todo. Incluso al doctor, el coronel le quiere regalar el gallo y el doctor le dice que no, que si es por falta de dinero él mismo le ayudaba a alimentarlo. El Coronel responde: «Me lo voy a pensar, pero que conste que lo hago por la memoria de mi hijo Agustín». Todo se trata de eso, los mayores viven de esos recuerdos.

—Imanol, ya en cuanto a la producción, ¿cómo ha sido trabajar bajo la dirección de Carlos Saura?

—Mis circunstancias fueron raras porque yo sustituí a un actor, Juan Diego, que sufrió una indisposición. Me llamaron a mí y, como Juan es prácticamente mi maestro, me provocó un deseo de sacar todo esto adelante. En ese momento, Carlos estaba en México haciendo una película y, por lo tanto, tuve mi primera visión de la obra con Juan y luego tres videoconferencias con Saura. Él es muy libre con los actores. En la articulación del trabajo se mete muy poco. . Aquí, el asunto, es que el montaje que ha hecho es muy minimalista, casi parece Dogville. Al principio incluso había unas líneas blancas que separaban las paredes.

—¿Y cuáles fueron esos tintes personales que le imprimió al personaje del coronel?

—El coronel tiene una enfermedad en la novela y yo me volví loco con eso. Entonces trabajaba médicamente al personaje: si tiene animales en las tripas, tiene un cáncer de estómago. Pero, además, cuando tienes una úlcera sangrante y eres mayor, hay una especie de ansiedad o desequilibrio que te dispara otros males. Entonces empecé como un loco con los vómitos, el eructo y la mano temblando. Fabián Vena, un gran actor argentino y amigo, cuando vio el espectáculo me dijo: «Es tan bonito verte en el teatro otra vez, pero párate ya con el estudio clínico del coronel porque, entre el asma y lo demás, estuve a punto de llamar a un médico». Antes de estrenar, me fui a México para los Premios Platino y tenía una duda tremenda sobre cómo anda el coronel. Estando allí, se empató conmigo Edward Olmos, quien me dijo que creía que en una página del libro, Gabo describía cómo es que camina el Coronel. Tomo el libro y, en la página 27, efectivamente lo decía: «El coronel vuelve para casa caminando, andando como un hombre que recorre el camino desandado, buscando una moneda que ha perdido».

—Qué mensaje le deja esta obra de García Márquez?

—Lo más importante en la vida es el amor que tienes por las cosas. El amor por estar vivo, por las personas que te acompañan y por las pequeñas cosas que suplen la carencia. El coronel decide vivir la vida día a día porque espera. No tiene ningún miedo, pero los días se hacen eternos porque es una espera vacía. La espera de la nada.

—En cuanto al covid, ¿qué retos ha supuesto la pandemia en la organización?

—Si es aficionado al teatro, ya sabe lo que se va a encontrar. Si no lo es, va a encontrarse con un espacio mágico. Si el teatro ya era toda una ceremonia, ahora con las medidas contra el covid , se van a sentir todavía más en una ceremonia. Además, es una obra muy interesante para leer y para ver en estos tiempos. Tenemos mucho público mayor y, a lo mejor, al ver la obra se pueden sentir reconfortados y decir: «El problema no soy yo. No estoy solo».

«La obra me habla de cómo va uno hacia su final»
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